Por normativa los restaurantes están obligados a expresar los precios finales, iva incluido, en sus cartas. Pero a partir de cierto nivel es habitual que se indiquen precios sin el impuesto, que se carga al final de la cuenta.

La Ley General de Defensa de los Consumidores y Usuarios (texto refundido por Real Decreto Legislativo 1/2007, publicado en el BOE del 30 de noviembre de 2007) indica que el empresario está obligado a ofrecer, entre otras informaciones, “Precio completo, incluidos los impuestos, o presupuesto, en su caso. En toda información al consumidor sobre el precio de los bienes o servicios, incluida la publicidad, se informará del precio final completo, desglosando, en su caso, el importe de los incrementos o descuentos que sean de aplicación, de los gastos que se repercutan al consumidor y usuario y de los gastos adicionales por servicios accesorios, financiación u otras condiciones de pago similares“.. (artículo 60, apartado b).

Es decir, los consumidores tenemos derecho a leer en la carta el precio final que vamos a pagar por cada plato (impuestos incluidos).

El incumplimiento de ese deber por algunos restaurantes seguramente va a ocasionar que el menú que ayer costaba 100 euros hoy cueste los mismos 100 en algunos restaurantes y 101 en otros, resultando claramente perjudicados los que cumplen la normativa y que seguramente no cambien sus cartas para repercutir el incremento del Iva (20 céntimos en un plato de 20 euros).

Los que cumplen la ley y no cambien las cartas van a ganar hoy un euro menos por cada 100 facturados, mientras que los incumplidores seguirán ganando lo mismo mientras los clientes pagarán un euro más.

Entrevista en A vivir que son dos días Galicia (Cadena SER)

Con todo lo que lleva llovido este invierno, y van los de Cospeito y se ponen a cantar “Que llueva, que llueva, la Virgen de la Cueva…”. La rogativa tiene su cosa. Resulta que el propietario del restaurante Casa Latino decidió que abril es el “mes de la lluvia”, así que hasta que llegue mayo si usted come allí y llueve le descuentan la mitad de la factura. Sin trampa ni cartón, usted paga el 50 por ciento de la factura.

El sitio, que no puedo recomendar porque aún no lo probé, promete cocina casera típicamente chairega: chicharrones, empanada, anguilas, truchas, tripas, zorza, hígado encebollado, queso de San Simón, chuletas de ternera de medio kilo, cocido, huevos caseros fritos con chorizos también caseros, productos de la matanza… y todo de confianza porque el restaurante cuenta con huerta y granja propias, de manera que los cerdos, pollos, conejos, corderos, verduras, son de producción propia. Y lo que no produce lo compra en la comarca. Y aunque que el restaurante cumple un año el 8 de abril, guisan en cocina de leña.

Se ve que en Muimenta no se cortan un pelo. Hace 25 años montaron una sala de festas que hoy es una de las referencias en la materia en Galicia. Lo raro es que dicha sala tiene más metros cuadrados que habitantes toda la parroquia, contando jóvenes y viejos, niños y niñas e incluso el cura.

Habrá que pasar por Casa Latino (después de reservar mesa en el 982 504 096 o en el 659 677 758). Si lo hace y se cruza con Luis Tosar (sí, sí, el actor) no se sorprenda, porque es del mismo ayuntamiento, dos parroquias más abajo.

Lo dicho, que en Cospeito lo hacen todo a lo grande.

Nota: si no llueve no se preocupe. Comer en Casa Latino le va a salir alrededor de 12 euros por persona, bebidas a parte.

Costrada tradicional elaborada por Erundina Vázquez y reinterpretada por Inés Abril (restaurante Maruja Limón). Foto: Sole Felloza

Hace ya bastantes años salí un día de Compostela en dirección a Ourense. En la soledad de los altos de Santo Domingo mi barriga me recordó la necesidad de tomar un café y algunos kilómetros después encontré el primer vestigio de civilización: a la izquierda una gasolinera, a la derecha uno de esos hostales-restaurante-bar de carretera con un amplio aparcamiento, apto para turismos, camiones y autobuses, delante de la puerta. Allí paré.

Entré en el pequeño bar en el que unos parroquianos de la zona charlaban y pedí café. Como tenía hambre miré la vitrina ubicada detrás de la barra y descubrí cosas que maravillaron: bizcochos, tartas, galletas, magdalenas quien sabe cuantos dulces más, todos de factura artesanal y bien apetitosos. Marqué el sitio como parada obligada y, mientras conducía hacia Ourense intentaba comprender porque aquel bar, aparentemente apartado del mundo, tenía semejante oferta.

