Hay gentes que piensan que solo lo que llega de fuera es bueno, sin enterarse de que se engañan a sí mismos y, lo que resulta más grave, a sus clientes. Otras, por el contrario, no encuentran fuera del país nada comprable con el nuestro. Son dos posturas extremas y, evidentemente, equivocadas ambas.

De vez en cuando se les unen la política y ya la cosa toma rumbos absurdos. Recuerden aquel boicot al cava catalán.

En Galicia somos mucho de los segundos. Lo nuestro por delante de cualquiera otra cosa. E incluso hay quien está dispuesto a darle a las cosas todas las vueltas que sean necesarias para hacer nuestro lo que no lo es.

El pasado primero de junio expresaba mis dudas sobre si la cerveza “Gallaecia”, que se anuncia cómo “cerveza celta” se producía en Galicia o venía de fuera del país. Tardé un mes en conseguir hablar con el responsable de la misma, quien me aseguró por activa y por pasiva que la cerveza salía de la fábrica de San Amaro, en Redondela y que estaban preparando una nueva fábrica en Mos.

Luego contaba Gómez que no querían hacer mucho ruido con la cerveza ya que la capacidad de producción era poca y no tenían seguridad de poder abastecer todos los bares que la demandaban. A pesar de todo, hoy la cerveza se puede comprar en Alcampo, por lo menos en Santiago, por lo que es de suponer que los problemas de producción se solucionaron.

Digo que es de suponer porque Miguel Gómez ya no atienden mis demandas de información. Ni por teléfono, ni por correo electrónico. Vaya, que incluso en facebook le pedí que me admitiese como amigo y dio la callada por respuesta. También le pedí que me facilitara una visita a la fábrica de San Amaro para ver personalmente el proceso de producción de la cerveza y tampoco contestó.

Hasta que hace poco una persona de “dentro” me dijo que la cerveza no se producía en Redondela, sino que era importada de Hungría y en Redondela únicamente se envasaba.

La fotografía corresponde al número 16 de la calle El Muro, en Redondela (Pontevedra). Yo también pensé que estaba equivocado, por eso pregunté a la gente que andaba por allí y me dijeron que vivían en la zona. Gentes que me confirmaron que la fábrica de cerveza está en esta nave. Pero la actividad es tan escasa que nadie en la villa me supo decir dónde estaba la fábrica de cerveza. Ni los taxistas, que únicamente sabían decirme que había cerrado hace años. ¡Hablaban de la Mahou!.

Seguiré intentando hablar con Gómez, a ver si aclaramos la cuestión

De Colineta

Aquel día nadie aceptaba nuestra invitación a cerveza. Ni a chorizos. Más bien ponían cara de asco y huían de nuestro lado. Hasta que me encontré con el hijo mayor de Ramón de Felipe (disculpas pido por no recordar su nombre) que bebió cerveza, comió chorizo y después dijo: “mi padre era de la pandilla del tuyo“. Y se marchó tan contento. Él no sabía quién era yo, que llevaba la cara bien tapada, pero conocía de sobra el cuento.

Era Carnaval en O Valadouro. En un tiempo en que el Carnaval era allí fiesta grande y las máscaras tomaban las calles y los bares de la villa.

El disfraz era sencillo. Cualquier cosa vieja que encontramos en el desván. Lo más destacado era la bacinilla, que poníamos debajo del grifo de la cerveza sin aguardar a que nos invitaran, y en la que también llevabamos algún chorizo. La broma era comer chorizo, beber de la bacinilla e invitar a tododios.

Muchos años antes mi padre y sus amigos habían hecho lo mismo en otro Carnaval. Siempre lo contaba cuando llegaban esas fechas.

Ese año los imitamos con gran éxito. Entrabamos en el Atalaia, invitando a cerveza, cuando el hijo de Ramón de Felipe en vez de huir comió y bebió.

