Terra do Xuliana

Rubiós, una parroquia del pontevedrés ayuntamiento de As Neves, es uno de esos “sitios distintos” que se encuentran por el país adelante. Por lo menos en lo que hace referencia a los vinos. Incluida en la denominación de origen Rías Baixas, Rubiós es una pequeña isla de tintos en un inmenso mar de blancos.

La inmensa mayoría de los consumidores de vino saben que los de las Rías Baixas son blancos elaborados con la variedad autóctona “albariño”, cuyo nombre muchas veces suplanta al de la propia denominación de origen.

Algunos de esos aficionados saben además que en zonas del sur de Pontevedra la variedad albariño se complementa con otras como la loureiro, la caíño y la treixadura. O Rosal es la más conocida de estas zonas y, en menor medida, el Condado do Tea. Y en medio del Condado, Rubiós conserva su tradicional producción de tintos, acogidos a la denominación de origen Rías Baixas lo mismo que los albariños.

La vocación de la parroquia por la producción de tintos es aplastante. “Todo lo que se produce en Rubiós es tinto”, asegura Antonio Méndez, presidente y gerente de la bodega Coto Redondo, emplazada en Rubiós y con la misma vocación hacia los tintos que tiene la zona. Alguna cepa blanca se puede ver en medio de las tintas que dominan el paisaje, pero son casos aislados y se emplean únicamente para la producción de blancos para consumo propio. “Al estar entre las tintas no maduran bastante y no cogen el grado necesario de azúcar para la bodega”, dice Méndez.

Siempre tintos

Rubiós siempre produjo tintos caseros que tenían muy buena salida en su contorno, por lo que durante mucho tiempo no fue necesario realizar grandes cambios en el tipo de producción, a pesar de que hace ya tres décadas que algunos viticultores de la zona intentaron modernizarlo. La cosa maduró cuando en 2005 Coto Redondo compra la marca “Señorío de Rubiós”. Fue el momento en el que los naturales de la parroquia reaccionaron formando una cooperativa ciertamente peculiar. Entre los requisitos indispensables para formar parte de ella es ser natural de Rubiós o tener viñedos en la parroquia. Además hay que ser productor de tintos, aunque se aceptan socios que también tengan blancos en otras zonas.

La cooperativa produce uva tinta y fue el germen de la bodega Coto Redondo, constituida bajo la figura jurídica de una sociedad limitada, que consideraron más idónea. La cooperativa que produce la uva ostenta una parte del capital social de la bodega, de la que también son socios, a título personal, los cooperativistas. Finalmente, y con el objetivo de producir blancos y no solo tintos, entraron en el capital de la bodega otros socios que aportan uva blanca y tinta mencía. El requisito en este caso es que la uva destinada a la producción de blancos proceda toda del Condado do Tea.

“La cooperativa produce uva de las variedades sousón, que aquí conocemos como retinto, espadeiro, caíño y pedral, que es una variedad que estamos recuperando desde hace, ya que esa uva solo la tenemos aquí y en el norte de Portugal”, indica Antonio Méndez.

Actualmente la bodega tiene en el mercado cinco marcas de tintos, que corresponden a un vino monovarietal sousón, un condado elaborado con mezcla de sousón, espadeiro, caíño, pedral, mencía, loureira tinta y brancellao, un monovarietal mencía, hecho con uvas de esta variedad procedentes del Condado do Tea y criado en barricas de roble francés, un vino de maceración carbónica que salió al mercado en la cosecha de 2009 y un condado tinto barrica criado doce meses en barrica de roble francés.
“Como sabíamos que los tintos iban a ser difíciles de introducir en el mercado, en el capital de la bodega se dio entrada a socios de fuera de Rubiós para producir blanco”, dice Méndez.

La cooperativa elabora tres blancos: monovarietal albariño, condado blanco (albariño, treixadura, loureira branca, godello y torrontés) y con las mismas variedades un condado blanco criado en barrica roble francés durante ocho meses.

Lo que distingue al condado blanco del resto de blancos de la denominación de origen Rías Baixas es el empleo preferente de la variedad treixadura. Mientras en el Salnés dominan los monovarietales albariños y en O Rosal se mezcla preferentemente albariño con algo de caíño y loureiro, en Rubiós emplean hasta un 80 por ciento de treixadura con un 15 por ciento de albariño y el resto godello y loureiro.

