Benvidos

Desde finales de la década de los ochenta mis visitas a Santiago de Compostela se fueron incrementando progresivamente hasta que a finales de 1994 me establecí en la comarca… y hasta hoy.

En ese tiempo Compostela cambió de forma radical, muy especialmente en lo que se refiere al mundo de la gastronomía.

En los comienzos de la década de los 90 Toñi Vicente, y Marcelo Tejedor hacia el final de la misma, revolucionaron el mundo de los restaurantes y la cocina compostelana, que hasta entonces solo miraba hacia la tradición. El ejemplo de ambos sirvió para que hoy en Compostela podamos seguir encontrando una cocina tradicional de primera compartiendo espacio con la innovación más rabiosa y multitud de cocineros que, sin apartarse de una tradición volcada en el producto, están  consiguiendo que la cocina de siempre evolucione y se adapte a los tiempos actuales. No se engañen, sigue habiendo mucho restaurante para turistas.

Otra revolución llegó a las barras de la ciudad, que las hay en gran número. A comienzos de los noventa Santiago era feudo del vino de barril, revuelto, ácido, muy ácido en los análisis de laboratorio, pero extrañamente dulzón en boca. ¡Quien sabe cuanta ingeniería había en aquel producto y cual era su procedencia!. Lamentablemente, aquel pésimo brebaje acabó, o casi, con la peculiar costumbre gallega de beber el vino en taza de loza (cunca), tradición que deberíamos recuperar identificando un vino gallego, que seguro lo hay, que se adapte adecuadamente a este gusto ancestral. Hoy quedan en Santiago unas pocas tascas que siguen sirviendo tazas, pero con excepción de la popularísima Gato Negro, casi todas ellas se encuentran en lugares apartados u ocultos, como reservadas para el viejo compostelano que se resiste a ver morir una costumbre heredada de sus padres.

La puesta en peligro de extinción de las tazas compostelanas tuvo, sin embargo, un efecto muy positivo para el cliente: hoy en Compostela se chatea mayoritariamente con vinos amparados por una denominación de origen. Es un paso adelante fenomenal, pero todavía no hemos llegado a un punto óptimo, ya que impera en la ciudad, como en buena parte de Galicia, una riojitis más rancia que el unto. Se acoda en nuestra barras mucho moderno enterado, que aún no se ha enterado de que hace mucho, mucho tiempo, que Rioja no produce los mejores vinos de España y que en España y Galicia hay muchos vinos que igualan o mejoran a los de aquella zona.

A pesar de estos efectos colaterales, la revolución en las barras compostelanas se inició en la década de los noventa. Fue por entonces cuando abrieron dos locales entonces revolucionarios: O Beiro (Rúa da Raíña, 3) y La Bodeguilla de San Roque (Praza de San Roque 13), que trajeron a Santiago, y tal vez a Galicia, el concepto que luego se bautizaría con el nombre de “vinoteca”.

A La Bodeguilla de San Roque le nación después una hermana (La Bodeguilla de San Lázaro, Rúa de San Lázaro 104) y a ambas les nació recientemente un retoño en forma de blog. De su existencia me entero leyendo Capítulo 0 y minutos más tarde encuentro su rastro en las estadísticas de Colineta. Bienvenidos

5 thoughts on “Benvidos

  • 07 de Abril de 2009 at 11:08 11Tue, 07 Apr 2009 11:08:06 +000006.
    Permalink

    Pues a mi no me entra nostalgia alguna de la cunca y del vino que la acompaño, ni de las motivaciones por las que el peor recipiente posible era utilizado para el peor vino posible (“vino turbio” que denominan los turistas a lo que algunos llamamos con sorna “zumo de piña” cuando lo pediamos por las tascas compostelanas de los primeros años 90)

    De hecho, mi deseo es que se produzca por fin el paso adelante que nunca se termina de dar en este aspecto y que desparezcan de modo definitivo estos recipientes de la hosteleria local.

    Y por acabar, coincido con Rosa en que si algún refrente existe hoy en Compostela del concepto conocido como Vinoteca ese es “A Viña de Xavi”, sublimación del camino que en su día abrio con enorme esfuerzo Pepe Beiro en su local…

    Reply
  • 07 de Abril de 2009 at 11:23 11Tue, 07 Apr 2009 11:23:26 +000026.
    Permalink

    Rosa, José Luis, sin duda A Viña de Xavi es hoy uno referente fundamental entre las vinotecas compostelanas, pero O Beiro y La Bodeguilla son el inicio de todo, como digo en mi post.
    Respecto a las cuncas, no estoy para nada de acuerdo contigo, José Luis. No creo que debamos renunciar a una vieja costumbre gallega para acabar todos uniformados. Con lo que tenemos que acabar es con ese “zumo de piña” como tu, muy acertadamente llamas, e identificar otro tipo de vino que permita mantener una vieja costumbre sin menoscabo de la calidad.

    Reply
  • 07 de Abril de 2009 at 11:54 11Tue, 07 Apr 2009 11:54:34 +000034.
    Permalink

    De acuerdo, pero convendras conmigo en que un recipiente blanco, de boca anchisima, sin peana por la que cogerlo para no calentar el vino y opaco es lo peor de este mundo para catar en condiciones un buen vino ¿no?

    Otra cosa es el hecho “enxebre” de hacer las cosas como antaño y talycualpascual…

    Reply
  • 07 de Abril de 2009 at 12:32 12Tue, 07 Apr 2009 12:32:09 +000009.
    Permalink

    Cierto, José Luis, pero verás que en todo momento yo hablo de buscar un vino que se adapte al recipiente. Nunca se me ocurriría proponer que mandemos a paseo las copas de cristal y bebamos nuestros mejores vinos en cunca.

    Reply

Deixa unha resposta

O teu enderezo electrónico non se publicará Os campos obrigatorios están marcados con *