Ayer supe, por fin, el por que. “A mí lo que me gusta es la repostería, mucho más que la cocina” dijo Erundina mientras los comensales nos deshacíamos en elogios para la tortilla al ron, la leche frita, el biscuit helado y las cañas fritas rellenas de una crema hecha con huevos tan de la casa que en cualquier otro sitio pensaría que llevaba colorante.

Erundina es la reina del restaurante Ateneo, en Piñor (Ourense), donde gobierna los fogones con una corte formada por sus hijos y el recuerdo siempre presente de su madre, a la que sucedió en el negocio.

Ayer, 13 de marzo, festividad de San Macedonio y Santa Felicidad, un grupo de amigos fuimos felices en el Ateneo (miren el santoral y verán que no es cuento). También era día de Santa Modestia, que le viene que ni pintada a esta cocinera magistral que no le de la mayor importancia a su trabajo. En todo caso los ojos de Erundina brillan de una manera especial cuando habla de sus dulces.

Miembros del grupo de Blogastrónomos y otros del equipo de la exposición Ao pé do lar nos juntamos para probar las recetas de la exposición. Por la mesa desfilaron una maravillosa costrada (rellena de cabeza, oreja y morro de cerdo, pescados ahumados, espinacas y filloas, todo en un cofre de masa de bollo de leche, como mandan los cánones y se refleja en algún recetario de siglos atrás), seguida de una papas pegas ilustradas, un bertón relleno saborosísimo y un capón con ostras sencillamente magistral. Renunciamos por adelantado al último plato de la exposición, el que representan a los tiempos actuales (arroz con bogavante) porque en el Ateneo aplican el dicho de mi padre cuando alguien protestaba, en la mesa, por la mucha comida que le habían servido: no se despacha menos, decía.

Casi todos los presentes en la mesa probaban aquellos platos por primera vez y todos mostraron su admiración por lo que pasaba por sus platos. Solo nos faltó hacer la ola. Habrá que volver al Ateneo para enmendar el error.

Después llegaron los postres. La tortilla al ron (de quince huevos para once personas) nos levantó a todos de la mesa para mirar de cerca el final de la preparación. Y las cañas rellenas de crema, la leche frita y el biscuit nos sentaron rápidamente de nuevo. Después sesión de gin tonics, firma de libros, larga despedida y, por parte de los más valientes planificación de la noche. Salimos del Ateneo a las siete de la tarde. Algunos marcharon hacia Compostela con el objetivo de tomar algo en el Abastos 2.0 y después cenar en la Casa de los Martínez, en Padrón. Me recordó mis años jóvenes, cuando éramos capaces de comer la lamprea en casa José (Valga) y cenar angulas y reo en el Coral (A Coruña). Claro que entonces aún existía el Coral y las angulas estaban al alcance de cualquier caprichoso.

Salimos del Ateneo con un precioso regalo de Erundina y familia: cada uno con su botella de licor café y un paquete de chorizos caseros, no se diera el caso de que hubiera que parar por el camino a merendar.

Olvidaba decir que en el Ateneo prácticamente todo lo que va a la cocina es de producción propia. Crían y sacrifican cerdos para disponer de carne fresca, elaborar los chorizos (el habitual chorizo gallego y también los de cebolla), la cabeza de cerdo prensada, los jamones y lacones, la carne salada para el cocido. Los pollos son de casa, lo mismo que los huevos, ya lo dije. Cultivan la huerta para producir hasta las cebollas. Y ahuman en la casa el salmón de la costrada y otros platos. En el Ateneo hacen, desde siempre, lo que algunos cocineros actuales venden como gran novedad: que el restaurante produzca sus propios alimentos.

Erundina lleva décadas gobernando los fogones del Reino. Con mayúsculas porque el restaurante se encuentra, justo, en ese lugar del ayuntamiento ourensano de Piñor. Justo en las tierras de origen de parte de la familia de Camilo José Cela, que allí situó los hechos que narra en Mazurca para dos muertos, una de las grandes novelas del padronés, sino la mejor, y desde luego la más gallega de todas. No solo trata sobre Galicia y gentes gallegas sino que está escrita en nuestro idioma, aunque con palabras castellanas. Igualito que hablan algunos señoritos de la ciudad o del campo, que en la cabeza solo tienen la estructura de un idioma, el gallego, pero insisten en emplear solo las palabras del otro, el castellano.