Incluso en los blancos son diferentes los de Rubiós, una isla tinta en un mar de blancos.

El primer premio en la Festa do Albariño concedido a un vino de Rubiós trajo a mi cabeza el reportaje que publiqué en Galicia Gastronómica allá por 2006 o 2007, y que ya no está en la red. Recupero aquí, convenientemente actualizado, aquel reportaje

Botellas

Se acabó el “albariño de la casa”. Por lo menos de manera legal.

El Diario Oficial de Galicia publica hoy la orden por la que se establecen normas sobre las condiciones de utilización de las indicaciones facultativas relativas al año de cosecha y a la variedad o variedades de uva en el etiquetado y presentación de los vinos sin denominación de origen ni indicación geográfica protegida.

Entre otras cosas, a dicha orden establece la prohibición de emplear, en los vinos sin DO o IGP los nombres de las siguientes variedades de uvas:

a) Blancas: albariño, branca de Monterrei, caíño branco, dona branca (dona branca), godello, lado, loureira (loureiro branco, marqués), torrontés y treixadura.

b) Tintas: brancellao, caíño bravo, caíño longo, caíño tinto, espadeiro (torneiro), ferrón, mouratón (Juan García), loureiro tinto, mencía, merenzao (María Ordoña), pedral (dozal) y sousón.

Así pues, ese “albariño de la casa”, incluso el que trae una pequeña etiqueta con el registro sanitario del elaborador pero no la contraetiqueta del consejo regulador de la D.O., será a partir del 28 de julio de 2010 ilegal en Galicia… siempre que fuera elaborado o embotellado aquí.

El problema, ahora, es ver quien le pone el cascabel al gato. Es decir, quien hace que la norma se cumpla y, en caso contrario, aplica el artículo 11 de la orden, que regula el régimen sancionador.

Aprovechando un momento de descanso en el trabajo estaba leyendo en Álvaro Cunqueiro sobre la laguna de Antela, esa laguna que estaba en las tierras de la Limia, en la provincia de Ourense, y que tuvieron que bordear las legiones de Décimo Junio Bruto “el gallego”, para llegar hasta las riberas del Limia donde los legionarios pararon en seco, porque vieron en ese río, que compartimos gallegos y portugueses del norte, el Lethes, el río que les robaría la memoria, impidiéndoles volver a casa. La cabezonería del general romano, que atravesó las aguas y desde la otra orilla comenzó a llamar a los legionarios por su nombre, demostrando que no había perdido la memoria, le abrió las puertas de Galicia a la dominación romana y, en un instante, cambió para siempre nuestra historia.

La laguna de Antela, que ya no existe porque el franquismo quiso desecarla para ganar para Ourense extensión de tierra cerealista y solo consiguió dejarnos sin laguna y sin trigales, la laguna, digo, esconde ese tesoro de la ciudad sumergida de Antioquia, que ahora que ya no hay aguas solo se muestra a los ojos de los que saben mirar con el corazón, da cobijo también a un tropa legendaria; los Caballeros de la Tabla Redonda que, según cuenta a leyenda, aguardan el regreso del rey Arturo convertidos en mosquitos. Tal vez por eso sea la Limia la única zona de Galicia donde siempre fue bien visto capturar ranas y comer sus ancas rebozadas, después de un adobo de ajo.

Decía que estaba leyendo lo que Cunqueiro cuenta sobre la laguna de Antela mientras otra parte de mi cabeza cavilaba sobre el fastuoso espectáculo que tuvo que suponer el estanque de vino del Ulla que hizo construir Felipe el Hermoso en la plaza del Obradorio para celebrar su presencia en Compostela en el año santo de 1507. Leía por un lado y cavilaba por el otro cuando a mi nariz llegó un vívido aroma de vino del Ulla, ese clarete ilegal, hecho con uva catalana, híbrida y por lo tanto prohibida para vinificación, que aún se puede probar en tantas casas de la zona, en algunas tabernas y también en alguno de los puestos de pulpo de la Santa Minia, en Brión.

