Centola

De la Ría. Tres palabras que se pueden leer multitud de veces en cartas de restaurantes, en tablillas de los mercados, en etiquetas de los supermercados o de productos industriales, acompañando siempre a algún pescado o marisco. En algunos casos es posible comprobar si efectivamente el producto procede de alguna ría gallega, pero no siempre.

Las almejas, los mejillones o los berberechos que están en un saquito de malla cerrado deben llevar una etiqueta en la que se indique el origen del producto y donde fue depurado. Y aunque pasaran por una depuradora ubicada en una ría gallega, si las almejas proceden de Tarragona, tarraconenses son.

En el mercado la cosa es más difícil, ya que estos mariscos, y los demás, se presentan simplemente en grandes cajas de plástico o madera, y normalmente sin la tablilla preceptiva, en la que se debería indicar el origen, la especie de que se trata y el precio. Como las vendedoras de nuestros mercados continúan ancladas en la vieja práctica del regateo (que es lo que va a acabar con los mercados tradicionales si no le ponen remedio ya), las tablillas desaparecen siempre y solo nos queda fiarnos de lo que nos indique la vendedora, que siempre nos va a asegurar que su marisco es gallego de pura casta y fresco-fresquísimo. La confianza es, en estos casos, parte fundamental de la compra.

En el restaurante esa confianza es la única garantía que tenemos. Y a veces mejor es desconfiar.

Viene toda esta perorata a cuento de que hace unos días interceptaron en Asturias un camión cargado de marisco foráneo destinado al Grove, seguramente el lugar de Galicia con más marisquerías por metro cuadrado y donde en verano el marisco llena las mesas. En verano, la peor época para el marisco gallego, con muchas especies en veda.

El camión no fue interceptado porque la importación de marisco hacia Galicia sea ilegal, que no lo es. Fue interceptado, y su carga decomisada, porque no iba debidamente documentada. Lo mismo que pasaría si la Guarda Civil intercepta un camión cargadito de nécoras desembarcadas en Cambados camino de Vigo, pero sin documentación.

Que Galicia importa marisco procedente de Francia, de Escocia o de Irlanda lo sabe todo el mundo. Que parte de ese marisco es de una excelente calidad también. Las vieiras, que los restaurantes gallegos emplean con profusión, desde los más modestos a los de más alta gama, o son foráneas o, de ser gallegas, son seguramente congeladas, después de ser evisceradas, tal como marca la normativa. Vieiras gallegas frescas (también evisceradas) solo hay en el mercado en esas escasas fechas en que desaparece la toxina que las afecta y se pueden capturar. Viva, en el mercado nunca encontrará vieira gallega. Y si la encuentra alejese rápidamente de ellas: proceden de la pesca furtiva, no tienen ninguna garantía sanitaria y, si las compra, puede usted ser detenido. No sería la primera vez.

También es sabido que el bogavante que procede de Escocia tiene una calidad muy semejante al gallego. Afortunadamente, porque la estadística oficial dice que cada año se descargan en los puertos gallegos menos de tonelada y media de bogavantes. Ponga que otras tres toneladas se comercializan sin pasar por la rula y tenemos, con un poco de suerte, 4.500 kilos de bogavante gallego en el mercado. Poco, muy poco.

Con las nécoras, los centollos o el buey no pasa lo mismo. Todo parecido entre un buen centollo gallego y uno de importación es pura coincidencia. Sin duda las importadas son buenas, pero las gallegas son excelsas.

Y no hai comparación entre esas navajas importadas, capturadas sabe dios porque sistema para que vengan llenas de arena, y los longueiróns de Fisterra, capturados por buceadores que los recogen cuando el animal casi está fuera de la arena y sale limpio como una patena.

El marisco de importación tiene muy mala fama en Galicia. La misma que esos turistas que vienen en verano con la intención de comer una mariscada impresionante y baratísima. Alguien debería explicarles que lo bueno hay que pagarlo lo mismo aquí que en Madrid o Barcelona. Que los percebes le cuestan lo mismo la un hostelero de cualquiera de las capitales citadas que a uno de Compostela porque el transporte ya no es una lacra para este tipo de productos (puede darse la paradoja de que cueste más transportar los percebes de Corme a Santiago que de la misma villa a Madrid). Deberían saber que aquí la gente también cobra por su trabajo y que esos que vienen con la mentalidad de cambiar oro por baratijas (cómo dirían mis admirados Le Luthier) habitualmente consiguen llevar unos estupendos abalorios a cambio de su oro.

Pero, ¿que pasaría si en vez de ser gallegos fueramos italianos?. Pues haríamos lo que ellos hacen con el aceite de oliva, consiguiendo que las estanterías de los supermercados de medio mundo estén llenos de aceite español (imagino que también tunecino) que los clientes compran cómo italiano. Aquí ya conseguimos lo mismo: los turistas compran cómo marisco gallego, y muchas veces al mismo precio que si lo fuera, lo que en realidad procede del otro lado del canal de la Mancha.

El problema es que esa práctica beneficia a los especuladores y perjudica a los productores gallegos y al país entero, ya que las marcas “Galicia” o “gallego”, con tanto prestigio a sus espaldas, resultan enmierdadas.

Proyectos para poner solución a este problema hay desde hace tiempo. Como por ejemplo ese que permite marcar uno por uno, y de manera imborrable, cada pieza de marisco que sale de las aguas gallegas, lo mismo un bogavante que un pequeño berberecho. Un proyecto que permitiría dejar claro qué es marisco gallego y que no lo es. Un proyecto que lleva meses durmiendo en algún cajón oficial quién sabe porque motivo. En otra ocasión hablaré más sobre el asunto. Hoy ya me extendí más de la cuenta.

La centolda de la foto es cien por cien gallega. Garantizado

Percebes y navajasUn buen etiquetado es fundamental para que el consumidor conozca lo que compra y lleva a casa. Por lo menos el consumidor que se preocupa de algo más que del precio de lo que compra y consume.

Las normas legales que regulan el etiquetado de los alimentos, frescos o transformados, parece estar hecha a gusto de la gran industria y de las grandes cadenas de distribución, más que al servicio de los consumidores, así que mal empezamos.

Los grandes productores y las grandes cadenas de distribución en lo que están interesados es en el rendimiento económico de sus negocios. Los consumidores son para ellos tontos útiles que no es necesario mantener informados, vaya, mejor mantenerlos mal informados o desinformados.

Nos quedan solo los pequeños productores, que son los más interesados en conseguir que sus productos se etiqueten correctamente y, al mismo tiempo, los que menos recursos tienen para conseguir que así sea.

En Galicia el mundo del mar parece en los últimos tiempos estar especialmente sensibilizado con este asunto y busca fórmulas para conseguir que nuestras materias primas lleguen al mercado perfectamente identificadas y que sea el consumidor el que elija. “PescadeRías” fue una marca nacida en la anterior legislatura como proyecto de la entonces Consellería de Pesca. Pero hay ejemplos que nacen directamente del sector productor, como “Polbo das Rías“, la marca de calidad conque la cofradía de Bueu identifica el pulpo capturado por su flota en aguas gallegas. O “Pescaldía” la marca con la que desde Ribeira se comercializa pescado del día listo para consumir.

En verano tendremos en el mercado dos nuevas marcas de calidad para los productos gallegos de la pesca: “percebedascíes” y “navallasdascíes”. Ambas marcas están ya registradas por la cofradía de Cangas, que está ahora montado las estructuras necesarias para ponerlas en el mercado, posiblemente en el mes de junio.

Así que cuando vea percebes y navajas identificadas con esa marca sepa que se trata de marisco gallego y no procedente de Marruecos u Holanda. El precio no va a ser el mismo, pero la calidad de los percebes y las navajas gallegas no tienen ni punto de comparación con los otros.

Entrevista en A vivir que son dos días Galicia (Cadena SER).

“La Xunta investiga si 25 restaurantes tenían en su carta marisco furtivo”. El titular de La Voz de Galicia hace referencia a la campaña de inspección realizada en los días previos a la Semana Santa y que dio un resultado más o menos esperado; de 84 restaurantes inspeccionados en 25 casos no quedó clara la procedencia del marisco que en ese momento estaba en su poder. No olvidemos que los restaurantes están obligados a conservar las facturas de todo lo que compran y que dan fe de la procedencia de cada uno de los alimentos empleados. Desconozco cómo se resuelve esto en el caso de los alimentos producidos en la propia huerta del restaurante, por ejemplo.

La comercialización y consumo de mariscos furtivos supone dos problemas principales.

El furtivismo tiene una fuerte repercusión económica. Sobre la economía de los mariscadores legales y sobre la economía de las arcas públicas, ya que evidentemente aquí no hay IVA, IRPF, etc. En muchos casos el furtivo se lleva lo que otros previamente cultivaron. Por ejemplo las almejas o los berberechos, en cuyos parques de producción se realizan labores como la retirada de algas o la repoblación, cosa que en ambos casos cuesta trabajo y dinero.

El otro efecto del furtivismo es el potencial riesgo sanitario, especialmente en el caso de los moluscos (almejas, berberechos, ostras, vieiras, mejillones…) que deben pasar por la depuradora antes de su comercialización. Hay incluso zonas cuyos moluscos no pueden destinarse al consumo en fresco ni aún pasando por las depuradoras.

Resulta evidente que el marisco furtivo no pasó por la depuradora, con lo que los gastos se reducen aún más.

Sería, por lo tanto, lógico que una vez probado que tal o cual restaurante vende marisco furtivo, siempre después del correspondiente expediente sancionador, se diera conocimiento a la sociedad de la identidad de los mismos, que al fin y al cabo defraudan a Hacienda y hasta pueden poner en peligro nuestra salud. Entiendo que de momento no se ofrezca esa información porque mientras no se demuestre lo contrario se les supone inocentes. Pero cuando se demuestre lo contrario la mejor sanción es la publicidad, porque las multas está claro que no sirven para mucho.

Y mientras llega ese día hagamos todos un examen de conciencia para recordar cuándo fue la última vez que comimos aquel marisco buenísimo y baratísimo (imposible que se den las dos condiciones si no hay nada raro por medio), o cuando se lo compramos a fulano o mengano, que nos lo trae a casa de tapadillo.

Porque lo cierto es que lo que no se consume no se produce.

El monstruo de la foto no es tal, sino una inocente centolla

CentolaEl Diario Oficial de Galicia publicó el último día de 2009 el Plan General de Explotación Marisquera para 2010. A continuación recojemos las fechas de las vedas de los crustáceos. Para el caso de almejas, berberecho, navajas, pulpo, erizos, etc., las fechas se establecen en función da cada zona, por lo que es mejor consultar el DOG

Nécora (Necora puber). Del 2 al 5 de enero. Del 5 de julio al 31 de diciembre.

Lumbrigante (Homarus gammarus). Del 1 de julio al 31 de agosto.

Langosta (Palinurus elephas) Del 1 de julio al 31 de agosto.

Santiaguiño (Scyllarus arctus) Del 1 de octubre al 31 de diciembre.

Cangrejo (Carcinus maenas) Todo el año.

Conguito (Macropipus corrugatus) Del 2 enero al 31 de marzo. Del 1 de julio al 31 de diciembre.

Patulate (Macropipus depurador) Del 2 enero al 31 de marzo. Del 1 de julio al 31 de diciembre.

Centollo (Maja squinado) Del 2 de enero al 30 de junio. Del 28 de noviembre al 31 de diciembre.

En las zonas señaladas en el anexo I queda prohibido el calamento de artes de enmalle desde lo 1 al 31 de enero y desde lo 28 de noviembre al 31 de diciembre.

Buey (Cancer pagurus) Del 2 de enero al 30 de junio. Del 28 de noviembre al 31 de diciembre.

En las zonas señaladas en el anexo I queda prohibido el calamento de artes de enmalle desde lo 1 al 31 de enero y desde lo 28 de noviembre al 31 de diciembre.

El año próximo puede traer una auténtica revolución al mercado del marisco gallego: la identificación individual de cada pieza con un sistema de marcado imborrable.

Imaginen lo que supondrá llegar al mercado y que las almejas, las navajas o las ostras, por poner algún ejemplo, estén marcadas una por una. Se acabó el negocio de los que dan gato por liebre.

Permanezcan atentos a sus monitores, porque seguiremos informando. La cosa va a dar que hablar.

El Concurso de Cata por Equipos Colección Costeira, organizado por la Cooperativa Vitivinícola del Ribeiro, llegó a su fin el 28 de noviembre, con la última prueba que enfrentaba a los equipos ganadores de las distintas semifinales y la posterior comida y entrega de premios, que tuvo lugar en las instalaciones de la cooperativa, en Ribadavia.

Finalmente el equipo de Pontevedra se hizo con el premio, adelantando por solo tres puntos al de Ourense. Los madrileños consiguieron la tercera plaza.

Después de las pruebas y antes de la entrega de premios la bodega nos obsequió con una comida fastuosa que diría mi admirado Joaquín Merino: centollos, bueyes de francia, cigalas, nécoras, camarones, langostinos, todo precedido por una estupenda empanada y seguido de cañas fritas, almendrados, rosquillas y dulces judíos de Ribadavia. Todo, naturalmente, regado con Viña Costira, Colección Costeira y Tostado de Costeira. Dieta gallega como dice la publicidad de Viña Costeira.

Antes de la comida se desvelaron los vinos empleados en la cata. Y las botellas fueron quedando en la mesa más próxima a la entrada. Justo la que yo compartía con el presidente de la Cooperativa, el presidente del Consejo Regulador de la D.O., el gerente de la cooperativa, el incansable Argimiro Levoso, el periodista de la Radio Gallega, Alberto Rivero, y dos invitados de las bodegas Muga, vinos que la Cooperativa distribuye en Galicia desde hace décadas. Como era una pena que el Chateau d’Yquem se fuera a echar a perder, no nos cortamos un pelo y dimos buena cuenta de el.

La comida fue como una gran boda gallega y ni en las mesas más activas fueron capaces de dejar limpias las fuentes donde los camarones, las cigalas o las nécoras parecían reproducirse por generación espontánea, que por mucho que les metieramos mano nunca las fuentes parecían tener fin. Creo que el equipo madrileño lleva una buena historia para contar a los amigos capitalinos, que reforzarán esa idea común a muchos mesetarios que piensan que en Galicia las nécoras andan sueltas por las aceras.

Los ganadores se llevan un estupendo viaje por las principales denominaciones de origen del Camino de Santiago.

Ahora dejo una galería de fotos. Los videos en otro momento

La Cofradía de Pescadores de Lira (Carnota) convoca un concurso de recetas elaboradas con productos de la pesca en la que pueden participar todas las personas físicas que lo deseen con recetas de elaboración propia o adaptaciones de otras ya existentes.

Las bases se pueden ver en la web de la Cofradía. Se podrán enviar recetas durante todo el mes de junio y el ganador se llevará un lote de productos valorado en 200 euros.

SanmartiñoEl mundo del pescado vive malos tiempos, y muy especialmente en este mes de febrero que ya finaliza. Parte del problema lo explican alto y claro las vendedoras de la plaza: “En febrero todo el mundo quiere laconadas”. Efectivamente la cosa es así, pero fuera de Galicia esa costumbre desaparece y la demanda de pescado no sufre tal distorsión.

Así que La Voz de Galicia informa de que algunos pescados bajaron hasta un 50 por ciento en los mercados coruñeses. No quiero pensar como andará la cosa por las lonjas, donde esa bajada tuvo que ser muy superior.

Otra pescantina dice que la culpa es de los pescadores, que capturan más de lo que demanda el mercado. Y algo de razón tiene porque efectivamente una buena parte de la flota gallega no es capaz aún de autorregular sus capturas con criterios económicos. Pero no son todos. Ejemplos pueden encontrarse, y muchos, de cofradías que reducen las capturas máximas autorizadas para no saturar el mercado, y solo llegan al máximo en épocas de gran demanda, como puede ser la Navidad o el verano. Es el caso de los buzos de Aldán que andan a la navaja.

