Carnes picadas

De Colineta

Albóndigas, hamburguesas, filetes rusos, boloñesa, shish kebab, mousaka, canelones, lasaña, picadillo… son muchos los platos que elaboramos en nuestras casas partiendo de la carne picada, un producto que los consumidores no siempre cuidamos todo lo que deberíamos.

Lo primero que debemos pensar es que la carne picada tiene una superficie expuesta al aire, y a la contaminación por todo tipo de gérmenes, inmensamente mayor que la misma cantidad de carne en una sola pieza, o cortada en bistés. Cuanto más troceada o más picada, mayor será la superficie expuesta.

Así que cuando voy a comprar carne picada procuro siempre hacerlo a primera hora de la mañana y siempre pido que me piquen la carne que yo elijo en vez de comprar la que ya tienen picada.

Primero porque de esta manera sé lo que llevo a casa. Su frescura y la presencia o no de grasa. En la ya picada solo me queda fiarme de lo que diga el carnicero.

Segundo por lo ya dicho de la exposición a todo tipo de contaminación.

Claro que la contaminación bacteriana que quiero evitar con la carne ya picada puedo llevarla igualmente a causa de la máquina de picar, que está a temperatura ambiente con los restos del picado anterior. Por ese motivo es bueno comprarla nada más abrir el establecimiento, cuando la picadora aún está limpia.

Otra posibilidad de comprar carne picada está en las estanterías de precortados de casi todos los supermercados, donde podemos encontrar picada de vacuno, de cerdo, mezcladas, hamburguesas ya preparadas de ambas carnes o de pollo…

– Cuente ya lo de la etiqueta y dejese de marear.

– Ya va, no se me impaciente, Petisuis.

Lo que pretende este Pepito Grillo mío es que les recomiende leer con calma la etiqueta de estas “carnes” picadas de origen industrial ya embaladas. Se encontrarán con la sorpresa de que en la etiqueta no dice “carne”, sino “preparado cárnico”. Siguiendo una máxima ya clásica podemos decir que el “preparado cárnico” es a la “carne” lo mismo que los “preparados lácteos” a la “leche” o la “música militar” a la “música”.

Estos “preparados cárnicos”, que llevan en la etiqueta el sobrenombre de “burguer meta”, declaran entre el 75 y el 90 por ciento de carne. El resto son cereales, proteínas lácteas o de origen vegetal, aditivos, etc. Supongo que en ese 75-90% de carne incluyen la parte correspondiente de grasa. Ayer tuve en mis manos el folleto de un supermercado con una oferta de carne picada: ¡solo un 10% de grasa!, anunciaba.

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