Tan real era el aroma del vino, ligero, ácido y muy, muy aromático (dicho sea de paso que de su orujo se elabora el aguardiente, este legal, más aromático y sabroso de Galicia) que tuve por un momento que dejar la lectura y las cavilaciones para comprobar de donde venía el aroma a vino. Pero yo estaba solo, no había alrededor mío ninguna botella de vino, ni del Ulla ni de otro origen, del que pudiera proceder el aroma.

El aroma a vino del Ulla seguía allí, como diría Monterroso. Y aún continuó durante unos minutos más.

Las vinotecas parecen un invento reciente en Santiago de Compostela, nacidas a finales del siglo XX unas y en los comienzos del actual otras. Ahí están para dar fe La Bodeguilla de San Roque o O Beiro o la más reciente A Viña de Xabi.

Pero después de leer el último libro de Francisco Singul llego a la conclusión de que la cosa viene de mucho más atrás en el tiempo. Cuenta Singul en Vino y cultura medieval: Galicia y los Caminos de Santiago que en la Edad Media en Compostela se bebían vinos del Ribeiro, de la Ulla, de la Maía o de Betanzos, pero también de Cataluña, Aragón o Baleares e incluso los procedentes de Portugal y Burdeos. Las comunicaciones por vía marítima hacían posible intercambios comerciales con países lejanos.

hasta la Mariña lucense. Se trataba de un producto de alto valor e incluso hubo momentos en que se fomentó la producción de vino en tierras tradicionalmente cerealeras.

Claro que, según Singul, no todo el país podía hablar de la misma abundancia y variedad que se encontraba en Santiago. Los peregrinos que empleaban determinadas rutas, como el Camino Francés, pasaban de una zona rica en vinos (el Bierzo) a otra en el que la bebida más común era ¡la sidra!. Las tierras altas de los Ancares, el Cebreiro y el Caurel no producían vino. Y lo mismo pasaba con los viajeros por el camino Primitivo.

Cuenta también Singul costumbres ya desaparecidas que hoy nos parecen más que pintorescas. Como la de los banquetes fúnebres, ya desaparecidos, pero que aún dejan su poso en esos velatorios rurales, realizados en la casa del difunto, donde se ofrece a los asistentes algo de comer o de beber, café, aguardientes y licores. Se trata de una vieja costumbre que tiene los días contados ante la comodidad que hoy suponen los tanatorios presentes en cualquier pueblo gallego.

De esos banquetes funerarios recuerda el autor el dispuesto en su testamento por el compostelano Juan del Campo, que en 1380 ordena que cada año se celebre en su memoria en el convento de Santo Domingo de Santiago una comida para los frailes que rezan por su alma: media vaca, tres carneros, cuatro tocinos, una octava de trigo y dos odres de vino.

El vino también fue protagonista, en el año santo de 1507, de una curiosa manera de celebrar la visita del rey Felipe I, más conocido cómo Felipe el Hermoso. Hubo festejos populares y en la “recién despejada plaza del Hospital” (digo yo que sería la actual Plaza del Obradorio), se montó para disfrute popular un estanque de vino de la Ulla.

¡Mucho disfruté leyendo este librito de Francisco Singul, que edita la Asociación de Periodistas y Estudiosos del Camino de Santiago!

Entrevista en A Vivir que son dos días Galicia (Cadena SER)

Vendedora de pementosLos primeros pimientos amparados por la denominación de origen protegida Herbón ya están en el mercado, envasados por la cooperativa A Pementeira.

Como escribía Álvaro Cunqueiro hace más de treinta años “Desde hace unos años, aumentó en Galicia el gusto por los pequeños pimientos franciscanos, de Herbón, que ahora os los dan fritos en toda parte, solos cómo ‘tapa’, o guarneciendo carne, o acompañando un cocido“. Cunqueiro, que denomina a estos pimientos como “de Herbón, o de Padrón, o de Santiago, -que es como comúnmente son conocidos en Galicia-” discurre sobre el vino que mejor les va y llega a la conclusión de recomendar un tinto ligero, no sin antes indicar que “Como se vasea generalmente con blanco, la tapa de pimientos va con éste, claro“. Hoy el vaseo se hace tanto con tinto como con blanco, así que el maestro de Mondoñedo estaría hoy satisfecho de ronda por las tascas de Padrón. Reparen que hace poco más de treinta años los pimientos fritos acompañaban al cocido en Galicia, según dice Cunqueiro.