Decía que Erundina gobierna el Reino. Pero tiene méritos bastante para ser “La Emperadora”. Gracias, gran señora, por lo que nos enseñas y las sensaciones que nos haces vivir.

NOTA: costrada por encargo previo. Teléfono 988 403 203

Capítulo 0

Pantagruel, supongo

Laconada

La Caja de los Hilos

A veces yo son un poco anticuado y me gusta que la carne sepa a carne, el pescado a lo que es y los puerros a puerros, como sucede con los del amigo Marcelo, que primero los descompone para después volver a componerlos, en un trabajo que sería inútil si el resultado no fuera sido tan rico y sorprendente.

Decía que a veces me sale la vena tradicional y quizás por eso me puse de la parte del Asador Frontón aquel domingo de hace muchos años, décadas ya, en que su propietario le negó a Fernando Point, crítico entonces de El País, o de su suplemento dominical, un poco de mostaza para acompañar la espléndida carne de buey o de vaca que allí servían. Por mucho que se empeñe el virus que me anda por la barriga, no dejo de salivar pensando en aquellas carnes y la cuajada, hecha en la casa con leche de oveja, que servían con una estupenda miel.

Y puede que por eso mismo mis experiencias con los restaurantes vegetarianos, que fueron pocas, nunca fueron satisfactorias. Si espero que la carne sepa a carne y no a puerros, y la lubina a pescado y no a patatas, también aguardo que las verduras sean lo que son y no entiendo porque hay que imitar el sabor de la carne en unas croquetas vegetales cuando el falafel es una maravilla o porque hay que imitar las hamburguesas, las salchichas o los bistés con productos del reino vegetal como el tofú.

No me queda, pues, más remedio que reconocer que no me tientan nada los restaurantes vegetarianos. Pero a veces las cosas cambian.

Es el caso del restaurante vegetariano Gálgala (Rúa do Pracer, 4. Vigo) en el que la gastronomía se une a la literatura a través de micro relatos publicados en la carta, tal como ayer escuché en la radio. Igual un día les hago una visita.

El restaurante Ikarus ha seleccionado a Marcelo Tejedor (Casa Marcelo, Santiago de Compostela) para que de a conocer su cocina al público austriaco y alemán durante el mes de febrero de 2010.

Las instalaciones del Hangar-7, el complejo aeronáutico de Red Bull, aloja, junto con otras muchas cosas, al restaurante Ikarus, asesorado por Eckart Witzigmann y Roland Trettl , en el que se consagra cada mes del año a un cocinero de talla internacional. Lee el resto de esta entrada »

A través de Marta Borruel coonozco la nueva aplicación informática que emplea el restaurante Dos Cielos, de Barcelona, para que las impresiones que un plato causó en el comensal se transformen en imágenes. Muy entretenido e interesante.

Un motivo nuevo para volver a Dos Cielos, señor Vila

Cierto, Filomeno

Arroz con chipirones, vieira de coco y cilantroEn este mundo global en el que nos movemos puede suceder, y sucede, que un cocinero tenga mejor y más fácil acceso a un producto originario de Chile, Sudáfrica o Australia que a otro producido a pocos kilómetros de su casa. Es todo cuestión de cantidades y marketing. Los productos escasos nunca llegan muy lejos de la zona de producción hasta que alguien los descubre y entonces la fuerza del dinero se impone y acaban destinados a mercados minoritarios a veces muy alejados del origen. ¡Que levante la mano los que probaron en los últimos años las navallas de Cedeira, O Barqueiro o Vicedo!. Y se escribo navallas en cursiva es porque no estoy hablando de Solen ensis sino de Donax vittatus, que en otras zonas de Galicia se conoce como cadelucha y en el resto de España como coquina

Podríamos pensar, pues, que en este mundo global con fácil acceso a cualquier tipo de producto, la cocina podría tender a la globalización cuando lo cierto es que no hay tal cosa, fuera de esas modas alrededor del foie, el atún rojo y algunos otros productos. Afortunadamente, en lo más hondo de cada uno de nosotros queda un vínculo con la tierra y con esa cocina de siempre que casi llevamos en los genes.

Pude comprobarlo estos días en Pamplona con la visita a tres interesantes, y distintos entre sí, restaurante: La cocina de Alex Múgica, Rodero y Enekorri. Los coloco por el misma orden en que los visité en la compañía de otros bloggers (Sole, Gago, Pingue y Guitián en los dos primeros casos, además de los representantes de Gastronomía & Cia en La cocina de Alex Múgica, y con todos los bloggers participantes en Navarra Gourmet en el caso de Enekorri).

