Marcelo Tejedor

No hace muchos días el telediario traía la noticia de una exposición de inventos supuestamente inútiles que, decía el presentador, igual un día se convierten en revolucionarios.

Mostraban en la pantalla algo que presentaban como ideal para las dietas de adelgazamiento: un espejo que se pone en medio del plato y de media ración hace una completa, eso sí, medio real y medio imaginaria. No me sorprendió nada, conocedor como son desde hace años del gastroclón, invento compostelano que no solo permite hacer una ración de media sino que en su versión 2.0 rinde el doble.

La imaginación de nuestras gentes da incluso para hacer bromas, como esta del gastrocolón, alrededor de la gastronomía (¿quién fue el parvo que dijo que con las cosas de comer no se juega?. Yo no dudo de que un estirado puritano), sin por eso olvidarse de lo fundamental en la mesa: el mejor producto, tratado, naturalmente, como si fuera de la familia.

Y a Marcelo Tejedor, creador del citado gastroclón le sobra cariño para tratar nuestros mejores pescados, carnes o verduras con un ojo puesto en la tradición y el otro mirando hacia el futuro. El mérito de la postura está en no chosquear.

No voy a negar que, como compostelano semiresidente y padre de compostelano de nación, que ya es un mérito, me resultó algo molesto que en el telediario no citasen el origen santiagués del invento, aunque ese come-come se alivió cuando anunciaron que Galicia estaría presente en el Milessimé de Brasil, con una representación encabezada por Marcelo, el mejor embajador gastronómico por el mundo entero de esta Compostela inmortal.

Galicia contaba con fama culinaria por España adelante gracias a su espléndida despensa, que atesora los mejores pescados y mariscos, las carnes más sabrosas, nuestro irrepetible pan, las verduras, las frutas, los dulces. Y también era conocida incluso en el más lejano rincón por su cocina tradicional y popular, que tales características revisten el pulpo á feira, la empanada o el caldo, algunos de los platos más conocidos de nuestra mesa.

Hasta que llegaron dos compostelanos de adopción y comenzaron a cambiar la percepción que el mundo tenía de nosotros. Primero Toñi Vicente, que lamentablemente dejó Compostela hace un tiempo que parece eterno, y a continuación Marcelo Tejedor, pusieron en un Flandes imaginario las primeras picas de una cocina gallega de autor que, sin quitar un ojo de la tradición, ya lo dije, apuesta decididamente por situarse al lado de los más reconocidos cocineros de España y del mundo entero.

Al lado de aquellas dos primeras cañas fueron brotando otras por Galicia entera, y por Compostela mismo, de forma que hoy no hay congreso o evento de importancia donde no se encuentre algún cocinero gallego, y casi siempre un compostelano de adopción como es Marcelo.

En la foto Marcelo acecha el interior de su casa. Sabe que estoy dentro y puede que no se fíe. Igual recuerda aquel día que, a la hora de pagar la cuenta, le pedí prestado el gastroclón 2.0. Me dijo que se le había agotado la batería y no me dejó emplearlo para hacer 200 de 50. Desde entonces no dejo de pensar en para que necesita batería un simple espejo.

Artículo publicado en CompH!osteleria (Revista de Asociación de Empresarios de Hostelería de Santiago y Comarca)

Gastroclón en El País, en El Correo Gallego

Dice Óscar Caballero en La dietAtlántica, ese libro sobre lo que mucho habrá que hablar, que Valéry Giscard d’Estaing, entonces presidente de la República Francesa, empujó lo que pudo por la Nouvelle Cuisine, que acabaría convirtiéndose en el referente mundial de la década de los ochenta.

No sé si Giscard lo hizo por considerarlo cuestión de estado o, sencillamente, porque le gustaba la buena mesa.

Presidía entonces el gobierno español Adolfo Suárez, de quien se decía que se alimentaba a base de tortillas francesas, por lo que mal podían aguardar los cocineros españoles un respaldo como el francés. Entonces en Madrid triunfaban restaurantes como Mayte Commodore (se dijo que Gutiérrez Aragón se inspiró en su historia para la película La mitad del cielo, con banda sonora del grupo gallego Milladoiro), Casa Lucio y sus huevos fritos o el discreto El Landó, donde decían que con frecuencia recalaba el Rey.

