Ostra en escabeche

Ostra

Tengo el firme convencimiento de que cocinero más cunqueiriano de cuantos andan por Galicia es Pedro Roca y estoy seguro de que el mindoniense apreciaría la cocina de este ferrolano asentado en Compostela tanto como el cocinero aprecia la obra del escritor. Roca sigue siendo uno de los tesoros escondidos de la cocina gallega, probablemente por su carácter inicialmente retraído, retraimiento que desaparece en cuanto se establece la menor relación con él. Me lo decía la redactora de TVE que nos entrevistó a ambos para el telediario gallego, el canal 24 horas y el programa “España en comunidad” (TVE 2).

Cuando vi sobre la mesa el menú cunqueiriano que Pedro había montado para las tomas de la televisión decidí que había que probarlo lo antes posible. Las fotos son la mejor prueba de este menú, que se ofrece por 35 euros más bebidas: ostra en escabeche, xoubas con pimientos sobre borona, vieira, rape a la primavera (el menú incluye rodaballo salvaje, pero ese día se había acabado), bertón relleno, colineta y requeixo de A Capela.
Xoubas con pementos sobre broa
Xoubas
Vieira
Vieira
Rape a la primavera
Rape
Bertón recheo
Bertón
Colineta e requeixo
Colineta - requeixo

De Colineta

La actuación de la Junta de Andalucía retirando del mercado marcas de aceite que decían vender algo diferente de lo que había en la botella me lleva a pensar en los habituales e incesantes fraudes comerciales que sufrimos los consumidores, entendiendo cómo “fraude comercial” aquel que nos afecta al bolsillo pero no a la salud. Nos dan gato por liebre, pero gato apto para el consumo.

Yo, que empecé en el mundo del periodismo hace tres décadas con un reportaje sobre el asunto siempre estuve muy sensibilizado con el tema. En aquel primer reportaje escribía sobre alubias de todo origen, incluidas de importación, que se hacían pasar por originarias del Barco de Ávila, que entonces tenían mucho predicamento en Madrid.

Y sigo sensible con el asunto, siendo consciente de que hay cosas que todos consideramos fraude, incluidas las autoridades porque contravienen las leyes y normativas legales establecidas, y otras que respetando esas leyes huelen a tomadura de pelo en toda regla, lo que automáticamente me lleva a pensar en que las leyes están mal hechas o, pensando mal, cosa que se me de la bien, que las leyes están hechas a la medida de la industria y sin pensar para nada en el consumidor.

En este segundo cesto meto, por ejemplo, todos esos alimentos industriales, como por ejemplo margarinas, que en su etiqueta ponen, muy grande, tres palabras mágicas: Aceite de oliva. Y después en la composición indican, muy pequeño, que de aceite de oliva llevan el 15 por ciento del 40 por ciento de la materia grasa de que están compuestas, es decir, una miseria frente a otros aceites y grasas que no detallan.

En el primer caso están esas marcas de aceite que prometen virgen extra y dan virgen o cualquier otra cosa.

Claro que el problema no está únicamente en Andalucía y en el aceite. En Galicia hacía falta que las administraciones actuasen con contundencia alrededor de uno de nuestros productos estrella: el marisco.

Miles de personas son engañadas cada día, en Galicia y fuera de ella, con “marisco de la ría” que nunca puso los pies en aguas gallegas. Los espabilados se aprovechan del desconocimiento del consumidor y de la deficiente trazabilidad de los productos del mar, para vender, hoy mismo, bogavante gallego. Busque en internet y seguro que rápido le proponen enviarle a casa unos estupendos bogavantes gallegos, eso sí, con precios alrededor de 50 euros los kilo.

Antes de encargarlos debe saber que el bogavante está en veda desde el pasado 31 de agosto, así que, con suerte, le van a mandar bogavante procedente de Escocia o Irlanda que, por suerte para usted, es tan bueno como el gallego. Pero no es gallego.

No se desespere si ya se la colaron, porque lo hacen con cualquiera. Hace pocas semanas también comieron bogavante gallego, en Galicia, algunos expertos gastrónomos que no tuvieron la precaución de hablar con el bicho antes de meterle el diente. Por el acento lo hubieran distinguido fácil.

Lo más lamentable del asunto es que existe el prototipo de una máquina, diseñada en Galicia, que permitiría marcar uno por uno los bogavantes capturados en nuestras aguas, y los centollos, las nécoras, las ostras, los berberechos, las navajas. Si el don de lenguas se transmitiera a través de lo que comemos, los gallegos hablaríamos cuatro o cinco.

Por cierto, lo que esta semana vi en el Franco compostelano, que muchos seguramente confundirán con un santiaguiño enormes es, en realidad, cigala real. Posiblemente procedan de los viveros que tiene un vigués en Senegal. Cuentan que es un marisco de muy buena calidad.