En los tres casos las verduras fueron protagonistas estelares del menú, como cabe esperar de la cocina navarra. Cuando uno visita Galicia espera que mariscos y pescados compongan lo principal del menú y habitualmente así es, pero en Navarra esperamos verduras y verduras nos ponen en abundancia y variadas. Es ese el primero hito diferencial de la cocina Navarra, y el segundo está en el tipo de verduras que dominan el panorama: alcachofas, espárragos, borrajas, habas tiernas, cogollos de lechuga, pimientos del piquillo, todas ellas tan navarras como correr delante de un toro.

Y miren por donde yo, que nunca di un duro por unas alcachofas, estoy deseando verlas en mi mercado para volver a probarlas en casa a ver si la magia de Pamplona sigue viva.

Que en el menú dominen las verduras no significa que estuvieramos sometidos a un régimen vegetariano, que también probamos mariscos, pescados y carnes. De hecho el plato del que mejor recuerdo guardo, y creo que no voy a ser el único, fue un arroz con chipirones, vieira de coco y cilantro, que nos sirvieron en Rodero. Un plato que llevó a uno de los comensales a afirmar que le recordaba la cocina tailandesa, por aquello del cilantro. A mí el cilantro me recordó la cocina de mi casa cuando no cocino yo. Estoy casado con una colombiana.

Nota final: que las verduras tengan especial protagonismo en la cocina de restaurante no significa que la cocina navarra se limite a eso, como la gallega no vive en exclusiva de mariscos y pescados.  Creo que aquí y allí la cocina popular es inmensamente más variada que la de todos los restaurante juntos

La compostelana Lucía Freitas y el pontevedrés Nacho Tierno abren mañana las puertas del restaurante A Tafona, emplazado en el hotel Tafona do Peregrino, muy cerca de la plaza de abastos de Santiago de Compostela.

Los nuevos restauradores compostelanos prometen emoción.

Después de formarse en la Escuela Superior de Hostelería del País Vasco “Artxanda” de Bilbao, Lucía estudió repostería de restauración en el “Espai Sucre” de Barcelona, trabajó con los hermanos Roca en el “Celler de Can Roca” (dos estrellas Michelín), de Girona; en el restaurante “El Bohio” (una estrella Michelín), de Illescas (Toledo); el restaurante “Mugaritz” (dos estrellas Michelín) y en el restaurante “Tápies” (una estrella Michelín), de la Seo de Urgell (Lleida), donde desempeñó la función de chef de repostería.

Por su parte Nacho Tierno, tras acabar los estudios en el Centro Superior de Hostelería de Galicia, desempeñó durante varios años el cargo de segundo de cocina en el restaurante “L’Alezna” (una estrella Michelín), de Oviedo, que dirige Pedro Martino y también desarrolló su trabajo de cocinero en el restaurante “Calima” (una estrella Michelin), de Marbella, junto a Dani García.

Los cocineros anuncian una carta de cocina tradicional con toques de vanguardia, respetando al máximo la calidad y frescura de los productos que diariamente llegan al mercado de abastos de Santiago.

Habrá que ir buscando un momento para visitar el restaurante Alborada, en A Coruña, que no tengo el placer de conocer más que por las crónicas siempre positivas de Pantagruel, supongo, y en el que parece han encontrado el método para triunfar en concursos.

Si ayer Luis Veira ganaba la semifinal del concurso Cocinero del Año, hace muy pocos días otra componente de su cocina, Iria Espinosa, volvía de Madrid con el premio a la mejor ayudante en la final española del Bocusse D’Or.

Iria acompañó en Madrid a otro cocinero del Alborada, Álvaro Gantes, ganador del X Campeonato Gallego de Cocineros. Exactamente en mes y medio, entre el 5 de marzo y el 15 de abril, los tres premios fueron a parar a manos de otros tantos cocineros del Alborada.

Mientras no tenga nada nuevo que decir sobre el restaurante dejo que sea Pantagruel quien presente el establecimiento coruñés y evito escribir sobre lo que no conozco de primera mano

Ya lo había adelantado Capítulo 0 y hoy lo confirma El Correo Gallego: Toñi Vicente abre restaurante en el camping de Coroso, en la localidad coruñesa de Ribeira. Según el diario la apertura se producirá el próximo Jueves Santo

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