Cerezas con pan

Estamos en tiempo de cerezas. Ya dije en alguna ocasión que, según contaba mi padre, en otro tiempo en el Valadouro era el día de San Juan el elegido para probar las cerezas. Serían blancás, como las que el abuelo tenía en el cerrado o en el parque y de las que ya no queda más que el recuerdo, o mulariñas o de cualquiera otra casta tradicional.

Las blancás se dan en este tiempo muy bien por el sur de Lugo, en la zona de Chantada, donde les llaman da onza, y también en el Bierzo, de donde llegan cada año en grandes cantidades a Galicia. Las blancás no resultan atractivas para quien no conoce la raza: rojas por un lado, blancas por otro, parecen estar mal maduradas, pero son todo dulzura y sabor. Posiblemente las mejore cerezas que conozco.

Me parece que los cerezos van a menos en Galicia en los últimos tiempos, y tengo para mí que ya se perdió la vieja costumbre gallega de comerlas con pan.

Lo recordé revisando unos textos de Cunqueiro. En un artículo publicado en La Voz de Galicia allá por el año 1953 o 1954, titulado “El viaje de las cerezas” escribe:

Doy fe de que me gustan las cerezas; las como con pan, como un labriego de por aquí, metiendo tres o cuatro a un tiempo en la boca y escupiendo de lado los huesos”.

2 comentarios sobre “Cerezas con pan

  • el 20 de junio de 2010 a las 16:13 04Sun, 20 Jun 2010 16:13:47 +000047.
    Permalink

    As cereixas blancás inmellorables, solo si deixamos de lado
    aquelas de dous cereixos “bravos”, que tamén tiña o avó no
    cerrado, na cabeceira de arriba, preto do cemiterio: ¿lembras?.

    Respuesta
  • Pingback: Cerezas – Sin Objetivo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *