P1090999Hace más de un año Colineta anunciaba la próxima aparición en el mercado de la marca de calidad “pescadeRías”, que de la mano de la Consellería de Pesca e Asuntos Marítimos de la Xunta de Galicia llegaba para amparar el pescado de la flota gallega de bajura, así como mariscos, cefalópodos y algas.

Según la Consellería, la marca de calidad certificó desde su puesta en marcha en el mes de marzo de 2008 y hasta el pasado día 31 de diciembre entorno a 418.000 kilos de recursos marinos procedentes de nuestras costas. De esta cantidad, 299.668 kilos se corresponden con moluscos bivalvos, 52.990 con crustáceos, 50.404 con equinodermos, 13.440 con pescados y 1.481 con cefalópodos.

Actualmente, un total de 15 entidades del sector de la pesca de bajura y el marisqueo de nuestra comunidad autónoma están autorizadas para certificar, etiquetar y vender los recursos marinos que extraen del mar bajo este marchamo. Se trata de las cofradías de Baiona, Bueu, Aguiño, Portonovo, Cangas, Cedeira, Sada, Fisterra, Ribadeo, Mugardos, O Vicedo, Vilaboa, Noia, así como la lonja de Campelo y la cooperativa Mar do Morrazo. Además, empresas mayoristas de importancia en Galicia están comercializando ya recursos pesqueros amparados por la marca de calidad y, asimismo, fábricas de transformación gallegas están ultimando los trámites para poder certificar sus mercancías.

Cabe destacar, que en los casi diez meses en los que lleva funcionando este distintivo de calidad, la lonja del Campelo fue la entidad que subastó mayor cantidad de producto “pescadeRías”. Fueron en total 197.524,49 kilogramos de moluscos bivalvos, de los que 151.204,40 fueron de berberecho, 22.839,20 de almeja fina, 21.831,29 de babosa y 1.646,60 de almeja bicuda. La siguiente entidad que más producto certificado vendió fue la lonja de Baiona con 91.960,65 kilos, de los que 3.017 fueron de bivalvos, 56 de cefalópodos, 29.976,25 de crustáceos, 50.404,50 de equinodermos y 8.506,90 de pescados. La tercera cofradía en cantidad de recursos marinos etiquetados con “pescadeRías” fue la de Vilaboa que vendió un total de 82.166,73 kilos, en su totalidad de moluscos bivalvos: 862,75 de almeja babosa, 6.433,65 de almeja fina, 4.382 de rojiza, 49.590,63 de japonesa, 20.369 de berberecho y 528,70 de carnero.

La estas tres entidades le siguen en importancia las cofradías de Bueu y Aguiño con más de 19.000 kilos vendidos de productos “pescadeRías” cada una, Portonovo con casi 5.000 kilos y Mugardos con más de 2.000. A continuación se sitúan O Vicedo con algo más de 230 kilos, Ribadeo con 131 y Cangas con 128 kilos.

Foto: pescadeRías en Forum del Mar, Cambrils

© Colineta, 15-11-2008.- De un tiempo a esta parte parece que la industria alimentaria gallega se está sacudiendo el polvo de años de inmovilidad para comenzar a sacar al mercado productos innovadores.

Ahora le toca el turno a la conservera Alfageme, que está produciendo una salchicha elaborada básicamente con atún y la aportación de proteínas de otros pescados. El mismo producto, o muy parecido, estará en el mercado en forma de loncheados. Hacia mediados del mes de diciembre estará a disposición del consumidor. Mañana, domingo 15, hablaremos del asunto en Arroz con chícharos (Cadena SER Galicia) con el director general de Alfageme, Pascual Romeo.

También hay actividad en el sector cárnico, que en la semana que comienza presentará una nueva marca de calidad, y en el lácteo, que a comienzos de año podría tener un nuevo producto, tradicional y al mismo tiempo muy innovador, en el mercado. Como decía la televisión en otros tiempos: permanezcan atentos a sus pantallas

De Colineta

Casi 40 pescados y mariscos diferentes encontré en un supermercado de la zona de Compostela. Procedían de más de 20 sitios, la mayor parte de fuera de Galicia

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La huelga del transporte y del sector pesquero está dejando algunos datos que deberían hacer pensar a nuestros legisladores sobre algunos aspectos ciertamente discutibles de la legislación alimentaria que responden nadie sabe a que criterios.

Ayer representantes de los armadores y pescadores gallegos recorrieron algunos supermercados y grande superficies de las áreas de A Coruña y Vigo poniendo de manifiesto las irregularidades en la venta al público de pescado fresco o, a veces, supuestamente fresco. En la radio escuché a uno de estos hombres del mar decirle a las clientas del supermercado: “No le den eso a sus hijos ¡Los están envenenando!”.