¿Y después que?. Pues parece que poca cosa. A lo mejor fue Felipe González el presidente que más atención le prestó a la gastronomía, llevando de vez en cuando a los cocineros más reconocidos de la época a la Moncloa. Creo recordar que hasta Toñi Vicente estuvo en alguna ocasión por allí, pero ahora no soy capaz de afirmarlo con rotundidad.

De la época de Aznar posiblemente lo único destacado sea la potenciación del vino de la Ribera de Duero, como bien dice Caballero, y de Zapatero lo cierto es que poco sabemos. Podría haberse convertido en el portavoz del botillo del Bierzo, pero el puesto estaba ya copado por el periodista radiofónico Luis del Olmo.

En Galicia el único presidente que destacó en cierta medida por sus aficiones culinarias fue Manuel Fraga. Con frecuencia se dejaba ver por Casa Vilas, en una época de esplendor para el restaurante compostelano, pero tampoco le hacía ascos a la cocina de Toñi Vicente, aunque de la época de Fraga posiblemente el más beneficiado de todos los restaurantes gallegos fuera el Carretas, que entonces registraba, en la hora de comer, una de las mayores concentraciones de conselleiros y directores generales del mundo.

Después llegó Touriño y, en un país en el que el turismo es una industria de importancia y al que los turistas vienen, sobre todo, a comer, dejó una frase inolvidable: “a mí no me verán en un restaurante de lujo“. Creo que sobran dedos de una oreja para contar los restaurantes “de lujo” que tenemos en Galicia, así que la frase fue más bien desafortunada.

Feijoo llegó hace un año sorprendiendo a muchos en varias fiestas gastronómicas, antes y después de la toma de posesión de la Presidencia de la Xunta. No son esas las citas más representativas de la gastronomía gallega evidentemente, pero por algo se empieza. Y se acaba.

En lo que va de año la única vez que coincidí con un conselleiro de la Xunta en un restaurante fue, no hace mucho, con la titular de Sanidad. En la Bodeguilla de San Lázaro, llena de funcionarios comiendo. La conselleira daba ese día buena prueba de la austeridad que predica la Xunta en estos tiempos de vacas flacas. Pero no estaría de más que el Presidente se dejase ver de vez en cuando por alguno de los muchos y buenos restaurantes del país. Solo lo criticarían los que no entienden que eso, hecho con cabeza, es una inversión, no un gasto.

En este día de la mujer trabajadora me vuelve a la cabeza la eterna pregunta: ¿para cuando un movimiento o asociación que deje patente la importancia de las mujeres en la cocina gallega?.

Ahí tenemos grandes clásicos de nuestra cocina, como Toñi Vicente, Manicha Bermúdez (La Taberna de Rotilio) o Ana Gago (Casa Pardo), junto a otra emergentes como Inés Abril (Maruja Limón), Lucía Freitas (A Tafona), Iria Espinosa (Alborada) o Beatriz Sotelo (A Estación), que ya va camino de la consagración.

¿O qué decir de otras cocineras que desempeñan su trabajo en medio rural, con menos repercusión mediática pero grandes resultados?. Ahí están los ejemplos de Erundina Vázquez (Ateneo) o María Varela (A Parada das Bestas).

Y no podemos olvidar esa legión de mujeres anónimas que día a día hacen del pulpo á feira un plato de alta cocina servido en los lugares más humildes y que quiero personificar en Aurora Baranda, la pulpeira de O Carballiño, y Carmen Eyo, ganadoras del primer y segundo Concurso de Pulpeiras.

Ni de las monjas de Ferreira de Pantón, y tantas otras que hacen trabajos similares, y todas esas cocineras de las que nunca sabremos sus nombres y que nos hacen y nos hicieron la vida más dulce y más sabrosa. La tía Aurora y la tía Pepita, que cocinaron las mejores colinetas del mundo. La abuela Josefa, que en un tiempo que no conocí cocinaba a domicilio en bodas y celebraciones, algo que ahora piensan que están inventando en las ciudades.

Todas ellas son, en Galicia, una potencia que debería manifestarse públicamente.

Ya lo había adelantado Capítulo 0 y hoy lo confirma El Correo Gallego: Toñi Vicente abre restaurante en el camping de Coroso, en la localidad coruñesa de Ribeira. Según el diario la apertura se producirá el próximo Jueves Santo

Desde finais da década dos oitenta as miñas visitas a Santiago de Compostela fóronse incrementando progresivamente ata que a finais de 1994 establecinme na comarca… e ata hoxe.