Ahorrar más de la cuenta en la información que se ofrece a través de las etiquetas o por cualquier otro medio puede acabar levantando sospechas y rumores como los aparecidos en las últimas semanas sobre la cerveza Gallaecia, que se presenta como gallega pero únicamente dice que se fabrica en la UE.

En estos días pude leer y escuchar opiniones de todo tipo, desde quien defendía la fabricación gallega de la cerveza hasta quien sugería un posible origen en Estados Unidos o Rumanía. Y también escuché sí sería una segunda marca de Estrella Galicia porque alguien decía que era Estrella quien la distribuía. Lo único cierto para mí era que Estrella Galicia nada tenía que ver porque precisamente desde la cervecera coruñesa me habían preguntado por el origen del nuevo producto.

Intenté varias veces, sin éxito, hablar con algún responsable de Enerdrinks, empresa compostelana fabricante de Gallaecia. Intenté también hablar con alguien de San Amaro, fábrica de cerveza emplazada en Redondela, una vez que un lector de Colineta aseguró en un comentario que era allí donde se fabricaba Gallecia. Pero no hubo manera. Hasta ayer en que Miguel Gómez, gerente de Enerdrinks, me atendió amablemente para confirmar que el lector de Colineta estaba en lo cierto y que Gallaecia se elabora en la fábrica de San Amaro, en Redondela.

Gómez, que desde la primera llamada a Enerdrincks había sido identificado como el único interlocutor válido, indicó que su empresa había adquirido la mitad de San Amaro y que están construyendo una nueva fábrica en Mos (cerca de Vigo), a donde se trasladará en pocos meses no solo la producción de Gallaecia sino también de la cerveza San Amaro. Al frente de la producción en Mos continuará Amaro González, asesorado por maestros cerveceros de fuera de Galicia.

Las instalaciones de Mos, como bien apuntaba el lector de Colineta, tendrán una zona de degustación y permitirán conocer de cerca el proceso de producción de la cerveza. Pero la empresa está interesada en que su comunicación mantenga un perfil bajo hasta la inauguración de Mos, y de ahí el silencio que mantiene.

No quieren gastar ahora la pólvora que van a necesitar cuándo inauguren la nueva planta. Y tienen miedo además de no ser capaces de abastecer el mercado solo con las instalaciones de Redondela. De hecho, según indica Miguel Gómez, ya en una ocasión estuvieron a punto de romper el stock necesario para suministrar a los actuales clientes, ya que la capacidad de producción en Redondela, según Gómez, es de entre 10 y 15.000 botellas al mes.

Parece, por lo tanto, una maniobra arriesgada inundar con Gallaecia el mercado de Compostela, llenando bares y más bares de carteles anunciadores, sin terner el suministro garantizado. Y resulta arriesgado mantener al mismo tiempo un gran silencio motivado porque el único interlocutor válido para los medios de comunicación pasa más tiempo en el extranjero que en su empresa. Parece evidente que Enerdrinks tiene un problema de comunicación, pero lo mismo se decía de Zara…

Gallaecia (cervexa celta)

Gallaecia. Cerveza celta” leo en una carta de cervezas en el bar de todas las mañanas mientras tomo el primer café del día. Le pregunto al responsable de los establecimiento por la novedad y me dice que es un nuevo producto de Enerdrinks, una empresa compostelana creada hace poco tiempo y que está compitiend con los más grandes en el mundo de las bebidas energéticas. “Cuando salga de trabajar llevaré una para probar”, le anuncio mis intenciones al camarero.

Finalmente marché a casa con dos cervezas diferentes. Una tostada y otra denominada Mil800, denominación que inmediatamente trajo a mi cabeza a 1906 de Estrella Galicia. Pero no, Mil800, por lo que explica la contraetiqueta, fue el “siglo no muy lejano en el que el Reino de Galicia dejó de ser“.