Por lo que escucho y leo, lo más normal fue a encontrar el pescado mal etiquetado, cosa absolutamente común cuando cuenta con etiqueta, que no es siempre, o pescado descongelado que se vende como fresco. Hace unos veinte años yo fui testigo, en una madrugada de jueves, de como los servicios veterinarios decomisaban en la plaza de abastos de Santiago calamares descongelados que se iban a vender por frescos, o mariscos que no garantizaban documentalmente su origen. Hoy no sé si los inspectores hacen o no o su labor ni bajo que directrices.

En mi casa se come con frecuencia pez espada. Más que nada porque tengo un chaval que es uno de los pocos pescados que come. Así que siempre salgo espantado de los supermercados donde, con todas las bendiciones de la ley se vende este pescado descongelado. Basta con que en la etiqueta ponga “producto desconxelado”, aunque sea en letra bien pequeñita. Cada vez que lo veo me acuerdo de las recomendaciones que siempre nos dan las autoridades sanitarias sobre la necesidad de no romper la cadena del frío cuando compramos congelados. Y me dan ganas de mandarlos a paseo. La autorización de vender pescado descongelado viene del Código Alimentario, elaborado hace más de 40 años.

Vaya, que llegué a pensar que todo el pez espada que capturan los palangreros de A Guarda se congelaba a bordo de los barcos y que no se desembarcaba pescado fresco en los puertos gallegos, idea que esta misma mañana me sacaba de la cabeza el gerente de Orpagu (Organización de Palangreros de A Guarda), Manuel Sequeiros.

La otra cuestión es el etiquetado del pescado. La normativa comunitaria, aplicada en España a través del Real Decreto 121/2004, establece que todos los productos de la pesca, el marisqueo y la acuicultura, tanto vivos cómo frescos, refrigerados o cocidos, deben identificarse en el supermercado o en la pescadería con una etiqueta que contenga, entre otros datos, el nombre comercial y científico del producto y la zona de captura y cría. Todo bien, sino fuera porque las zonas de captura establecidas a efectos de etiquetado son tan grandes que la zona 27, común en las etiquetas del pescado que se vende en Galicia, va desde el Estrecho de Gibraltar hasta el norte de Rusia, donde se tocan Europa y Asia. Es decir, toda la costa atlántica europea está incluida en esta zona. ¿Sirve de algo esta información?.

El mismo etiquetado vale tanto para los productos de la Unión Europea cómo para los procedentes de terceros países, sin que tenga que indicarse cuál es el país de origen.

Solo tendrán que aclarar en la etiqueta el país de origen, cuando vengan de terceros países, los productos incluidos en la siguiente lista:

solla (Pleuronectes platessa),
atún blanco (Thunnus alalunga),
atún rojo (Thunnus Thynnus),
patudo (Thunnus o Parathunnus obesus),
arenque de la especie Clupea harengus,
bacalao de la especie Gadus morhua,
sardina de la especie Sardina pilchardus,
eglefino (Melanogrammus aeglefinus),
carbonero (Pollachius virens),
abadejo (Pollachius pollachius),
caballa de la especie Scomber scombrus,
estornino de la especie Scomber japonicus,
jurel (Trachurus spp.),
galludo y pintarroja (Squalus acanthias y Scyliorhinus spp.),
gallineta nórdica (Sebastes spp.),
merlán (Merlangius merlangus),
bacaladillas (Micromesistius poutassou o Gadus poutassou),
maruca (Molva spp.),
boquerón/anchoa (Engraulis spp.),
merluza de la especie Merluccius merluccius,
gallo (Lepidorhombus spp.),
japuta (Brama spp.),
rape (Lophius spp.),
limanda (Limanda limanda),
mendo limón (Microstomus kitt),
faneca (Trisopterus luscus) y capellán (Trisopterus minutus),
boga (Boops boops),
caramel (Maena smaris),
congrio (Conger conger),
rubio (Trigla spp.),
lisa (Mugi spp.),
raya (Raja spp.),
platija (Platichthys flesus),
lenguado (Solea spp.),
peces cinto (Lepidopus caudatus y Aphanopus carbo);
quisquilla (Crangon crangon) y camarones boreales (Pandalus borealis),
buey de mar (Cancer pagurus),
cigala (Nephrops norvegicus);
jibias (Sepia officinalis y Rossia macrosoma).

La concejalía de Cultura del ayuntamiento de Baiona organizó para el fin de semana una “Feria de Abril” en la que es de suponer habrá sevillanas, fino, jamón y “pescaíto frío” a tutiplén. Los de la asociación cultural Ximbaleu, que se ve que no están por la globalización, contraprogramaron con un “serán en la orilla del mar”, en el que anuncian gaitas, regueifeiros y pulpo á feria.

Se anuncia un interesante combate culinario: en un rincón el “pescaíto fríto”, enfrente el “pulpo á feira”. Imagino que el pulpo acabará tumbando al pescado gracias a la posibilidad de dar los golpes de ocho en ocho. La cosa no tendría más importancia si no me hubiera dado pie para sacar aquí lo que hace ya meses aprendí de la mano de Juan Fernández Casal gracias al artículo “De freidores y artistas”, publicado en “A Estrada. Miscelánea histórica y cultural”, una publicación periódica del Museo del Pueblo Estradense Manuel Reimóndez Portela.