Nese tempo Compostela cambiou de forma radical, moi especialmente no que se refire ao mundo da gastronomía.

Nos comezos da década dos 90 Toñi Vicente, e Marcelo Tejedor cara ao final da mesma, revolucionaron o mundo dos restaurantes e a cociña compostelá, que ata entón só miraba cara á tradición. O exemplo de ambos serviu para que hoxe en Compostela podamos seguir atopando unha cociña tradicional de primeira compartindo espazo coa innovación máis rabiosa e multitude de cociñeiros que, sen apartarse dunha tradición envorcada no produto, están conseguindo que a cociña de sempre evolucione e se adapte aos tempos actuais. Non se enganen, segue habendo moito restaurante para turistas.

Outra revolución chegou ás barras da cidade, que as hai en gran número. A comezos dos noventa Santiago era feudo do viño de barril, revolto, acedo, moi acedo nas análises de laboratorio, pero estrañamente doce en boca. ¡Quen sabe canta enxeñería había naquel produto e cal era a súa procedencia!. Lamentablemente, aquel pésimo beberaxe acabou, ou case, co peculiar costume galego de beber o viño en cunca de louza, tradición que deberiamos recuperar identificando un viño galego, que seguro o hai, que se adapte adecuadamente a este gusto ancestral. Hoxe quedan en Santiago unhas poucas tascas que seguen servindo cuncas, pero con excepción da popularísima Gato Negro, case todas elas se atopan en lugares apartados ou ocultos, como reservadas para o vello compostelán que se resiste a ver morrer un costume herdado dos seus pais.

A posta en perigo de extinción das cuncas compostelás tivo, con todo, un efecto moi positivo para o cliente: hoxe en Compostela se chatea maioritariamente con viños amparados por unha denominación de orixe. É un paso adiante fenomenal, pero aínda non chegamos a un punto óptimo, xa que impera na cidade, como en boa parte de Galicia, unha rioxitis máis rancia que o unto. Acomódase na nosa barras moito moderno enterado, que aínda non se enterou de que fai moito, moito tempo, que Rioxa non produce os mellores viños de España e que en España e Galicia hai moitos viños que igualan ou melloran aos daquela zona.

A pesar destes efectos colaterais, a revolución nas barras compostelás iniciouse na década dos noventa. Foi por entón cando abriron dous locais entón revolucionarios: O Beiro (Rúa da Raíña, 3) e A Bodeguilla de San Roque (Praza de San Roque 13), que trouxeron a Santiago, e talvez a Galicia, o concepto que logo se bautizaría co nome de “vinoteca”.

A La Bodeguilla de San Roque naceule despois unha irmá (A Bodeguilla de San Lázaro, Rúa de San Lázaro 104) e a ambas lles naceu recentemente un gromo en forma de blog. Da súa existencia decátome lendo Capítulo 0 e minutos máis tarde atopo o seu rastro nas estatísticas de Colineta. Benvidos

Con la publicación de la noticia del cierre de Toñi Vicente Colineta volvió a adelantarse la todos con la primicia.

Colineta publicaba la lamentable noticia a las 18:45 horas de la tarde del 9 de enero y poco después el post quedaba colgado en la portada de la edición digital de La Opinión Coruña. Tres horas más tarde se hacía eco de la misma Gourmet de Provincias (gracias por el enlace). En la media noche era el blog de Santiago Siete el que se hacía eco de la noticia (gracias otra vez) y a primera hora de esta mañana La Opinión llevaba la noticia, ampliada, a su sección de Sociedad.

Por el momento (nueve de la mañana del 10 de enero) no encontramos ningún otro medio que publique la nueva, que posiblemente se generalice a lo largo del fin de semana.

Ampliación

La noticia publicada alrededor de las seis de la mañana de hoy en La Opinión Coruña aparece una hora después en la portada del digital de Faro de Vigo (son del mismo grupo ambos periódicos).

También en la madrugada la noticia apareció en Xornal.com

Olvidara decir que alrededor de las nueve de la noche de ayer la noticia aparecía en la portada de Chuza (gracias, Orsinia, por chuzarme)

Pasadas las seis de la mañana la web de Galicia-Hoxe también recoje la noticia, aunque dándole extrañas vueltas. La web del restaurante sigue desaparecida y el teléfono ni da tono de llamada en la mañana del sábado

Llevaba tiempo el rumor en la calle y esta semana se confirmó: Toñi Vicente cerró su restaurante en Santiago de Compostela. Este mediodía el local estaba cerrado y un par de personas sacaban cajas del mismo. Aunque los rótulos continuaban en su sitio, las cartas habían desaparecido de la cristalera donde siempre estaban y las cortinas que dan a la Avenida de A Coruña habían sido sustituidas por papel pegado a los cristales. En la web del restaurante no hay ninguna explicación porque en realidad ya no hay web.

