#ACunqueiro: un gran banquete cunqueriano

Foto: Soledad Felloza

Este feliz y tibio noviembre lo reservamos algunos amigos para honrar la memoria del escritor y gastrónomo gallego más importante del siglo XX, por no decir de la historia de Galicia, sentados alrededor de una mesa bien servida.

Es de rigor, para comenzar, una visita al restaurante Ácio, del laurentino Iago Castrillón, donde nos agasajan con un ilustre vino de la Ribeira Sacra y una tapa que recuerda aquel pollo con higos comido por Cunqueiro debajo de una higuera al pie de la torre de Caldaloba, en la chaira lucense.

Después, en el restaurante Pedro Roca, llega a la mesa el lacón trufado, en la gran tradición coquinaria de Occidente y que aquí conservaron las grandes abadías de antaño y los pazos del XVIII.

Después la ostra en escabeche, en otro tiempo objeto de exportación en barrilitos, seguido de los bertóns rellenos, de larga tradición en Galicia, aunque en este caso en su interior había centollo y no carne picada.

Tras ellos las ancas de rana en salsa verde, plato celebrado entre los huéspedes del más famoso hostal de Antioquía, la ciudad sumergida por la laguna de Antela donde los caballeros de la Tabla Redonda y sus ejércitos aguardan, convertidos en mosquitos, el regreso del rey Arturo.

Le sigue el risotto con tropiezos de vaca, que aguardaban los soldados de Roma cuando las tropas de Fanto Fantini della Gerardhesca los sorprendieron y vencieron. Y después la perdiz al espeto, receta en la que era experto el curandero Matías Vello, que se ofrecía para cocinar en las casas en que era convidado a comer y daba lecciones de compostura en la mesa y enseñaba a trinchar el capón.

Avanzaba la tarde cuando llegaron a la mesa el requeixo con miel y la más aparatosa de las tartas gallegas, conocida como de Mondoñedo. Después el café (el curandero Liñares de Eirís cobraba en café, que decía era más limpio que hacerlo en dinero) y las roscas, que eran de Casa Marcelo, bañadas en almíbar.

Beiral está en la donación de Odoario, obispo repoblador de Lugo, pero por un día Beiral estuvo en Compostela, como antes que yo dijo Pantagruel.

NOTA: para los lectores de Cunqueiro resultará fácil adivinar que este post está compuesto con retales del maestro de Mondoñedo y lo que no es suyo es imitación.

El menú fue dirigido por Pedro Roca, con la colaboración de Flavio Morganti (Risotto de vaca vieja), Chef Rivera (Perdiz al espeto) y Marcelo Tejedor (Rosquillas). Mil años de éxitos a los cuatro y a Iago Castrillón, que nos ofreció el aperitivo.

Gracias mil a Manolo y Soledad Felloza, que lo trabajaron duramente. A Antonio Portela, que explica los vinos con la misma mirada de John Malkovich en sus películas. Al Consello da Cultura Gallega, Asociación de Hostelería de Santiago y María Fechoría, por su colaboración. Y a todos los que participaron y participan, presencialmente o a través de la red, en este homenaje a Álvaro Cunqueiro.

Y no olvidéis que el día 22 se celebra el centenario del nacimiento del escritor. En Santiago lo celebraremos con una ruta gastro-literaria que podría repetirse en otras ciudades y villas gallegas.

Recomendables:

Capítulo Cero, Pantagruel supongo, Laconada, O viticólogo dos bagos, Carmen Albo

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