Quemar las naves

El cesante, como se decía en tiempos pasados, me refiero al Presidente cesante de la Xunta de Galicia, Emilio Pérez Touriño, dijo un día que a él no lo iban a pillar en un restaurante gallego «de lujo». Habría que definir qué entiende cada uno por «lujo» y no me valle el recurso del diccionario porque el de la Real Academia Gallega da, como segunda acepción, «Calidad de lo que es caro, normalmente de buena calidad o con características especiales».

No me vale la definición de la Academia porque me parece que confunde «caro» y «costoso». Para mí es caro aquello que cuesta más de lo que vale, sea alto o bajo su precio. Y costoso es lo que vale mucho dinero, pero a un precio justo. Aclaremos las cosas: unos percebes del Roncudo pueden resultar costosos. Unos marroquíes, al mismo precio, son caros, carísimos.

El cesante tendría sus razones para decir lo que dijo, pero igual debió quedar calladito, que la gastronomía en Galicia es un pilar importante del sector turístico, que aporta muchos cuartos a nuestra economía y, vía impuestos, que no son pocos, a nuestras cuentas públicas.

De los gustos culinarios del entrante, es decir, Alberto Núñez Feijoo, próximo presidente de la Xunta de Galicia, sabemos, porque él mismo lo declaró, que le gustan las sardinas y los huevos fritos. ¡Como a todo el mundo! A quien quiera que uno le pregunte por sus platos favoritos los huevos fritos siempre estarán en la respuesta. No parecen costosos los gustos de Núñez Feijoo, y aficionado, como dice ser, a las sardinas, no me extrañaría verlo próximamente por Ácio y Casa Marcelo, que en los dos sitios preparan las sardinas morrocotudamente y además están muy próximas a la residencia del Presidente, en Monte Pío.

  • Iago, unas sardinas de San Xoán
  • Marchando, señor Presidente.

Nos queda ahora por saber qué modelo de promoción turística y gastronómica va a emprender el nuevo gobierno de la Xunta de Galicia. De lo primero, del turismo, ya sabemos que Feijoo encargó al Consello da Cultura Galega que le dé una pensada a los contenidos del próximo Xacobeo, que cae el año que viene, pero de lo segundo, de la gastronomía, por el momento no hay pistas.

Hay un camino, fácil, que es continuar haciendo lo mismo de siempre, mirándonos al ombligo y dejando que los de toda la vida continúen manejando los hilos y dilapidando los dineros en actuaciones inútiles pero provechosas para unos pocos. Es el camino fácil, pero a Galicia no le sirve de nada.

Hay otra vía: la de la imaginación, la innovación y el trabajo a través de equipos donde cada uno da lo mejor de sí con el objetivo de conseguir en conjunto lo mejor para el país, que se traduce en progreso interno y proyección exterior. Un trabajo en el que todos cuentan y todos pueden aportar su grano de arena para el bien común. Tenemos que conseguir que nuestras materias primas se transformen en Galicia. Y eso en el mundo de la gastronomía pasa por conseguir que cada vez más la gente venga a Galicia no solo a comer montones de marisco de importación sino también los mejores productos de nuestro mar y de nuestra tierra, que no están, como dicen algunos, en Mercamadrid. Allí a lo mejor solo están los más caros. Claro que para tomar esta vía igual hay que romper algunas ataduras del pasado, quien sabe si incluso quemar alguna nave, pero si lo hizo Hernán Cortés, que no era más que un aventurero, ¿porque no lo va a hacer el próximo presidente de la Xunta, reputado gestor?

2 comentarios sobre “Quemar las naves

  • el 31 de marzo de 2009 a las 09:22 09Tue, 31 Mar 2009 09:22:26 +000026.
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    e se o entrante quere ovos no Garum hai unha tapa de ovo a baixa temperatura que esta morrocotuda

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