Algunos desalmados, que los hay, brindarán por la noticia que me parece muy negativa, ya no solo para Toñi Vicente y todas las familias afectadas por el cierre, sino para la gastronomía gallega en general.

Allí donde vaya Toñi tendrá siempre mi admiración e seguirá a ser a gran dama da gastronomía galega

© Colineta, 21-11-2008.-Hasta esta misma semana el punto de gravedad de la cocina de las estrellas gallegas debía andar por Beorobe, en el ayuntamiento de Tordoia, un nombre curioso que sílaba a sílaba se pronuncia lo mismo de izquierda a derecha que de derecha a izquierda, que está más o menos en medio de A Coruña (dos estrellas Michelín hasta ayer mismo), Santiago de Compostela (mismo número de estrellas) y Santa Comba (una).

Pero la concesión de una estrella a Pepe Vieira Camiño da Serpe y la pérdida de las de Playa Club (A Coruña, que queda con una) y Toñi Vicente (Santiago, que queda con otra), hizo que ese punto de gravedad se trasladase mucho más al sur y ahora debe andar por algún lugar del ayuntamiento de Meaño, con una estrella al norte (Yayo Daporta, en Cambados), dos al sur (Casa Solla y Pepe Vieira en Poio, que se convierte en el ayuntamiento gallego más estrellado) y una cuarta al sur oeste (A Taberna de Rotilio, en Sanxenxo). El nuevo Campus Stellae gallego está a caballo de las rías de Arousa y Pontevedra
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© Colineta, 19-11-2008.- Desconozco, como casi todo el mundo, los criterios de la Guía Michelín para otorgar sus estrellas. Vaya eso por delante.

Pero tengo la sensación de que con Toñi Vicente la guía se pasó dos pueblos, porque me cuentan que Toñi no solo pierde su estrella sino que además desaparece literalmente de la guía. Para Michelín 2009, Toñi Vicente no existe, y no se me ocurre más razón para este tratamiento que el problema habido con las vieiras furtivas.

Cierto que se trata de un asunto importante. Cierto que anda de por medio la seguridad alimentaria, algo en lo que ningún restaurante puede descuidarse. Pero no menos cierto es que lo único que distingue el caso de Toñi del de otros muchos es que los pecados de ella salieron en portada de numerosos medios de comunicación y los de los demás no.

Y, que quieren que les diga, yo sigo con grandes dudas sobre el empleo de aditivos en la cocina, por mucho que algunos me vayan a contestar que se trata de productos legales y admitidos por la normativa, cosa que es cierta, pero no menos cierto es que la normativa de aditivos se refiere a su uso por la industria y no en las cocinas de los restaurantes.

Si el problema de Toñi con la seguridad alimentaria es causa suficiente para borrarla del mapa, deberían comenzar a sudar los cocineros que emplean haba tonka en su postres. Es muy fácil encontrar el texto legal que dice taxativamente que su uso, y el de la cumarina que contiene, está absolutamente prohibido por sus efectos anticoagulantes. Yo busqué la norma que anule esa prohibición y no di con ella. Pero cada día encuentro más haba tonka en mi postre. Suerte que no tengo problemas de coagulación

ACTUALIZACIÓN: La Voz de Galicia publica un titular en el que dice “Toñi Vicente pierde su única estrella pero permanece en la Guía Michelín” mientras en el texto dicen que además de perder la estrella desaparece de la guía.

En el texto hay un enlace con la información en la que se daba cuenta de la detención de la cocinera. Es la primera vez que veo un enlace dentro de una información de La Voz de Galicia.

© Colineta, 19-11-2008.- La pasada noche se presentó la edición 2009 de la Guía Michelín parte de los periodistas españoles especializados en información gastronómica, que se comprometieron a no publicar nada hasta hoy.

Pero las filtraciones ya comenzaron. Según las mismas Galicia pierde una y queda con ocho estrellas, pero con cambios: gana una estrella Pepe Vieira Camiño da Serpe y la pierden Toñi Vicente y Playa Club. Ahora falta la confirmación

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