En la misma contraetiqueta leo “Gallaecia retorna a los sabores auténticos de la bravura Celta, un homenaje al espíritu superviviente del asedio en el Monte Medulio y siempre vivo a través de los tiempos“. Naturalmente, echo a temblar, aunque pienso que el celtismo puede ser un reclamo turístico y de marketing como cualquier otro. Claro que el otro lado de mi personalidad me habla de que en esta cerveza no voy a encontrar los sabores auténticos de la bravura Celta, que por lo que yo sé el empleo del lúpulo en la cerveza es posterior a aquella época. Al final tanto me da la parte folclórica del asunto, aunque la iconografía me suena más a irlandesa que a gallega, si la cerveza es gallega y buena.

Ahora, después de probar las dos variedades, diré que buena no me pareció. Un amargor desproporcionado (¡manda carajo que lo diga yo, que me gusta la cerveza amarga!) y sabores extraños, junto con un sabor muy pronunciado a azúcar quemado en la tostada, no me parecieron una buena carta de presentación.

Tampoco me parece que la cerveza sea gallega. La etiqueta dice “producida en la UE” lo que hace sospechar a cualquiera que fue producida fuera de España, y más si la responsable del producto es Enerdrinks, una empresa de éxito que con diez o doce trabajadores en Compostela factura más de veinte millones de euros al año con bebidas fabricadas en Milwake o Florida, por ejemplo. Cuando esto escribo llevo varios intentos de hablar con alguien en la empresa, sin éxito. Pero en cuanto lo haga añadiré a este post los datos que me puedan facilitar.

Yo pagué 1,90 por cada cerveza (33 cc) y ya las vi a 2,10 en el Ensanche, pero me dicen que en el casco viejo de Santiago algunos locales la venden incluso a 3 euros. De momento yo voy a seguir con la Estrella Galicia.

EstrellaNavidadCada año, Estrella Galicia elabora una cantidad limitada de su cerveza coincidiendo con las fiestas de Navidad y empleando para ello exclusivamente lúpulo cosechado en Galicia. Se trata de una edición limitada, con botellas numeradas y bajo la marca Estrella de Navidad.

Un año más he tenido la oportunidad de tomarme unas cuantas de estas rarezas. La Estrella de Navidad no es la Estrella Galicia que estamos acostumbrados a tomar a la que simplemente le hubieran cambiado la etiqueta.

El empleo de lúpulo gallego es, tal vez, lo que más llame la atención, pero la gran diferencia que yo noto con la Estrella de todos los días está en el hecho de que la de Navidad está hecha exclusivamente con malta, mientras que la de todo el año lleva una parte de maíz (creo recordar que un 15 por ciento). Y se nota, vaya si se nota.

No se cuántas botellas sacaron este año, pero hoy me bebí la 590.040

Estrella¿Imaginan entrar en un bar de Haro, pedir un Rioja y que le contesten que no hay, pero si quieren pueden tomar un estupendo Valdepeñas?.

Parece imposible, pero en Galicia pasa a veces que pide uno una “estrella” que por aquí es sinónimo de cerveza, y le dicen que solo hay Mahou, Heineken o Super Bock, por citar tres marcas habituales en ese tipo de sitios. Cuando eso pasa no dejo de manifestar mi disconformidad con tal situación, y no resulta raro que me contesten a la gallega: es lo que hay. Entonces recuerdo aquel cartel que una vez vi en Dinamarca en la que un caballo bebía de un cubo cerveza de cierta marca y meaba en otro cerveza de la marca rival. Mi caballo solo bebería Estrella Galicia. Y mear… mearía cualquier cosa.

Entonces me cago en cribas y en todo ese falso concepto de excelencia que algunos taberneros nos quieren vender aunque que en realidad solo piensan en su bolsillo. Entiendo que en ciertos locales, que son franquicias de determinadas marcas, no tengan cerveza Estrella Galicia, como en las franquicias de Estrella solo hay cerveza coruñesa, y los vinos, agua, sidra y zumos que produce o comercializa.

