El infortunado jabalí

© Colineta, 18-11-2008.- «Amigos, hay que hacer algo con urgencia porque estamos todos en peligro», anunció la papuxa, que al ser un ser alado tiene más facilidades para moverse de aquí para allá, y al ser pequeña puede escuchar cualquier conversación ajena sin que los demás se enteren. En el souto se habían juntado con la papuxa la liebre, el jabalí, el corzo y la perdiz. El conejo mandó aviso para que disculparan su ausencia.

«¿Y luego cuál es el problema tan grave que nos pone en peligro?», preguntó la liebre, dispuesta a emprender la carrera al primer olor a hombre o a perro.

«El peligro son los blogastrónomos, que ya tienen encargada la caza para la xantanza en As Nogais«, respondió la papuxa.

«Seguro que quieren jabalí«, dijo el xabaril, añadiendo un «hay que hacer algo de inmediato» mientras comenzaba una carrera que lo iba a llevar muy lejos. El jabalí era el más valiente de los presentes en aquella reunión, pero una cosa es la valentía y otra correr un riesgo innecesario. Y mientras cruzaba a la carrera soutos y fragas, atravesaba caminos y balados, pensaba el jabalí en la suerte que sería encontrare por allí a Fiz de Cotobelo, el ánima creada por Wenceslao Fernández Flórez en el su «Bosque animado», que bien le podría explicar la manera de llegar hasta La Habana, a donde Fiz había sido una vez en compaña de la Santa Compaña, y valga de nuevo la redundancia, que en cuatro párrafos ya van dos.

No paró el jabalí de correr hasta que llegó al mar. «Estoy salvado«, pensó, imaginando que La Habana lo aguardaba al otro lado de aquel enorme charco que se presentaba ante sus ojos. Y sin pensarlo dos veces volvió a demostrar su valentía echándose al agua y comenzando a nadar con todas sus fuerzas.

«Es un jabalí» escuchó de pronto, y al volver la mirada pudo ver cómo se le acercaba una pequeña embarcación desde la que le tiraban una cuerda.

«Rediola -pensó- ya me cogieron estos lambones». Y prefirió ahogarse antes de entregarse a los que él pensó eran los blogastrónomos cuando en realidad no eran más que unos navegantes, ignorantes de sus intenciones, que pretendía devolverlo a tierra.

Murió sin saber que cuándo él echó a correr el jabalí que iban a comer los blogastrónomos ya estaba en la olla.

Y no es cuento

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