A voltas cos caracois de Xulio Camba

Un amigo e lector que vai de tímido pola vida e non quere aparecer nos comentarios, escríbeme sobre o post do 24 de novembro no que me manifesto en desacordo sobre o dito por Bourdain en San Sebastián.

E escribe para disentir das miñas afirmacións respecto do que Julio Camba afirmaba sobre o primeiro comedor de caracois e para dar forza ao seu argumento reproduce o que di o escritor arousán en La casa de Lúculo: “El primer francés que se comió un caracol no era, ciertamente, un epicúreo, sino un hambriento“.

Ten razón o meu amigo e como a ten teño que darlla, non vou ser menos eu que o alcalde de Villar del Río, maxistralmente interpretado por José Isbert na película de Berlanga. Ten razón en que Camba escribiú eso na súa obra máis coñecida entre os afeccionados á gastronomía, publicada en 1929, pero…

Sempre hai un pero…

Julio Camba, como é habitual nos seres humanos, foi mudando de opinión co paso do tempo e da experiencia e así dezaseis anos despois de negar que o primeiro comedor de caracois fose un epicúreo publicou Etc., etc un libro de artigos que contén un titulado “Los huevos del pingüino” no que di: “Hay quien cree que al hombre no se le hubiese ocurrido jamás comer ranas ni caracoles si la necesidad no le hubiese obligado a ello, pero ésta es una concepción demasiado materialista de la historia culinaria. Yo sospecho, por el contrario, que el primer devorador de ranas fue un señor que, harto de pollo, quiso romper con una aportación de gran fantasía la monotonía de su régimen alimenticio, y lo que digo del primer devorador de batracios podría decirlo también del primer ‘degustador’ de gasterópodos. En cuanto al primero que tuvo la idea de poner sus perdices o sus becadas al sereno para tomarlas tan solo cuando estuvieses en plena putrefacción, ocioso es observar que el hambre no le apuraba mucho, porque si le hubiese apurado, se las habría zampado enseguida“.

E segue Camba afirmando que “La necesidad nos ha hecho comer cosas muy extrañas, no cabe duda, pero sería un error el creer que todas las grandes innovaciones gastronómicas se le deben al hambre” para máis tarde afirmar que “En general, el hambriento nunca sueña con cosas raras ni exquisitas, sino con enormes platos de cocido, con gigantescas piernas de carnero y con descomunales costillares de ternera y, en vez de inventar, reinventa“.

En definitiva, o que eu decía no meu post. Porque teño a manía de escribir con fundamento e non de oídas.

Deixa unha resposta

O teu enderezo electrónico non se publicará Os campos obrigatorios están marcados con *