Yo soy nieto de cazador. Y aunque no conocí los grandes tiempos venatorios de Paco de Pisón, los aromas de un buen plato de caza actúan en mi cabeza como los de la magdalena de Proust y vuelvo a la niñez. A aquel día, por ejemplo, en que el abuelo cazó la última nutria que se comió por la comarca. No me pregunten por su sabor, que era tan niño que solo recuerdo que la nutria fue a la cazuela y nada más. A lo mejor igual lo soñé.

Este verano me contaron que en el mismo sitio del río donde fue muerta aquella nutria sigue una pareja, que se deja ver con frecuencia a pesar de que el lugar se encuentra en medio y medio del pueblo. La noche que me lo contaron miré mucho para el río, con la esperanza de ver las nutrias y, de reojo, las figuras del abuelo y Prudencio, esperando el momento preciso para un tiro imaginario. Imaginario porque, afortunadamente, la nutria ya no se puede cazar.

Pongo por adelantado que a mí me gustan los guisos tradicionales de caza. De conejo, de liebre o de perdiz, que algún día quisiera probar con esa curiosa receta que recoge Emilia Pardo Bazán: rellena de sardinas. Dice la Condesa que algunos aprecian más el relleno que la propia perdiz. Me gustan, y mucho, las costillas asadas del corzo, como aquellas que un día de invierno, no hace muchos años, pusieron de tapa en O Atallo, en Ferreira do Valadouro. ¡Y gratis!.

Así que no me importaría tener tiempo para visitar A Taberna do Valeco antes de que finalice el año. La verdad es que por el anuncio que reproduzco del periódico El Progreso merece la pena el viaje hasta Mondoñedo: entre 6 y 10 euros el plato de caza es un precio casi de cuando mi abuelo empleaba escopeta de avancarga

De la oferta lo más caro es la perdiz (a nuestro modo), que sale por 10 euros. El jabalí con castañas, el ciervo asado con champiñones y la liebre asada quedan en ocho euros. Los pimientos rellenos de codornices y el jabalí con habas de Mondoñedo por siete y el guiso de liebre por seis.

Si las cañas rellenas del postre son las tradicionales de Mondoñedo, de hojaldre y relleno de natillas, el final de la comida va a ser como una traca de fuegos de artificio.

Y después, para bajar la comida, un buen paseo por el barrio de Os Muíños, en el que se emplaza la Taberna, atravesado por el río Valiñadares y los canales hechos para el servicio del barrio, canales que llevaron a un exagerado Cunqueiro a bautizar Os Muíños como la Venecia mindoniense. ¿O también lo soñé?.

Imprescindible la visita al Puente de los Ruzos, nombre que no le dirá nada la quien no sepa que también es conocido como Ponte do Pasatempo, allí donde, según la historia o la leyenda, que se confunden en este caso, los enviados de la curia mindoniense entretuvieron a la mujer del Mariscal Pedro Pardo de Cela, portadora del indulto real, hasta que las campanas de la catedral tocaron a muerto.

El requeixo será el protagonista el próximo domingo en A Capela (A Coruña), con la celebración de la 21 edición de la Festa do Requeixo y la sexta edición del concurso de recetas con requeixo de A Capela.

En la fiesta habrá requeixo a hartar ¡y del bueno! que malo en A Capela no saben hacerlo. Y música, mucha música, con Leilía, Vaamonde, Lamas y Romero, la banda de Narón y la banda de gaitas Basilio Carril. También habrá humor con las Cantareiras de Ardebullo… y pregón a cargo de Miguel Vila, que promete ser breve para no aburrir hasta a las vacas.

Aguardo verte por allí.

Nota: aún estás a tiempo de participar en el concurso de postres con requeixo

¿Te vas a fiar de lo que escriba en este post sin cuestionar desde la primera a la última línea?. Mal haces, que a lo peor te tomo el pelo queriendo, sin querer o sin ser consciente de que lo hago e incluso de lo que hago.

Las bibliotecas están llenas de mentiras. En un mundo en que el conocimiento técnico y científico avanza a una velocidad de vértigo, lo que ayer era verdad puede que hoy ya solo lo sea a medias y que mañana se descubra que se trababa de un error. Y después están las mentiras intencionadamente escritas.

En las cosas del comer pasa lo mismo, y hubo un tiempo en que el pescado azul o el aceite de oliva eran reputados cómo malos, malísimos, y hoy parecen ser una bendición. Mañana ya veremos.

