Selecciones del Reader Digest

Tuve yo un amigo en los madriles que sabía de todo, y sabía mucho. Digo que tuve y ya no tengo hace por lo menos veinte años porque en cambio sí tengo la facilidad de cantarle las cuarenta a algunos amigos, pensando que, intentando reformarlos, les hago un favor la ellos y a la humanidad, y lo único que consigo es perder amigos y que la humanidad siga igual de perdida.

Decía que aquel amigo mío sabía mucho y de todo. Pero en realidad lo único que sabía era aparentar, y también la fecha en que llegaba al quiosco el Selecciones del Reader Digest que tenía a cientos en su casa y componían su única lectura.

Era, claro está, un tipo espabilado, que siempre procuraba llevar la conversación a campos que los demás no dominaran para, con cuatro palabras bien puestas y dos latines, dejarlos a todos estupefactos, a todos menos, claro está, a los que conocíamos su secreto, que estupefactábamos (a ver cuándo me incorpora el palabro al diccionario la Real Academia) al ver lo fácil que resultaba engañar a la gente. Por entonces yo quería ser como mi amigo, triunfante en todas las ocasiones, pero un problema ideológico siempre me impidió leer aquel comecocos de las Selecciones. ¡Que mierda de ideologías, que le impiden a uno triunfar!.

Viene todo esto a que hoy me encuentro, en cuestión de pocos minutos, con dos títulos de reciente aparición en el mercado que gustosamente le regalaría a mi ex-amigo consiguiendo con el regalo no sé si la reconciliación o un incremento vectorial de la inquina. (No entiendo nada de vectores, pero me pareció que quedaba bonito y le hacía un homenaje al interfecto).

Tales libros son Presume de vinos en siete días” y “Saber de vino en tres horas“. Del primero tuve noticias hace un rato, cuando recibí la revista Origen. El segundo llegó a mí un ratito después a través de Facebook. Pura casualidad en menos de media hora, que solo me lleva a pensar que este post estaba predestinado a ser escrito hoy.

Confieso sin vergüenza y por adelantado que no leí ni un libro ni lo otro y por eso pongo dos enlaces con quien sí parece haberlos leído. Pero los dos títulos me dejan algo inquieto. ¡Me recordaron a aquel viejo amigo!.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *