Rigor histórico

Veo en la televisión al concejal del ramo justificando el interés de la feria medieval que acontece en su villa y repite varias veces la misma frase: “Rigor histórico“.  Parece que no es suficiente decir que las tales ferias son un espectáculo más de los muchos que nos ofrece el verano, sino que resulta preciso que ese espectáculo dé una visión fiel de la vida de una época de la que, por lo que leo a los historiadores con cátedra en la Universidad, no tenemos una visión fiel, especialmente en las maneras y costumbres de alimentarse las gentes de entonces. Y si sabemos algo, cuentan, es de los poderosos y del clero, que muchas veces eran la misma cosa.

Pero el concejal insiste en el rigor histórico exigido a la empresa organizadora de la feria mientras en mi cabeza doy un repaso a los puestos de venta de chorizos y embutidos adobados con pimentón, a los puestos de gominolas o a los que permiten refrescarse con un mojito, que también los he visto en ferias medievales, y con gran éxito.

También se ven, por lo menos en Galicia, grandes asados de cerdo, lechón, vaca… que vienen de lo que Manolo Gago denominó como churrascomanía del gallego y encajan muy bien en la feria medieval porque el cine fijó en nuestras cabezas la imagen del caballero medieval que regresa al castillo después de una dura batalla, arranca con las manos la pata de un lechón, de un cordero o de una ave que se está asando y come de ella (sin quemarse aunque que viene del fuego), le da un bocado y le echa a los perros el resto. Ni creo que fueran muchos los señores que hubieran podido permitirse tales dispendios ni está claro que la cocina de aquel tiempo consistiera en esos grandes asados. Los primeros libros de cocina que conocemos ya son posteriores a la Edad Media, pero muestran una cocina muy diferente a la del asado, con profusión de guisos y especias.

El cine tiene ese poder de sugerirnos imágenes que damos por buenas. Y lo mismo que el cine el cómic, ¿o es que alguien duda que los galos comían jabalí a diario, lo mismo que Obelix?.

Supongo que es ese mismo rigor histórico lo que lleva a los hosteleros de Lugo a no sumarse mayoritariamente al Tapitorum el concurso de tapas y cócteles romanos y celtas organizado con motivo del Arde Lucus, una celebración en la que Lugo volvió a ser, por un día, una ciudad romana. Este año incluso hubo denarios de curso legal, pero tapas y cócteles romanos y celtas son difíciles de encontrar.

Arde Lucus, lo mismo que las ferias medievales, no dejan de ser un espectáculo. Igualito que la representación de Fuenteovejuna en la villa de origen, con luz eléctrica, micrófonos inalámbricos y amplificadores para que todos escuchen bien. Y como tales espectáculos se les puede pedir que sean atractivos y divertidos. El rigor histórico mejor dejarlo… para el cine.

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