Pero volvamos con las mentiras. Las bibliotecas están llenas de mentiras a pesar de que en el proceso de edición y publicación de un libro intervienen muchas manos ajenas al autor del texto con capacidad muchas veces para encontrar la verdad. Así que en un medio cómo internet, en el que cada uno de nosotros es autor y editor, la cosa se multiplica inevitablemente. Bueno, lo de llamar “autor” a muchos de los que publican en internet es un eufemismo, ya que muchos no son más que copistas, un trabajo que tuvo su razón de ser en la Edad Media, razón que desapareció con el invento de la imprenta. Otros no hacen más que lo que en una biblioteca se llamaría “revisión bibliográfica”, con la única diferencia de que en este caso se citan las fuentes de la información con todo tipo de detalle y en internet lo más habitual es que se oculten para mayor gloria propia.

Así que de todo lo que leo en internet yo me fío de unos pocos autores cuya trayectoria conozco y me ofrecen total fiabilidad. Son tan pocos que se cuentan con los dedos de una oreja y pocos más. Del resto, pongo en tela de juicio dos palabras de cada par escrito.

La cosa se complica cuándo aparecen anuncios como el de la foto (llegué a él a través de Twitter gracias a @nafuente). Se buscan críticos de restaurantes que escriban desde su casa. Se ofrecen 50 céntimos por crítica de 50 palabras y no se piden estudios ni experiencia de ningún tipo. Ya hay casi 500 candidatos para cinco puestos y empiezo a sospechar que yo no voy a estar entre los seleccionados y por lo tanto no podré contar las cosas más en detalle.

La cosa no es exclusiva de los medios digitales. La irresponsabilidad parece que está tomando posiciones en los periódicos en papel. Hoy mismo leía en el periódico Galicia Hoxe un artículo sobre el pescado y el verano. Un artículo firmado con nombre y apellidos en lo referido al texto. Sobre el origen de las fotos decía: internet. Se ve que el becario o redactor, el jefe de la sección y el redactor jefe de turno no saben que también en internet hay fotos amparadas por los derechos de autor.

Con el 25 de junio llegó el estreno de la segunda edición del Santiago(é)Tapas, el concurso en el que participan 50 locales de la capital de Galicia con 109 tapas, que se podrán degustar hasta el 12 de julio.

En la primera sesión y con buena compaña visité cuatro locales de la primera etapa (Plaza del Obradoiro), en los que degustamos un total de nueve tapas. El tomate, jurel y sopa blanca del Enxebre sorprenderá a muchos ya que en el plato se presenta simplemente un tomate pelado y crudo sobre una salsa blanca. El pescado está dentro, recordando un plato ya mítico en Compostela: el tomate kinder de Marcelo Tejedor.

La sardiña, que el año pasado se convirtió en la gran campeona del concurso, vuelve a tener protagonismo en esta edición, en este caso marinada y acompañada de gelatina de tomate (De Profundis). Y si Ácio ganaba el concurso 2008 con su sardina de San Juan, que ayer seguía en la oferta de tapas del local (4 euros), este año presenta unos guisantes con callos de bacalao y una singular empanada de pulpo seco y algas.

Completamos la ruta con el revuelto campesino con pimientos del convento de Herbón y el gazpacho de fresas con perla de melón acompañado de tostada de queso fresco con mermelada de tomate (De Profundis), pionono crocante de ibérico y corazón de manzana (Enxebre) y la tosta de salmón y el arroz pescador del Caamaño

Foto tomada de www.santiagoetapas.com. Empanada de polbo seco

Cada 23 de junio escribo sobre sardinas. Y a veces sobre cerezas, que si ahora en Galicia junio es mes de sardinas (los periódicos llevan días hablando del incremento de sus precios) antes lo era de cerezas. Cuándo mi padre era joven en O Valadouro se probaban las cerezas el día de San Juan, pero si hoy quedan allí cerezos las cerezas posiblemente ya se comieron. Cosas, supongo, del cambio climático.

Ahora junio es mes de sardinas. Y no porque estén ahora en su mejor momento, sino porque desde hace pocas décadas este pescado no puede faltar al lado de las hogueras de San Juan, mezclado con churrascos y chorizos, que poco a poco se van haciendo dueños de la noche e incluso puede que en un tiempo no muy lejano acaben dejando las sardinas en segundo lugar.

Dice el refrán que “por San Juan ya la sardina moja el pan”. Un dicho que anuncia que comienza la buena temporada de este pescado, que conseguirá sus mejores momentos bien entrado el verano.

Junio es ahora mes de sardinas como antes fue de cerezas y antes de fresas, que se comían, pienso que robados, en la ciudad de A Coruña después de las hogueras de San Juan, hace, eso sí, alrededor de un siglo.