Treinta y tantos años después de que Cunqueiro escribiera lo dicho, los pimientos de Herbón siguen siendo destinados preferentemente a la sartén, aunque algunos cocineros como Marcelo Tejedor los sublimaron al incorporarlos al caldo de pimientos que acompaña su merluza con pilpil de limón, plato elegido como uno de los iconos de la primera década del siglo XXI. Otros, como Pedro Roca, elaboran una salsa picante con los últimos pimientos de Herbón, cuando ya rabian.

Pero este año yo los voy a probar como indica Cunqueiro que le gustan, porque me parece una idea sensata, muy gallega y, sobre todo, muy sabrosa. Dice Cunqueiro: “Estas merendando una pimentada, y en el aceite de freír los pimientos, que ya dije que se les echa sal de la gorda, rebañas con un trozo de patata, y la salsa se le pega a ésta una arena de sal, que viene a la boca, y todo aumenta de sabor, viene a nuestro paladar algo de fondo,y exquisito, que no osas borrarlo con un trago de vino. Son esos ratos ‘chüen’ de los ‘gourmets’ de la vieja China, que Ezra Pound admiraba como algo de indudable poética calidad y camino del éxtasis“.

NOTA: como se aproxima el centenario del maestro Cunqueiro, de vez en cuando traeré a Colineta asuntos relacionados con él y sus textos culinarios.

Hoy es 17 de mayo, Día das Letras Galegas. Hace 147 años se publicaba en la Habana la primera edición de Cantares gallegos, obra de Rosalía de Castro que ya en la primera estrofa habla de las cosas de comer:

Has de cantar,
que che hei de dar zonchos;
has de cantar,
que che hei de dar moitos.

(Zonchos: castañas cocidas con su piel)

La frase va dirigida a una niña gaiteira a la que en la tercera estrofa se le ofrecen boliños do pote, en la cuarta una proia (bolla) de la piedra del hogar, y después sopitas con vino, torrijas con miel, patatas asadas con sal y vinagre. El Rexurdimento gallego comienza con un canto a las cosas del comer y ya la comida, la cocina, los vinos y la gastronomía no se separarían jamás de la literatura gallega. A quien no lo crea lo invito hoy a revisar la categoría “poesía” de este blog para descubrir una selección de poetas gallegos que le cantaron a las cosas de comer. ¡Incluso una Oda al jamón tenemos!.

Pero sin duda es Álvaro Cunqueiro el literato gallego de más honda relación con el mundo de la gastronomía pero, miren por donde, comenzando su trabajo por el mundo de la poesía, es la poética, junto con la dramática, la única parte de su obra que no tiene contenidos gastronómicos.

Así que aprovechando la fama de Cunqueiro y el Día das Letras Gallegas, y mientras aguardamos que llegue 2011, año en el que se conmemora el centenario del mindoniense, voy a reproducir a continuación algunos fragmentos de un texto de Cunqueiro que pocos conocerán. Datado en 1977 el texto no tiene título y comienza con una frase entre paréntesis: (de un trabajo aparecido en el verano del año 2010). El verano de 2010 está a la vuelta de la esquina, así que hoy es buen momento para recuperar ese texto, en el que Cunqueiro fabula con el futuro de Galicia, con lo que será nuestra tierra en 2010. No desesperen, las referencias gastronómicas están al final.

Escribía entonces Cunqueiro (para publicar, ya dije, en verano de 2010):

Desde que fuera establecido un gobierno gallego, se cuidó muy especialmente por este de una descentralización que fuera reduciendo en lo posible lo poder del Estado y su presión sobre la sociedad gallega. Fueron protegidos los intentos de dar a ciudades, villas, comarcas, y parroquias nuevas maneras de regirse, dejando instalarse aquellas que eran apoyadas por la mayoría, y que en todo caso cubrían las necesidades de la población afectada.”

“La economía estaba basada en las estadísticas y en los augurios, que corregían a estas, y muchas veces los augurios sirvieron mucho más que las estadísticas”.

