Hay que joderse con lo insolidario y jeta que es el ser humano. Y a mayores desagradecido.
Dicen que nuestro cuerpo está compuesto de agua en un porcentaje altísimo, igual son las tres cuartas partes, pero ahora no tengo ganas de mirarlo ni en gugle para confirmar. El caso es que somos agua en un porcentaje altísimo pero nos interesa más la ginebra. Para beber, digo. Y si, ya se que la ginebra también es agua en otro porcentaje altísimo, pero esa es precisamente la parte de la ginebra que nos trae al fresco.
Decía que además somos desagradecidos. De la parte que no somos agua yo calculo que un cacho muy grande somos pan, porque algo tiene que quedar en nosotros del mucho, mucho pan que comieron nuestros antepasados. Pues lo mismo que con el agua. Somos pan pero renunciamos al pan porque, dicen los que no saben más, sé nos pega a la cintura. ¡Lo que hay es mucho indocumentado suelto!.
Lo que decía, que los seres humanos somos unos desagradecidos. Y las humanas más (¡joder, que no se poner en femenino políticamente correcto lo de “seres humanos”!), que como pretenden cuidar más la cintura no solo renuncian al pan, sino que también lo hacen a la matequilla, que no es más que grasa, precisamente otra de las cosas que somos, y mucho, algunos.
Para acabar de rematar la cuestión también somos incongruentes. Como escribe mi amigo Cristino (Álvarez, of course) en Origen, el Padrenuestro que rezaba su abuela (la mía también, quiero decir que también lo rezaba, aunque fuese una abuela diferente a la de Cristino), decía “el pan nuestro de cada día dánosle (sic) hoy” mientras en el Génesis se puede leer “ganarás el pan con el sudor de tu frente“.
Yo, la verdad, prefiero el pan dado… y la miel regalada











