Papanduxas

Ahora, en otoño, los caminos de Galicia se llenan de manzanas caídas de los árboles próximos y que sus propietarios no se encargan de cuidar ni de recoger la fruta. Pasa, y mucho, en esta valle de la Amaía donde vivo y que en otro tiempo fue huerta y frutería de Compostela. Ahora es hervidero de urbanizaciones y chaléts. La huerta y la fruta vinieron mucho a menos en las últimas décadas, y los habitantes de las zonas altas del ayuntamiento de Brión le echan la culpa a los humos que llegan de las chimeneas de la térmica de Cerceda, cosa que me hace recordar los aires que en O Valadouro queman las cosechas. Allí son aires que llegan de la parte de As Pontes, donde humea otra térmica. Supongo que se trata de lluvias ácidas en un caso y en el otro, pero no es más que una suposición.

Así que como por los caminos hay manzanas yo salgo a buscar unas pocas, amparado por la costumbre gallega de que “la fruta en el camino es del vecino”. Se trata de manzanas con gusano, que ya dije que los propietarios raramente les prestan atención a esos pocos manzanos que quedaron en el borde de una finca. Manzanas, en definitiva, más próximas a la agricultura ecológica que a otra cosa.

Acostumbran a ser feas, pequeñas y ruines de aspecto. Pero sabrosas, muy sabrosas, que maduraron en el árbol y por tal motivo cayeron del mismo. Este hecho hace que no se guarden mucho, principalmente a csusa de los golpes.

Pero son estupendas para hacer dulce de manzana, que siempre me recuerda la casa de mís abuelos por vía paterna, donde había muchas manzanas y se hacían grandes cazuelas de dulce. Jorge Víctor Sueiro ponía un trozo de membrillo entre dos de queso, lo rebozaba y lo freía. Yo tengo en el frigorífico dulce de manzana, así que probaré la receta de Sueiro, natural de este valle de la Amaía, y ya contaré.

Las manzanas de Brión también las empleo, en compaña de unas moras de las zarzas de Brión para hacer una jalea de moras que me hace recordar a mi abuela por línea materna, que durante muchos años a finales del verano tenía siempre para merendar de esa jalea, con la que la agasajaba una madrileña que veraneaba en una casa próxima a la suya de la Lavandeira, en Ferreira do Valadouro.

Y resultan exquisitas las manzanas hechas en el horno, con el añadido de un poco de azúcar y un chorrito de aguardiente. Es un plato viejo en la cocina gallega, especialmente en la cocina campesina, que aprovechaba el día de cocer el pan para meter en el horno después unas manzanas que, con los aromas dejados por el pan, dicen que eran gloria pura. Yo tengo que conformarme hoy con las manzanas asadas en el horno eléctrico, pero cualquier día de estos prendo el de leña, traído de Portugal, que tengo en el jardín. Y primero haré pan y después unas papanduxas.

Porque ese es el nombre, papanduxas, que tienen las manzanas asadas en Galicia. Y sabiendo cómo se llaman parece que me saben mejor.

Un comentario en “Papanduxas

  • el 05 de octubre de 2008 a las 19:03 07Sun, 05 Oct 2008 19:03:32 +000032.
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    A meu pai sempre lle escoitei dicir papanduxos, co xénero masculino. A eles teño asociadas dúas memorias de cousas que me contou: que unha vez se queimou ao sacar unha bandexa deles do forno para evitar que caeran, e que a súa avoa sempre dicía ao comelos: «Vale máis unha boa enchenta ca sete lambuscos»

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