Y en el resto de locales puedo entender que caigan en la tentación de poner el grifo de la marca que mejores condiciones económicas les ofrece, pero eso no debe implicar que se niegue al cliente la oportunidad de tomar una Estrella, porque lo cierto es que para el paladar de una amplísima mayoría de gallegos no hay cerveza como la fabricada en A Coruña. El amargor marca la diferencia entre la Estrella y el resto de cervezas españolas, estando la nuestra muchos puntos por encima que las demás en este asunto.

Lo peor del asunto es que este hecho no se produce solo en locales de poca monta, sino también en otros que presumen de su gran oferta de vinos, por ejemplo, pero no tienen una cerveza decente. Dan pena.

Prometía ayer un video sobre la manera de tirar una caña de cerveza y aquí está.

El maestro cervecero de Estrella Galicia, José Luis Olmedo, explicó que para tirar una caña bien hay que acercar el vaso al grifo, inclinarlo 45 grados y abrir completamente la llave, descartando el primer chorro y cortando el paso de cerveza cuando esta llena las tres cuartas partes del recipiente.

A continuación poner el vaso vertical, alejarlo del grifo y volver a abrir este un poquito, lo suficiente para que en el vaso caiga un pequeño chorrito de espuma. Se vuelve a cerrar la llave cuando falta medio dedo del vaso por llenar, para evitar que la espuma se derrame.

La caña debe quedar con por lo menos dos dedos de espuma, en la que se van a diferenciar dos zonas, una superior de espuma de burbuja grande y otra inferior de burbuja fina. Por debajo de esa capa de espuma habrá una nebulosa de gas, que no llega a formar espuma pero que va a ser la responsable de que la misma permanezca en el vaso hasta el final.

Olmedo demostró de manera práctica que lleva el mismo tiempo tirar bien una caña que hacerlo mal. Y también quedó claro que la cerveza sabe mejor cuando está bien tirada.

Ver: Capítulo o

Dos mil cuatrocientos años antes de Cristo los sorianos ya bebían cerveza. Por lo menos esa es la conclusión a la que uno llega después de escuchar a José Luis Olmedo, uno de los dos maestros cerveceros de Estrella Galicia, asegurar que en relación con la cerveza los restos arqueológicos más antiguos aparecidos en Europa tienen esa antigüedad y se encontraron en Ambrona (Soria) “lo que cabrea bastante a los alemanes“, dijo.

Estrella Galicia reunió hoy a un grupo de periodistas para una cata de cervezas y posterior comida en la que no hubo vino y nadie, po lo que parece, lo echó de menos.

Entre la cata y la comida hubo sesión de tiraje de cañas. Olmedo explicó el sistema y quien quiso pudo probar su destreza en un arte poco común en Galicia. Después de los resultados obtenidos en la primera o segunda caña que tiraron algunos periodistas quedé convencido de que solo tira mal la cerveza quien quiere, es decir, la mayoría de los taberneros gallegos. Habrá un video sobre el asunto.

Aprendemos los rudimentos de la cata de cervezas, que el tiempo no daba para más, pero también que la cerveza tal y como la conocemos en la actualidad no llegó a España hasta mediado el siglo XVI, cuando Carlos V trae de Alemania sus maestros cerveceros. La industria de los sorianos de hace más de 4.400 años no prosperó.

Y supimos que Estrella Galicia es la cuarta empresa cervecera de España en importancia, pero la primera de capital íntegramente español. Por delante están Mahou-San Miguel (propiedad de la francesa Danone, ya ven que la cosa tiene chiste cuando estamos a punto de celebran el 201 aniversario del levantamiento madrileño del 2 de mayo). En segundo lugar se sitúa la alemana Heineken (propietaria de Cruz Campo y Águila) y en tercer lugar Damm, que ya no es de propiedad catalana sino alemana.

