Agudelo “meigo”, o viño de Betanzos

El reportaje de Alfonso Andrade en La Voz de Galicia sobre la inscripción de algunas variedades gallegas de uva en el registro de variedades comerciales, lo que hará que ahora se puedan comercializar legalmente vinos que hasta anteayer estaban en el mercado de forma irregular, me hizo recordar cuantas veces escribe Cunqueiro sobre el agudelo de Betanzos, así que busco en mis listas y encuentro el artículo El viaje a Betanzos, publicado en el Faro de Vigo el tres de septiembre de 1952.

Escribe Cunqueiro:

Hay en Betanzos una clara y vivaz antigüedad, y no más llegar, ya anda uno dándole vueltas en la cabeza al problema de la situación de Betanzos en la antigüedad gallega, y me gustaría dilucidarle lo que tienen de románico y de gótico, y lo que hay en Betanzos de la Ilustración. Pero en este viaje no. Este ha sido un viaje de fiestas: a los caneiros -de los que se hablará-, a ver subir el globo, a los Juegos Florales en honor del agudelo meigo, del vino de país. (Conste ahora que cuando yo dije, haciendo oficio de pregonero en los Juegos, que el vino de Betanzos era un ‘vino cadete en la posible Real Familia de los vinos gallegos’, era elogio lo de cadete y no peyorativa adjetivación. Y ya añadí que si algún día los gallegos nos poníamos a ello, y acordábamos un rey en el ribeiro y una reina en la familia de los dorados albariños, el agudelo de Betanzos sería como un señor infante niño, bullicioso y alegre, enamorado compañero).

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