“Cuando se escriben estas líneas, la mayor preocupación del poder gallego era averiguar la cantidad de dicha, de felicidad, de confort, que es preciso inferir en la vida cotidiana del gallego. Se experimenta que el uso habitual, y a todo nivel, de su idioma por el gallego, contribuye de una manera considerable a la aparición en su ánimo de un estado de satisfacción”.

“Finalmente, atento el poder al aumento de la capacidad de pensamiento y de expresión del pueblo, se hizo una grand y eficaz política de mejora de nuestros vinos. Aunque se corriera el riesgo de aumentar en exceso la capacidad de ensoñación y fantasía del pueblo. Quizás sea debido a este cambo de vino, que el gallego aceptara, a partir del año 2002 la política llamada de nuevas estructuras, y que popularmente es conocida por “los nuevos en la nueva tierra” o “los nuevos en la nueva”, los tres NNN“.

El decantar se va a acabar podría ser el lema si no fuera por que su esquema ya está gastado.

Hoy Martín Berasategui y Flavio Morganti presentaron en Valladolid un nuevo modelo de botella que puede suponer el fin de la necesidad de decantar los vinos porque la propia botella retiene los sólidos del caldo en el mismo acto del servicio del vino.

¡Cómo no se le ocurrió a nadie antes! Las posibilidades de la botella son muchas y ya algunos bodegueros hablan de que abre nuevas posibilidades al mundo de la elaboración de vinos. En el folleto facilitado en la presentación, y al que se pode acceder en su web, podemos leer como Pablo Buján, director comercial de Martín Codax, dice “parece increíble que hayamos tenido que esperar siglos, pero ahora es solo cuestión de tiempo que muchos bodegueros puedan modificar sus métodos de elaboración.”

Desde ahora el vino se nos presentará dobre un pedestal.

En Capítulo 0

En la foto la nueva directiva de la Asociación de Sumilleres Gallaecia, con la que me unen unos especiales lazos de amistad y que el año pasado me galardonó con el título de “Periodista Dinstinguido Gallaecia”.

De izquierda a derecha Eugenio Rodríguez (Vinoteca Cosecha del 64. A Coruña, tesorero),  Alberto Román (El Cabás y Cortello de Ribadeo-Lugo, secretario), Mercedes González (Monitora de Hostelería y Asesora de los Restaurantes Paprica, La Barra y Colón en Lugo, presidenta) y Luís Paadín (Luis  L. Paadín. Monitor de Hostelería, freelance, vicepresidente).

Según un comunicado de la Xunta de Galicia, la Consellería de Medio Rural retiró del mercado el vino de Bodegas Barbantiño, acusada por el Consejo Regulador de la Denominación de Orixe Ribeiro de falsificación de contraetiquetas. La denuncia fue presentada el pasado día 2 de enero.

Medio Rural abrirá un expediente sancionador a la bodega por infracción muy grave contra la Ley de la Viña y el Vino, lo que puede suponerle a la empresa una multa de entre 30.001 y 300.000 euros.

La Xunta “lamenta el ocurrido en este caso, que considera puntual y aislado, pero al tiempo se exalta del correcto funcionamiento de los controles e inspecciones para localizar y evitar este tipo de situaciones. El Gobierno Gallego quiere insistir, al tiempo, en la calidad contrastada de los vinos gallegos en general y de los caldos certificados con el indicativo de las diferentes denominaciones de origen de la Comunidad Autónoma, que se ponen de manifiesto, precisamente, por esa eficacia de los sistemas de control y vigilancia, y enviar un mensaje de tranquilidad a la opinión pública y a los consumidores en general, precisando que se trata de un caso puntual y aislado, para nada representativo del sector vitivinícola gallego” y también asegura que no existe ningún tipo de riesgo sanitario.

En la web de Barbantiño no funciona el enlace con el apartado en el que se muestran las distintas marcas de la bodega. Según Xornal Galicia, los servicios de inspección encontraron contraetiquetas falsas en botellas de las marcas Real Bantiño, Bantiño y Viñaribia, marca esta última que no aparece entre las que recoje la web de la D.O..

A finales del siglo XIX Manuel Vázquez Gulías producía en Galicia su “Gran Champagne Gulías“. Pero parece que no fue el único “champán” gallego.

El anuncio del Champán “Galicia” aparece publicado en el número de noviembre de 1925 de la revista Alfar.

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