Parece que los españoles no somos grandes consumidores de cerveza, ya que estamos por debajo del promedio europeo y muy por debajo de checos y alemanes, que son los grandes bebedores de rubias del continente. Deberían tener checos y alemanes una salud envidiable, ya que según Olmedo la cerveza reduce el riesgo cardiosaudable, reduce el colesterol malo, aumenta el bueno y aporta antioxidantes naturales. El truco está en que para conseguir esos beneficios sin efectos colaterales hay que hacer un consumo moderado de cerveza, así que igual somos los gallegos los que nos beneficiamos de tales propiedades.

Olmedo insistió mucho en intentar rebatir el mito de que la cerveza engorda, asegurando que un vaso de cerveza tiene las mismas calorías que uno de zumo de naranja. El problema va a ser, digo yo, que cuando uno sale de farra está dispuesto a beber varios vasos de cerveza, pero no conozco a nadie que haga lo mismo con varios de zumo de naranja.

Y finalmente una última curiosidad: la cerveza más cara del mundo es danesa. Se trata de la Calsberg vintage. Una botella de 35,5 centilitros (algo más que una Estrella, que tiene 33 centilitros) cuesta alrededor de 250 euros.

¡Que espera Calsberg a hacer una cata para periodistas en Santiago!.

Foto: José Luis Olmedo

EstrellaCuando llegué a Madrid en 1976 me llamó la atención la gran afición de los madrileños por acompañar sus cañas de cerveza con conservas de pescados y mariscos. El “escabeche”, término con el que se referían a un taco de atún o bonito en escabeche, habitualmente acompañado de cebolla cruda, dio paso a berberechos, mejillones, almejas, zamburiñas… siempre en lata.

Y no se trataba exclusivamente de las viejas tabernas madrileñas, pues con el paso del tiempo abrieron otras nuevas que tenían a gala ofrecer conservas de gran calidad, por mucho que las marcas fueran desconocidas para el gran público, que vivía en los tiempos de aquel divertido anuncio televisivo en que dos calvos (Jesús Puente y Juanjo Menéndez) vendían la marca Calvo y su atún “claro”.

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Escena: bar de buena reputación de Santiago de Compostela. Un grupo en una mesa. El cliente se acerca a la barra, desierta y abre un periódico.

- Una Estrella, por favor.

- No tenemos Estrella. ¿Damm? ¿Heineken?

- Mejor un blanco. ¿Tendrá un godello?

El cliente mira el periódico mientras le sirven el vino. Algo después, el camarero se vuelve a acercar y dice:

- Ahora le voy a poner unas lentejas.

Marcha para la cocina y mientras el cliente observa. En el otro extremo de la barra vasos y tazas del café sin recoger y en el mueble de la pared varios montones de papeles que aparentan facturas y cosas semejantes. La sensación de desorden se incrementa a causa de la pila de botes de Coca Cola y Aquarius en el suelo junto a la puerta de la cocina.

- Ojo con la cazuelita que quema. Dice el camarero que pone en la barra una abundante tapa de lentejas.

El cliente olvida el desorden del local y regresa al periódico. Y cuando piensa que las lentejas enfriaron toma una cucharadita y se quema la lengua con ellas.

- La cazuela estaría caliente, pero las lentejas hervían, piensa.

Pasan los minutos, termina el vino y paga 2 euros por el mismo. Más de la mitad de las lentejas quedan en la cazuela a causa de una temperatura excesiva.

Baja el telón.

Pues todo esto me aconteció a mí en Compostela, en un local cuyo nombre callo de momento.

Pero, ¿qué es peor, no tener Estrella en Galicia, cuando es la cerveza que los gallegos demandan en una mayoría abrumadora, o servir las lentejas calientes como plomo fundido?.

Ilustración: anuncio en El Emigrado (A Estrada, Pontevedra), 7-agosto-1928

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