Los defensores del uso de aditivos en la cocina, por lo menos en la cocina de los grandes chefs, que a día de hoy son legión, tienen un nuevo referente para reforzar sus tesis en blogs y tertulias: el artículo que Rosa Rivas publica en El País con entrecomillados de la Agencia Nacional de Seguridad Alimentaria (AESAN), extraídos de la página web de este organismo estatal dependiente del ministerio de Sanidad y Consumo. De dichos entrecomillados se puede deducir que los preocupados por el uso de aditivos, legales o no, en la cocina somos algo paranoicos.
Lástima que en El País no se publique también lo que yo entrecomillo a continuación, que se encuentra en la misma página del apartado de “preguntas frecuentes” de la web de Aesan de la que el periódico sacó lo que sí publica.
Aesan dice:
“Pese a todas estas garantías, el Código Alimentario Español sólo contempla la utilización de aditivos si:
- Existe una necesidad manifiesta y representa una mejora evidente sobre las condiciones de los alimentos.
- Se ha comprobado experimentalmente que su uso está exento de peligro para el consumidor
- Reúnen las debidas condiciones de pureza
- Pueden identificarse en los alimentos mediante métodos analíticos sencillos
Se prohibe la utilización de aditivos siempre que exista la posibilidad de lograr los mismos efectos por otros métodos, si puede provocar engaño al consumidor por enmascarar la verdadera calidad del alimento, si disminuye el valor nutritivo de los alimentos, o si los alimentos a los que se agregan pueden ser una parte importante de la ración de grupos vulnerables (lactantes, niños).”



