Foto: 1951-52 Fondo Vega, Arquivo Histórico Provincial de Lugo.
Incluída en “250 anos das feiras do San Froilán”

© Colineta, 8-11-2008.- Con la llegada de noviembre marcharon de Lugo las pulpeiras que ponen olla en las fiestas de San Froilán y después siguen cociendo y vendiendo pulpo durante el resto del mes. La costumbre de prolongar durante todo el mes la temporada del pulpo hace de Lugo, y del San Froilán, la verdadera capital gallega del pulpo á feira, aunque parte de las pulpeiras que allí ofician sean de O Carballiño, como es el caso de Aurora, a la que no pude visitar en la alameda luguesa aunque me llamó para convidarme a una tapa.

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A finales de marzo escribía sobre unos supuestos “tacos de pulpo” que en la relación de ingredientes se declaraban como calamar y al final resultaba ser potón del Pacífico. Pues vuelvo sobre la cuestión, pero más preocupado todavía que entonces porque lo que ayer encontré en el supermercado va un paso más allá.

Mirando unas conservas de sardinas y caballas reparé en una lata, que podeis ver en la foto, que anuncia pulpo-calamar. Como estaba sobre aviso imaginé que este envasador de potón había decidido mejorar algo el etiquetado y tomé una lata en mi mano. Poner en la etiqueta pulpo-calamar y no simplemente pulpo lo considero una mejora en el etiquetado ya que llevará al consumidor a interesarse por saber ciertamente que hay dento de la lata, pero sigue siendo un etiquetado que parece engañoso: si dentro no hay pulpo no puede la etiqueta dar a entender que si, y menos con la foto que aparece en la caja.

El asunto es que cuando miro la lista de ingredientes, esperando encontrar el Dosidicum gigas, me doy de narices con una lista de ingredientes que dice pulpo, aceite vegetal y sal en cinco idiomas: castellano, francés, inglés, alemán y portugués. Pulpo, poulpe, octopus, polyfisch y polvo se puede leer en la declaración de ingredientes.

Abro la lata y encuentro lo que se ve en la siguiente foto. El peso escurrido es de 72 gramos y el precio de la lata de 75 céntimos, por lo que este falso pulpo sale a algo más de 10 euros el kilo. La textura y el sabor es el mismo que el del potón en conserva, una mierda, con perdón.

En la estantería inferior del supermercado se repetía la situación con otra lata similar, en este caso de Palacio de Oriente, a más de un euro la unidad.


Pulpo á feira

No estoy muy seguro de si la forma de vida de los tiempos actuales está impulsando a la industria alimentaria a ofrecernos productos nujevos o es esa oferta la que nos está cambiando la manera de vivir. Pasa también, a veces, que los productos nuevos no son tal, sino que únicamente es nueva la presentación.

Pongamos por caso el pulpo á feira. De nuevo no tiene nada, aunque tampoco es tan antiguo como para decir que llevamos toda la vida comiéndolo.

- Sí señora, ya sé que usted lo come desde los seis años, y eso es toda una vida, pero quería yo hablar de la “vida” en términos históricos, y en ese aspecto la vida de un ser humano es un grano de arena en la playa de las Catedrales y con marea baja.

El pulpo á feira como hoy lo conocemos nació cuando el pimentón molido llegó a Galicia, posiblemente en el siglo XVIII. El comercio de pimiento seco y molido era muy importante en Herbón a finales del siglo, lo que lleva a pensar que algo también se debió fabricar en las orillas del Ulla.

Pero no busco yo aquí la historia sino la actualidad. Resulta que hace unos días vi en Hipercor, una vez más, pulpo á feira envasado al vacío y refrigerado. Un producto que no me interesa lo más mínimo, ya que el pulpo á feira o se come acabado de cocer o mejor es dedicarse a otro asunto. Pero algo me llamó la atención en aquel pulpo, no sé que, y víctima de nueve años de “master” en etiquetado por motivos que no vienen al caso, miré todas sus etiquetas. Y me sorprendí.

Primero porque el pulpo está elaborado y envasado en Málaga.

Segundo por su precio: 22,90 euros la bandeja de 300 gramos, lo que supone un total de 76,33 euros el kilo. ¡Y eso que estaba de oferta!

- Sí caballero, ya sé que usted compra lo que le da la gana y lo paga al precio que le piden, que para eso es usted un potentado, pero dejeme terminar…

Porque resulta que lo más grave del cuento es que en la etiqueta frontal dice clarito: “De Galicia a su mesa”. ¡Y yo pensando que la quinta provincia estaba en Buenos Aires cuando la tenemos ahí, a un paso, con solo doblar el mapa hábilmente!.

