Rosquillas de Amparo

RosquillasCada Antroido (Carnaval), en casa de mis abuelos, en Ferreira do Valadouro, y en la casa de Amparo, en Tras dos Ríos, había  algo que en mi casa no se cocinaba: rosquillas. Las rosquillas que Amparo, viuda de mi tío Fernando, cocinaba en su casa y en la de los abuelos. Y a las dos iba yo siempre a probar el manjar.

Los abuelos y Amparo ya no están, pero la tradición de las rosquillas sigue en la casa de las primas, así que alguna vez he ido a comerlas allí, pero como esta vez no podía ser, que paso el Antroido en Girona, en el Forum Gastronómico, aproveché que mi hijo tenía que llevar alguna golosina de la época para la fiesta del colegio y eché mano de la harina.

Para estas rosquillas hay que preparar una masa igual que la de las orellas. «Pero más dura», me dijo Amparo el día que le pedí la receta.

Así que amasé harina, huevos, ralladura de limón, una cucharadita de royal y un chorrito de anís. Y después encima del granito de la encimera seguí amasando y añadiendo harina hasta que conseguí una masa más compacta que la de las orejas.

Después de reposar durante una hora aproximadamente hice pequeñas bolas de masa, del tamaño de una nuez pequeña, y estiré cada una de ellas entre las manos, haciendo un rollito de masa de un diámetro inferior al del dedo meñique con el que formar las rosquillas.

A continuación a la sartén, friéndolas en aceite de girasol bien calilente hasta que estaban doradas.

Fritas todas las rosquillas, puse en una cazuela azúcar, un poco (poco) de agua y un poco de anís. Y al fuego. Se deja cocer unos minutos y a continuación, con una pizca de fuego debajo de la cazuela para que no enfríe el almíbar, se pasan las rosquillas por él y se van poniendo en una fuente por capas, no sin antes echarles por encima algo de azúcar, según el gusto de cada uno.

Pasadas dos o tres horas la parte superior de las rosquillas, la que recibió el azúcar, estará seca, momento en el que se pasan a otra fuente dándoles la vuellta para descubrir que la parte de abajo aún está húmeda a causa del almíbar. Se vuelve a echar azúcar y se deja otras dos o tres horas. O hasta el día siguiente, que fue cuando hice la foto que acompaña al post.

Comiendo la primera me acordé de mi padre y mi abuela materna, de los que aprendí que el Antroido es un estado de ánimo y no un baile de máscaras. Lo importante en estas fechas es lo que se lleva por dentro. Por fuera vale cualquier cosa

Un comentario en “Rosquillas de Amparo

  • el 23 de febrero de 2009 a las 20:43 08Mon, 23 Feb 2009 20:43:24 +000024.
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    Aquelo era o autentico espiritu do Antroido.Quedan as lembranzas. Un ano de estos, xuntamonos e liamola. Unha aperta.

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