Se fue Joaquín Merino, un hombre “fastuoso”

Puede que fuese él uno de los responsables de que yo siempre anduviese metido entre cazuelas, por lo menos en el aspecto escrito de la cuestión. Él, junto con Eugenio Domingo y Acacia Uceta son mis referentes de un estilo de radio que escuché de chaval. Carlos Tena y Adrián Vogel (Para vosotros jóvenes) eran los otros y, miren por donde, el primer día de clase en la facultad de Periodismo de la Complutense el profesor quiso conocernos por nuestros nombres (¡y eso que éramos alrededor de doscientos alumnos!) y después de Vila, Miguel Vila, dijo el nombre de Vogel, Adrián Vogel, que era el que se sentaba a mi derecha.

Pero quería escribir sobre Joaquín Merino. De aquellos años de mediados de la década de los setenta se mezclan en mi cabeza el nombre de un programa de sobremesa (Estudio 15-16) y los de Fernando Rodríguez Madero (puede que fuera el presentador) y los ya dichos Joaquín Merino, que hablaba de gastronomía e historias londinenses, Acacia Uceta (escritora y viajera, que hablaba pues, de viajes, como ahora hacen sus hijos) y Eugenio Domingo, el hermano menos conocido de Xavier, que también contaba sus historias fantásticas y gastronómicas. Puede que todos coincidiesen en el mismo programa o lo hagan solo en mis recuerdos, pero formaban un tándem fenomenal, fastuoso, que diría el admirado Merino.

Twitter acaba de traer la noticia del fallecimiento de Joaquín Merino, que nos deja sin una pluma y una voz básicas en el periodismo gastronómico y de viajes.

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