El producto se comercializa bajo la marca Peka2 Don Rodrigo y la empresas responsable es “Congelados Fripesca, S.L.”. Podemos darles las gracias por llevar el nombre de Galicia por el mundo adelante en comercialfripesca.com

Como no tengo foto del pekado pongo la última ración de pulpo á feira que me comí en el Mesón Concheiros (Santiago de Compostela)


Cartel fotografiado esta misma semana en la localidad lucense de Vilalba

Vaya, parece que el Dosidicum gigas, más conocido cómo “potón del Pacífico” y “pota gigante” me persigue cada final de marzo. Por suerte es en las estanterías de los supermercados donde nos encontramos, que si llega a ser en el mar habría que cerrar el blog del susto que iba a llevarme.

Resulta que hace dos años escribía sobre el animalito exactamente el 29 de marzo (de 2006) y hoy, sin buscarlo aposta, vuelvo sobre el mismo asunto porque haciendo la compra encontré lo que viene en la fotografía: “Tacos (estilo pulpo) salsa gallega”. Además “fabricado en Galicia” aunque Dani sea una empresa domiciliada en Vilassar de Mar (Barcelona). El registro sanitario que aparece en la caja es ES 12.10662/C, así que busco y encuentro que corresponde a Conservas Carnota, emplazada en la localidad del mismo nombre. Quede claro que esta empresa gallega finaliza su trabajo cuando el producto está dentro de la lata. La caja de cartón es cuestión de Dani.

Cuando escribo estas líneas aun no abrí la lata y no sé lo que me aguarda dentro de ella. Y no la abrí aún con toda la intención del mundo porque quiero hablar primero de lo que se ve en la foto: pulpo “la que sí”. La foto induce a pensar que se trata de pulpo, en la etiqueta aparece la palabra “pulpo”, pero en ningún sitio se nos indica que es otra cosa. Hay que mirar el lateral de la lata, donde en letra bien pequeña, en tinta azul oscuro sobre fondo azul claro se nos dice que el contenido es… ¡CALAMAR!. Vuelvo sobre la foto para decir que yo pienso que no es pulpo: las ventosas son muy pequeñas y tienen una forma extraña. Seguramente será potón.

Como yo sé que el calamar común es Loligo vulgaris decido buscar a ver que demonios es eso de Dosidicus gigas que tanto me suena y me doy de narices con el potón de hace dos años.

(Disculpen la interrupción. Paro unos minutos para abrir la lata, probar lo que hay dentro y hacer unas fotos. Vuelvo en unos minutos, así que mientras “les recomendamos nuestro servicio de bar”).

Ya estoy de vuelta. Lo que hay dentro de la lata no lo voy a enseñar para no estropear la emoción de la foto de la caja, ya que en un mar de aceite colorado hay trozos de muy diversos tamaños que parecen pulpo exteriormente, pero no tienen ventosas sino una especie de botoncitos del tamaño de cabezas de alfiler.

Pruebo el producto y encuentro lo mismo que se encuentra en todas las latas de conservas de calamares, pulpo, etc., presentes en un supermercado local: un producto duro, de sabor incierto, correoso, fibroso y con presencia de algunos fragmentos de algo duro, como arena, incrustaciones calcáreas o algo parecido. En definitiva, un bodrio.

Así que llego a la conclusión de que los fabricantes piensan que somos tontos por completo, cosa de la que no tengo ninguna duda en el caso de ciertos consumidores capaces de tragar con todo lo que le pongan por delante, callando cuando no les gusta.

Lo que ya me jode es el uso de la frase “Fabricado en Galicia”. En el mundo de la alimentación Galicia es una marca de calidad de primera en el resto de España, pero mientras no se regule su uso seguirán poniéndola en este tipo de productos, que solo sirven para restarle una parte de su credibilidad.

La lata, que declara 168 gramos de producto escurrido cuesta 1,40 euros, es decir 8,3 euros el kilo.

Nunha entrevista publicada o domingo en El Correo Gallego, o ministro de Cultura, o coruñés César Antonio Molina, fala das súas afeccións culinarias e asegura que o prato que máis lle gusta é “Por supuesto, a la gallega: con su pimentón, con sus patatas y con su aceite. Y si es en una feria, mejor”. Vaia por diante a miña admiración pola obra de Molina, especialmente no que se refire á compilación de artigos xornalísticos de Álvaro Cunqueiro, publicados en varios volumes pola editorial Tusquets. Gracias a el coñecemos unha boa parte da obra dispersa do xenio de Mondoñedo.

