Alrededor de cada producto nuevo que sale al mercado con un aura de calidad y exclusividad aparecen inmediatamente un problema de información apropiada y los imitadores del mismo, sean de la China o de la vuelta de la esquina.
El vino tostado no es en realidad cosa nueva, que ya tuvo en otro tiempo gran prestigio. Pero vuelve al mercado después de estar desaparecido largo tiempo y casi todos nos enfrentamos a él como una novedad… y no.
Ayer leía en un periódico gallego que “Valdeorras recupera el vino tostado con uvas congeladas y pasificadas”, mezclando las dos informaciones contenidas en la nota de prensa difundida por la Consejería de Medio Rural, en la que se habla de que en Valdeorras experimentan la elaboración de vino tostado, naturalmente con uvas pasificadas, y también en la elaboración de vinos a partir de uvas previamente congeladas, a semejanza de los “icewines” alemanes y del Canadá. Son dos cosas distintas que no se pueden mezclar.
Hasta de ahora era conocido el Tostado del Ribeiro, que hace ya algunos años puso en el mercado la Cooperativa Vitivinícola, después de recuperar una tradición que viene de lejos. Cuentan que los ingleses inventaron el Oporto cuando dejaron de recibir el tostado del Ribeiro, dicen unos que por motivos religiosos (¡la católica España comerciando con protestantes!), y otros por causa políticas, que no debemos olvidar que España fue una veces aliada de Inglaterra contra Francia y otras de Francia contra Inglaterra.
Después de darle muchas vueltas al asunto, el Tostado del Ribeiro se hace con uvas de la variedad treixadura, seleccionadas en la viña y puestas con todo mimo en la misma viña en cajas especiales, sin que unos racimos toquen a los otros, en las que serán sometidas a un proceso de pasificación natural, bajo cubierto y sin aires forzados, temperaturas controladas ni otras gaitas tecnológicas: solo dejar actuar a la naturaleza y revisar constantemente las cajas para retirar cualquier racimo que presente hongos o comience la pudrirse.
Llegado el momento óptimo, se prensan las uvas pasificadas, con rendimientos del 20 por ciento aproximadamente. Es decir, de un kilo de uva salen unos 200 gramos de vino. Después madura en barricas y en botella, antes de salir al mercado. No explicaré más sobre la historia, la elaboración y las características de este vino porque se pueden conocer muy ampliamente en la web del consejo regulador.
Pero ya ven que las uvas no se congelan. Eso es otro asunto que están probando en Valdeorras lo mismo que están haciendo algunas bodegas del Ribeiro, como es Casal de Armán, donde los blogastrónomos pudimos probar el vino dulce, elaborado con uvas congeladas, en el pasado mes de junio.
Para el tostado de Valdeorras digo yo que seguirán una metodología semejante a la del Ribeiro, con las adaptaciones que sean precisas. Y me parece que es buena iniciativa la de sacar productos nuevos al mercado, productos de alta gama como es el tostado, que en el momento actual seguramente no es un gran negocio para quien lo produce a pesar del elevado precio que se pagada por él, pero que a largo plazo seguramente va a tener una importante repercusión sobre la imagen de la empresa y del resto de sus vinos, lo mismo que sobre el conjunto de la denominación de origen.
Seguramente habrá quien eche las manos a la cabeza pensando que es una locura dedicar una parte de la uva godello de Valdeorras a la producción de tostado, especialmente en un momento en que los vinos de esta variedad ganan cada día más prestigio en el mercado no solo gallego sino de toda España. Más o menos ese fue el razonamiento que hace algunos meses le hice yo a Pepe Rodríguez, responsable del Danza, el espumoso hecho en Valdeorras justo con vino de la variedad godello. Su explicación me pareció absolutamente convincente. “El mercado del godello depende en gran medida de la cosecha de albariño en las Rías Baixas” me dijo, para explicar a continuación que si hay mucho albariño y el precio baja la gente dejará de comprar godello para comprar un albariño más barato. El día que eso suceda Pepe Rodríguez incrementará la producción de Danza, para el cual ya tiene una clientela fija, y no se verá obligado a vender el godello a precios no rentables. El tostado va a ser una posibilidad más de respuesta a los altibajos del mercado.
Después de la tanta perorata, espero que quede claro que por “tostado” se entiende un vino naturalmente dulce, elaborado con uvas pasificadas y sin adición de azúcares o cualquiera otro tipo de producto. El que anuncian en la radio cómo “tostado con castañas” es otra cosa.
Foto: Etiqueta de Tostado do Riveiro. Finales del siglo XIX. Tomada de la web de la denominación de origen Ribeiro



