Contra los descartes en la pesca. Responsables somos todos

Miradas

Comienza una campaña, que va a dar mucho que hablar, contra los descartes de pescado que se devuelve al mar por los más diversos motivos, causando una mortalidad de la que nadie se aprovecha. Por el momento parece que todas las manos tiran piedras hacia el mismo objetivo, que no son otras que las grandes empresas de la pesca, como si fueran las únicas responsables de lo que sucede. Y responsables somos todos.

No quedan muy lejos los tiempos en que se tiraban al mar barcos enteros de jureles, sardinas, bacaladillas… porque los precios en la lonja no conseguían unos mínimos rentables. No eran barcos de grandes empresas.

El furtivismo sigue estando presente todos los días en nuestras costas. Se recogen pescados y mariscos fuera de temporada, en tallas que no llegan al mínimo exigido y en zonas prohibidas por cuestiones sanitarias. Y se recoge porque alguien compra esos productos. Ni los furtivos ni los “peristas” son grandes corporaciones. Muchas veces son simples consumidores.

Así que el problema somos todos, en mayor o menor medida. Son las grandes empresas pesqueras, las pequeñas y las artesanales. Y somos los consumidores y, como no, los cocineros que ahora encabezan la campaña.

No es de recibo que los consumidores gallegos consuman merluza desembarcada en el puerto de Boston, trasladada en avión hasta el aeropuerto de Vitoria, desde allí en camión hasta un almacén logístico situado en algún lugar que desconozco y desde ese almacén vuelta a viajar en camión hasta Galicia. Después del consumo de gasoil, queroseno y horas de trabajo que eso supone, esa merluza está en el supermercado al mismo precio que la desembarcada en cualquier puerto gallego. Algo falla. Entre otras cosas el criterio de los consumidores de esa merluza, que en la preceptiva tablilla solo miran el precio.

Y somos responsables, consumidores y cocineros, por cerrar nuestro consumo a un reducido número de especies, descartando el resto. Los barcos no traen a tierra lo que en tierra no hay manera de comercializar.

Creo que en Galicia vivimos una situación relativamente distinta de otras partes de España. Aquí, junto con merluzas o lenguados, podemos encontrar en el mercado y en el restaurante especies baratas pero deliciosas, como jureles, escachos, caballas, sardinas… pero ya no es tan fácil ver las fanecas, maragotas, bacaladillas y tantas otras variedades que cada día descarga en nuestros puertos la flota de bajura.

Me parece muy positivo luchar contra los descartes y por una pesca más respetuosa con el medio marino. Pero con sentidiño y reparando en las vigas y en las pajas, en los ojos ajenos y en los propios.

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