Aceitunas picantes

Será roñoso, tres aceritunas para acompañar una caña de cerveza, dije aquel día de finales de 1976 en que unos amigos me llevaron a uno de los locales más curiosos de aquel tiempo en Madrid, una taberna en la que el tiempo se había detenido muchas décadas antes excepto para ir deteriorando la madera que componía la práctica totalidad del interior del lugar.

Ya veremos si las acabas, contestó uno de mis amigos. Pues resulta que la labor no fue fácil, porque aquellas aceitunas picaban una auténtica barbaridad.

Pienso que el local se llamaba “Los Pepinillos” y estaba situado o en la calle Fuencarral o en Hortaleza, más o menos a la altura de la plaza de Chueca. Pero lo mismo que no estoy seguro del nombre ni del emplazamiento, tampoco sería capaz de asegurar que fuera completamente cierta la pintura que hoy haría, de memoria, de un local que desapareció poco tiempo después porque el edificio estaba en ruinas, casi como el local, y fue derribado para construir un edificio nuevo. Lo que nunca olvidaré es cómo picaban las aceitunas que ponían con la cerveza a los que se atrevían con el picante.

Otras olivas picantes que recuerdo muy bien las compraba en una tienda tradicional, especializada en encurtidos, al lado del mercado de Torrijos, en la madrileña calle de Hermosilla. Aceitunas aliñadas y picantes, aunque mucho menos que las de “Los Pepinillos”, ciertamente deliciosas.

Me vienen a la cabeza aquellas aceitunas picantes porque hoy encontré las de la fotografía, rellenas de jalapeño, en Mercadona. Sencillamente deliciosas para quien le guste el picante ligero, aunque los no aficionados siempre dirán que abrasan. Cuentos.


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