De lo que no se habla casi nunca es de los intermediarios. Algunos hacen su trabajo y se llevan por eso una parte del valor del pescado. Pero otros no son más que puros especuladores que compran en una lonja, cargan el pescado en un camión y lo van a vender a otra donde saben que sacarán mejores precios. En este caso la información es poder, poder económico.

Y a veces sucede que esos especuladores son los que deciden sobre el trabajo de los marineros, cuando avisan de que “mañana no voy a comprar tal pescado o marisco”. Y el profesional del mar se queda en casa y no lleva una perra chica al bolsillo porque sabe que no va a vender lo que capture ese día ya que el especulador se va a preocupar de que nadie lo compre.

Pero poco a poco los hombres del mar se van agrupando y con el empuje de unos pocos comienzan a autorregular su trabajo y a entrar en el mundo de la comercialización. Ya hablé de los que reducen capturas diarias para no saturar el mercado, pero tal vez el gran ejemplo que tenemos hoy en el país es Lonxanet, que vía internet lleva el pescado directamente de la lonja a su casa. En el capital de Lonxanet están representadas varias cofradías gallegas y una parte de los beneficios se dedican a impulsar avances en el mundo de la pesca.

También hay que destacar iniciativas con marcas de calidad como Pulpo de las Rías, que identifica todo el pulpo captura de forma artesanal y en aguas gallegas por la flota de Bueu (Pontevedra). O los percebiños de Baiona, que antes solo servían para estropear el mercado y ahora se venden en lata, y con gran éxito fuera de Galicia, como se pudo ver en el Forum Gastronómico de Girona o antes en el Forum del Mar de Cambrils (Tarragona). A la lata no van los buenos percebes de Baiona, sino los pequeños, los muy largos y los que no tienen la textura de los mejores. Antes se vendían en lonja a precios de saldo y eso repercutía a la baja sobre los de buena calidad, que los especuladores entienden más de precio que de calidad.

Como consumidor puede parecernos interesante que los precios bajen. Pero si a los economistas les preocupa que la reducción de la inflación se convierta en deflación y cause una catástrofe mayor que la que ya tenemos encima, a los consumidores debe preocuparnos la posibilidad de que los hombres del mar abandonen su oficio ante la falta de rentabilidad, y la calidad de los pescados y mariscos de nuestras costas se vea sustituida por la de esos otros que vienen de miles de kilómetros de distancia y, a pesar de los costes de transporte, siguen siendo baratos. Por algo será.

P1090999Hace más de un año Colineta anunciaba la próxima aparición en el mercado de la marca de calidad “pescadeRías”, que de la mano de la Consellería de Pesca e Asuntos Marítimos de la Xunta de Galicia llegaba para amparar el pescado de la flota gallega de bajura, así como mariscos, cefalópodos y algas.

Según la Consellería, la marca de calidad certificó desde su puesta en marcha en el mes de marzo de 2008 y hasta el pasado día 31 de diciembre entorno a 418.000 kilos de recursos marinos procedentes de nuestras costas. De esta cantidad, 299.668 kilos se corresponden con moluscos bivalvos, 52.990 con crustáceos, 50.404 con equinodermos, 13.440 con pescados y 1.481 con cefalópodos.

Actualmente, un total de 15 entidades del sector de la pesca de bajura y el marisqueo de nuestra comunidad autónoma están autorizadas para certificar, etiquetar y vender los recursos marinos que extraen del mar bajo este marchamo. Se trata de las cofradías de Baiona, Bueu, Aguiño, Portonovo, Cangas, Cedeira, Sada, Fisterra, Ribadeo, Mugardos, O Vicedo, Vilaboa, Noia, así como la lonja de Campelo y la cooperativa Mar do Morrazo. Además, empresas mayoristas de importancia en Galicia están comercializando ya recursos pesqueros amparados por la marca de calidad y, asimismo, fábricas de transformación gallegas están ultimando los trámites para poder certificar sus mercancías.