No volveré hoy sobre lo ya publicado en los últimos años, que se puede leer aquí, aquí e aquí, pero aprovecho para recordar que en julio, los días 17 y 18, Vilaxoán (Vilanova de Arousa), vuelve a festejar las sardinas revenidas

Santiago(é)tapas, el concurso de tapas de Santiago de Compostela, ya está en marcha. Del 25 de junio al 12 de julio podrán degustarse las 109 tapas presentadas por los  participantes en esta segunda edición.

Como el año pasado, habrá cinco rutas de tapas y premios para todos los que completen por lo menos una etapa de su tapasporte.

Como novedad, este año se crea el tapasporte colectivo, con el objetivo de fomentar la participación de grupos de empresa en las diferentes rutas.

Los hosteleros participantes competirán para conseguir uno de los premios otorgados por el jurado y por el público, aunque en la pasada edición el premio más apreciado por los mismos fue el alta participación de público.

Foto: “Sardiña de San Xoán” 1º premio en 2008

La mayoría de la gente se sorprende cuando descubre que en Galicia también se produce aceite de oliva. Incluidos muchos gallegos, desconocedores de que en otro tiempo parece que en el sur del país hubo olivos abundantes, de los que por la zona de Quiroga, en el sur de Lugo, quedan muchos rastros en forma de árboles que pueden alcanzar los 500 años de edad.

Hasta no hace mucho la producción de aceite de oliva en esas zonas estaba destinada en exclusiva al autoconsumo, pero últimamente los curiosos pueden encontrarlo en algunas tiendas, en pequeñas cantidades y a precio elevado (a partir de 12 euros el medio litro), pero con una calidad muy buena.

Lo que no se encuentra aún en las tiendas son las aceitunas de mesa. Pero todo se andará.

Martín Álvarez, alma mater de la asociación cultural As Estrugas, de Ourense, se empeñó un día en que las ortigas fueran consideradas una verdura más y, aunque el fenómeno no sea masivo, ya se pueden ver en las cartas de algunos restaurantes. Sin dejar las ortigas, anda ahora metido a alquimista de la aceituna, con el objetivo último de conseguir que los paisanos que aún tienen un olivo en la puerta de la casa pongan sus frutos en tarros de cristal para consumir a lo largo del año, en vez de dejar que las coman los pájaros o se pudran al pie del árbol.

De los experimentos de Martín, que ya consiguió subir a su carro a profesores de la Universidad de Vigo y a la empresa conservera Champivil, no van a salir aceitunas rellenas de anchoa, sino aderezadas, como es costumbre en las zonas más productoras. Por el momento los intentos van en la busca de un aderezo gallego, así que ya las probó con chorizo casero y con ajo, aceite y pimentón, los ingredientes de la tradicional ajada.

Yo tuve oportunidad de probar estas últimas y el resultado me parece muy bueno y esperanzador. Para conocer el resultado final habrá que aguardar a comienzos del próximo año, cuando Champivil piensa hacer una prueba de mercado con unos 300 kilos de aceitunas. ¡Vayan reservando las suyas!

Hace pocos días escribía sobre el requeixo con motivo de la presentación del libro “Recetas con Requeixo” publicado por la cooperativa Campo Capela (no olvidéis que tengo un ejemplar para sortear entre los comentarios publicados en Colineta) y hoy vuelvo a hacerlo para presentar una nueva marca de requeixo gallego: Lácteos Anzuxao.

Anzuxao es una fabrica artesanal de queso acogido a la denominación de origen Tetilla, pero que también produce quesos semicurados, tipo país y bajos en grasa, así como el requeixo, que lleva en el mercado pocos días.

El requeixo de Anzuxao está a medio camino entre el producido por Campo Capela, Arquega o Lorán, más líquidos, y el hecho por la cooperativa del Condado-Paradanta en As Neves, que resulta mucho más sólido que el de Anzuxao, elaborado en el ayuntamiento pontevedrés de Lalín.

Este nuevo requeixo conserva todas las cualidades de sabor y aroma del requeixo tradicional, pero resulta menos ácido que las otras marcas lo que, junto con la textura, lo hace distinto a los comercializados hasta ahora. Si antes teníamos en el norte requeixo de comer con cuchara y en el sur para hacerlo con tenedor, ahora tenemos a medio camino esta nueva marca que sirve para una cosa y otra.

Por el momento Anzuxallo produce menos de 100 kilos semanales de requeixo, elaborado con leche pasteurizada de sus propias vacas. Pero no lo busquen en tiendas y supermercados porque no van a dar con él: solo se vende por encargo y se lo llevan a su propia casa. Se puede pedir al teléfono 986 794 135. De momento sirven a toda la provincia de Pontevedra, la mitad sur de A Coruña, la zona de Chantada en Lugo y parte de Ourense.

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