Galicia. Guía para el Turista. 1917

De Colineta

Hace unos días tuve una de esas sensaciones extrañas que causan hechos como que en un escaparate lleno de libros algo desordenados la vista vaya automáticamente al más pequeño: Guía para el Turista 1917.

Editada por la Asociación de Hoteleros y Fondistas, y de reparto gratuito, la guía cuenta Galicia a través de sus monumentos y, curiosamente en una guía turística, de su economía. Hay momentos en que uno recuerda la Descripción económica del Reino de Galicia, de Lucas Labrada.

De ver las cosas a través de los ojos del redactor de la guía, la gran atracción gallega de hace poco menos de cien años eran los balnearios, mientras que la gastronomía era poco más que residual.

Hay menciones a la calidad de los restaurantes de las diversas ciudades y a la satisfacción que dan a los viajantes, pero poco más, se exceptuamos algunos párrafos dedicados a los vinos cuando se trata del Ribeiro.

Por eso, desde el punto de vista gastronómico, lo más interesante de la guía me parece que es el anuncio de Kessler, de A Coruña. Sorprenderá a más de uno saber que algunos productos de América no llegaron a España en las últimas décadas, sino que ya estuvieron entre nosotros hace tiempo, como esas frutas que podían degustar algunos coruñeses en 1917. Para todos no habría, ni los precios estarían al alcance de cualquier bolsillo.

Entonces la emigración gallega hacia el otro lado del Atlántico estaba en pleno apogeo y los trasatlánticos que unían España con La Habana, Montevideo, Buenos Aires… hacían escala en A Coruña, Vigo, Vilagarcía de Arousa… El tráfico de seres humanos en una y en otra dirección iba acompañado del transporte de mercancías y por eso en A Coruña había frutas tropicales y en los periódicos de La Habana se anunciaban, por ejemplo, vinos del Ribeiro.

Imagino que la guerra civil debió tener mucho que ver con la interrupción de ese tráfico de mercancías exóticas hacia Galicia, aunque los barcos seguían atravesando el Atlántico y en uno de ellos, la motonave Covadonga, llegué yo un día de septiembre de 1961 al puerto de A Coruña, procedente de La Habana. Seguro que en aquel barco, y en los que llegaron después, venían de nuevo algunos de esos productos exóticos, como los frijoles negros cubanos y el arroz de grano largo Hon Chi que mi madre compraba en La Sucursal cada vez que iba a Lugo. Hasta el día que mi padre decidió sembrarlos en O Valadouro y descubrió que se daban igual de bien que las alubias. Entonces no había todo lo que ofrecía Kessler en 1917, pero algo seguía llegando a Galicia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *