Freces

Freces

Las freces nacieron, seguro, de la necesidad. De la necesidad de aprovechar todo lo que había en la casa en la que nada sobraba, en una economía campesina de subsistencia.

Y cuando se cocía la mantequilla para llevarla al mercado, no se podían desaprovechar los restos de la misma que quedaban en la olla. Y con el pan reseco que quedaba en la cocina, un poco de leche y harina y algún huevo, todo mezclado y cocido, se obtuvo una pasta, como unas papas bien espesas, a las que únicamente les faltaba algo de dulce para convertirse en una golosino deliciosa. En casa no habría azúcar, ni con que comprarla, pero sí miel.

La receta estuvo justo a punto de desaparecer, pero alguna cabeza bien amueblada de Bretoña, en el ayuntamiento lucense de Pastoriza, pensó que podían dedicarle una fiesta gastronómica a las freces, en compañía de la bola de liscos de la que ya hablamos en un post anterior. Pudieron hacer la fiesta del churrasco y acabar antes, pero prefirieron recordar la cocina de sus antepasados, demostrando que por aquellas tierras aún queda gente sensata.

Hoy para preparar las freces ya no es necesario recurrir a los restos de la mantequilla cocida y se emplea la mantequilla toda, en compañía de pan reseco remojado en leche, harina de trigo, huevos los que se necesiten, miel y azúcar. Y mucho esfuerzo para preparar cinco grandes ollas de freces para después de la bola de liscos, en una comida calórica que demanda una buena siesta en una camposa fresca, en las que Pastoriza es abundante.

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