Cosas sencillas: sopa de maíz

De un tiempo a esta parte existe una cocina que es cuestión solo de iniciados, tanto desde el punto de la elaboración como del consumo.

La inmensa mayoría de los consumidores continúa sin poner los pies en un restaurante de alta cocina, a veces llevado solo por los precios que les pueden parecer excesivos, pero creo que en la mayor parte de los casos esta realidad responde al nulo interés que tienen esas gentes por probar ciertas cosas que ven en los telediarios durante la celebración de los grandes congresos gastronómicos y por las que identifican el conjunto de la alta cocina como el trabajo de una gente que parece levitar varios centímetros sobre el suelo. ¡A quien se le ocurre separar los componentes de una tortilla cuando juntitos están riquísimos! exclama más de uno.

Lo cierto es que la gente que anda por la calle, posiblemente muchos de los lectores de Colineta también, identifican comida y cocina con la tradicional y las nuevas cocinas, creativas, tecnoostias o como queramos llamarles, como la golosina de un día especial. Claro que después todos descubrimos que esas golosinas están, por lo general, muy ricas, y que no toda la cocina actual, creativa, es fruto de un complicadísimo trabajo de conjunción de ingredientes y alquimia. La complicación está, a veces, en cómo llegar a la sencillez sin renunciar para nada al sabor y sensaciones placenteras del buen comer.

Algunos de los platos más reputados de la cocina tradicional gallega y española, con décadas o siglos a sus espaldas, son un auténtico ejercicio de sencillez: el pulpo á feira (un ingrediente y tres condimentos), el caldo gallego, la tortilla de patata, las sopas de ajo, la porrusalda, la empanada, incluso el cocido son platos sencillos que gustan la todo el mundo y que ya tienen un lugar de privilegio en la historia de la cocina. Solo el tiempo permitirá ver el poso que dejan algunas preparaciones actuales.

Viene todo esto a cuento de que ayer para la cena preparé un plato sencillo pero absolutamente delicioso y sorprendente: la sopa de maíz que nos enseñó Marcelo en su taller de Santiago Repetirás. Ya había probado yo esta sopa con anterioridad, la última vez en la cena de inauguración del Forum Gastronómico de Santiago, hace casi un año, y me pareció genial, pero una vez vista su preparación comprendí que la genialidad está en la capacidad de un cocinero de sacar un plato delicioso de unos pocos ingredientes. ¡Y además uno de lata!.

La sopa es bien sencilla. Comienza con la preparación un buen caldo de pollo, empleando para él unas carcasas frescas, que se encuentran casi en cualquiera sitio ahora que el pollo se vende en gran medida despiezado, las pechugas por un lado, los zancos por otro… ¡Elaborar el caldo es el proceso más complejo y largo de la elaboración!.

Así que ya tenemos un bueno caldito y pasamos a preparar la sopa. En un cazuela se pone un poco de cebolla en trozos y un diente de ajo, con algo de aceite de oliva y se deja pochar. A continuación se añade el maíz dulce, el caldo de pollo y sal y se cuece unos minutos. No necesita mucho tiempo porque el maíz ya viene precocido.

De inmediato se tritura con la minipimer y se pasa por un colador fino. La sopa está lista para servir. Marcelo le pone una vieira o unas zamburiñas, Delokos le puso hace unos días unos colines de polenta y en mi casa ayer echaron de menos unos huevitos de codorniz.

Media cebolla bastante pequeña, un diente de ajo y 400 gramos de maíz dulce congelado (no medí la cantidad de caldo) dieron para tres buenos platos de sopa.

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