En el número de 2006 se puede leer el artículo en el que Juan Fernández Casal confirma lo que ya me habían contado algunos buenos conocedores de Cádiz: casi todas las freidurías de pescado gaditanas son propiedad de gallegos. Y Cádiz es a la cuna y paraíso del pescado frito.

Claro que la cosa, según nos cuenta el estradense, va más allá: desde comienzos del siglo XIX la práctica totalidad de las freiudurías de pescado existentes en el litoral andaluz no solo pertenecen a gallegos sino que todos ellos tienen el mismo origen: la parroquia estradense de San Pedro de Ancorados. En su trabajo, a partir de documentación y conversaciones con los viejos de la parroquia, recompone parte de esta historia desconocida para la mayor parte de los gallegos, que parecemos tener una cierta tendencia gremial: las pulpeiras se concentran en la parroquia de Arcos (O Carballiño), los freidores de pescado andaluces son gallegos de San Pedro de Ancorados (A Estrada) y Soutomaior tiene fama de tener más cocineros en Madrid que cualquier otro ayuntamiento gallego.

Uno de los naturales de Ancorados que acabaron metidos en el negocio del pescado frito en Sevilla fue José Castro Bascuas, nacido en 1875. Tuvo doce hijos, de los que solo se conoce el nombre de dos: Manuel y Estrella. De esta hija se sabe que vivió dos años en Ancorados pero que no se acostumbró y regresó a Sevilla, donde se convertiría en una de las glorias de la canción popular andaluza: Estrellita Castro.

Preparense a encontrar en su pescadería dos marcas de calidad que identificarán los productos gallegos del mar y que en estos días están siendo presentadas en las diferentes ferias de la pesca y gastronómicas que tienen lugar por Galicia adelante: “PescadeRias” y “Pulpo de las Rías”, la primera impulsada directamente por la Consellería de Pesca e Asuntos Marítimos de la Xunta de Galicia y la segunda dependiente de la Cofradía de Pescadores San Martiño de Bueu, con apoyo de la administración autonómica.

No vienen mal ambas iniciativas, y más en un sector como el del pescado en el que el fraude está a la orden del día a causa de los pocos controles que se realizan y la dificultad añadida de que se trata de productos que se venden mayoritariamente a granel. Sin duda lo de los productos del mar es el sector más primitivo del mundo de la alimentación: el hombre abandonó hace siglos la recolección y la caza como abastecedores fundamentales de su alimentación, pero sigue siendo pescador.

Tengo yo la sensación de que las irregularidades en el comercio del pescado y mariscos depende más del punto final de venta que del sector extractivo. Yo incluso he encontrado, en centros comerciales de mucha reputación, almejas procedentes de Tarragona que se anunciaban cómo gallegas, por poner un ejemplo. Las tales almejas tenían un aspecto fenomenal y seguramente sería muy buenas, pero no eran gallegas, tal como aseguraban los carteles. Eso es fraude.

Las dos nuevas marcas de calidad pretenden poner un poco de orden en el mercado, partiendo del origen, las lonjas a través de las cuales el pescado entra en los circuitos comerciales. Se conseguirá el éxito si consiguen que la identificación de los productos llegue hasta el consumidor evitando que por el camino se produzcan manipulaciones indebidas.

En esencia, tanto la marca “PescadeRias” como “Pulpo de las Rías” llevan la misma dirección: garantizar que los productos acogidos a ellas fueron capturados de manera artesanal en las costas gallegas y proceden exclusivamente de la pesca extractiva, excluyendo tanto los producidos en instalaciones de acuicultura como los engordados en esas mismas instalaciones y los procedentes de mares alejados de Galicia, aunque sean capturados por la flota gallega de altura.

“Pulpo de las Rías” va a amparar el pulpo capturado por la flota artesanal en las Rías Baixas, identificando individualmente cada pulpo, mientras que “PescadeRias” será aplicable a pescados, algas y mariscos capturados en las aguas continentales gallegas, es decir, en la costa que va de la desembocadura del Eo a la del Miño, por barcos que salen y entran diariamente del puerto y emplean artes de pesca selectivas. Se trata, en definitiva, de identificar los pescados gallegos del día.

Los consumidores tenemos derecho a saber si las sardinas que compramos en la plaza o en el supermercado proceden de aguas gallegas, de Portugal, de Asturias o de cualquier otro sitio. Si nos venden almejas procedentes de Cataluña diciéndonos que son gallegas es como si nosotros le pagamos a la pescadera con un billete falso: parece bueno, pero no lo es.

© Miguel Vila Pernas (Publicado en El Progreso o 20-10-2007)


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