Cabe destacar, que en los casi diez meses en los que lleva funcionando este distintivo de calidad, la lonja del Campelo fue la entidad que subastó mayor cantidad de producto “pescadeRías”. Fueron en total 197.524,49 kilogramos de moluscos bivalvos, de los que 151.204,40 fueron de berberecho, 22.839,20 de almeja fina, 21.831,29 de babosa y 1.646,60 de almeja bicuda. La siguiente entidad que más producto certificado vendió fue la lonja de Baiona con 91.960,65 kilos, de los que 3.017 fueron de bivalvos, 56 de cefalópodos, 29.976,25 de crustáceos, 50.404,50 de equinodermos y 8.506,90 de pescados. La tercera cofradía en cantidad de recursos marinos etiquetados con “pescadeRías” fue la de Vilaboa que vendió un total de 82.166,73 kilos, en su totalidad de moluscos bivalvos: 862,75 de almeja babosa, 6.433,65 de almeja fina, 4.382 de rojiza, 49.590,63 de japonesa, 20.369 de berberecho y 528,70 de carnero.

La estas tres entidades le siguen en importancia las cofradías de Bueu y Aguiño con más de 19.000 kilos vendidos de productos “pescadeRías” cada una, Portonovo con casi 5.000 kilos y Mugardos con más de 2.000. A continuación se sitúan O Vicedo con algo más de 230 kilos, Ribadeo con 131 y Cangas con 128 kilos.

Foto: pescadeRías en Forum del Mar, Cambrils

SantiaguiñoSe escribe mucho y bien sobre los mariscos gallegos en Galicia y fuera de ella. Se escribe muchas veces, también, con bastante desconocimiento del asunto. Pero hay un marisco gallego del que pocas veces se habla porque no son muchos los gallegos, y seguramente menos los de fuera, que lo hayan visto si no es por fotografías. Hablo del santiaguiño.

Según estadísticas de la Consellería de Pesca, en esta campaña se subastaron en las lonjas gallegas algo menos de 700 kilos de este marisco, con una enorme diferencia entre los precios más altos (130 euros por kilo) y los más bajos (6 euros/kilo).

Así que me extrañó ver el día 23 de diciembre dos cajas de ellos en la plaza de abastos de Santiago de Compostela, y más aún me sorprendió el precio de los mismos: 65 euros kilo el día anterior a Nochebuena. Claro que los compradores y compradoras andaban como locos en la busca de camarones, percebes, almejas… y no reparaban mucho en aquellos mariscos que muchos ni conocían. Seguro que esta Nochebuena hubo santiaguiños en las mesas de los compostelanos más avisados.

Durante bastante tiempo, hasta que los probé por primera vez, los santiaguiños fueron para mí un auténtico misterio. Un buen amigo de la zona de Ferrol, amante de la buena mesa, siempre ponía el santiaguiño por derribo de cualquiera otro marisco, mientras yo leía a Álvaro Cunqueiro escribir en A Cociña Gallega: “Quedan algunas cosas menudas, unas que no son de mucho mérito, como los santiaguiños, que tiran a seco, aunque haya aficionados a comerlos en tortilla, con perejil picado“. El día que los probé por primera vez también me pregunté qué santiaguiños habría comido Cunqueiro, porque lo cierto es que mi amigo tenía razón.

En un tiempo no va a ser fácil volver a ver este marisco, por lo menos gallego, ya que con el año terminan los tres meses en los que en Galicia está permitida su captura: octubre, noviembre y diciembre. Si fuera de este trimestre los ve en algún lugar tendrán que proceder de Asturias o Portugal, por ejemplo, donde no existe período de veda. Y no se fíe de los sitios donde le digan que solo se pueden encontrar en el mes de julio, que son muchos. Se trata de una información que va con varios años de retraso. Efectivamente, hubo un tiempo en que en Galicia solo se permitía la captura de santiaguiños en el mes de julio, pero en los últimos años es el último trimestre del año el apto para la captura.

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