Pero no do polbo o señor ministro demostra claramente que está afeito a ese invento madrileño que é o “pulpo a la gallega” que eu nunca atopei nunca feira nin nunha festa galega, sexa a feira semanal de Compostela (antes Salgueiriños, agora Amio), a de Monterroso, a de Silleda, o San Froilán, As San Lucas en Mondoñedo ou a Santa Minia en Brión. En todos estes casos sobran “sus patatas” porque nunca vin en Galicia que o polbo á feira se sirva con patacas, como é costume en Madrid, onde o prato se cubre cunha capa de patacas cocidas en toros que se tapan con polbo cortado ao biés de maneira que saen lascas moi delgadiñas pero moi longas, co que parece que hai na mesa moito polbo cando o que hai son moitas patacas. Amáñase co seu sal, pemento e aceite… e ao microondas, que o habitual polo foro é que os pratos estean preparados e so faltos de calor. Lee el resto de esta entrada »

Polbo-baixa-temperaturaCaldeirada-de-polboRonner, sifón, paco jet, gastrovac… un sinfín de aparatos, muchas veces procedentes de los laboratorios de física, química o farmacia, inundaron las cocinas de los restaurantes modernos en las últimas décadas, facilitando de manera sustancial el trabajo de los cocineros y, a veces, convirtiéndose en los verdaderos protagonistas de su trabajo. Pasa en ocasiones que algunos cocineros sustituyen la imaginación, la creatividad y el trabajo por las nuevas tecnologías y buscan más epatar al comensal que darle de comer bien.

Pero en la mayor parte de los casos los nuevos aparatos, a parte de facilitar el trabajo en la cocina, dan unos resultados excepcionales que el cliente aprecia de inmediato en el plato. Ayer mismo tuve ocasión de comprobar uno de estos casos, en el taller sobre pulpo que ofreció Antonio Botana, del restaurante Pandemonium de Cambados en el ciclo “Santiago de Compostela. Repetirás”.

Botana cuece el pulpo en la ronner, envasado al vacío: 100 minutos a 95 grados de temperatura. Únicamente se preocupa de que en cada bolsa vayan piezas homogéneas en su tamaño, es decir, la parte gorda de los brazos del pulpo, sin las puntas ni la cabeza.

El resultado es espectacular. En primer lugar por el aspecto externo del pulpo, que se ve claramente en las fotografías que acompañan. Un aspecto terso y gelatinoso al tiempo, muy atractivo para el comensal, y no debemos olvidar que con los ojos también se come. La textura también es diferente a la del pulpo de cocción tradicional, uniforme, firme pero no dura. Pero donde más se nota la manera de cocción es en el sabor. Parece que la cocción por el sistema de Antonio Botana concentra todos los sabores en cada bocado de pulpo. Yo comí ayer ese pulpo tal como sale de la bolsa: sin sal, sin aceite o aderezos de otro tipo. Sencillamente espectacular, no necesita nada más.

Con este pulpo, Botana prepara sus platos de pulpo. En primero lugar explicó la estrella de su restaurante, el pulpo cocido a baja temperatura con gelatina de su cocción y aire de pimentón de la Vera. Con el caldo de cocción del pulpo y unas verduras tostadas en el horno prepara una gelatina caliente, con el añadido de agar-agar, que en contacto con el frío del plato solidifica en muy poco tiempo. Encima un buen trozo de pulpo y encima un aire de pimentón de la Vera, una mezcla de caldo de cocer el pulpo y pimentón dulce, cocido a baja temperatura, a lo que añade lecitina de soja para formar el aire. Resulta un auténtico pulpo á feira con el sabor del pulpo potenciado y una presentación impresionante.

Le siguió la “Eucaristía del pulpo”, un plato en el que trabaja Botana en la actualidad antes de incorporarlo a la carta de su restaurante. Pulpo cocido al vacío, secado en el horno y cortado en láminas muy finas que se pasan por harina de maíz y se fríen en aceite de oliva. Se sirven acompañadas de una reducción de vino tinto con azúcar, servido en una copa con el sifón, para que los comensales tomen un trozo de pulpo y lo mojen en el vino antes de comerlo.

Remató el taller con una caldeirada. Se prepara el sofrito propio de una caldeirada, con cebolla, ajo y pimiento, se añaden las cabezas y las puntas de los lomos del pulpo y, cuando está todo cocido, se escurre y se conserva el caldo, en el que se cuecen unas patatas, también a baja temperatura. Terminada la cocción solo queda emplatar: en el fondo del plato se ponen las patatas cortadas en ruedas, encima de cada una un trozo de pulpo y, ya en la mesa, se sirve el caldo de la caldeirada con una jarra. Espectacular.

El asunto del envasado al vacío no me preocupa, ya que en cualquiera carnicería o supermercado tienen la máquina necesaria para hacerlo. Ahora habrá que buscar un sistema doméstico para cocer a baja temperatura, ya que la ronner supera los 1.000 euros y seguro que no entra en el presupuesto de los Reyes Magos.


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