Marisco furtivo

“La Xunta investiga si 25 restaurantes tenían en su carta marisco furtivo”. El titular de La Voz de Galicia hace referencia a la campaña de inspección realizada en los días previos a la Semana Santa y que dio un resultado más o menos esperado; de 84 restaurantes inspeccionados en 25 casos no quedó clara la procedencia del marisco que en ese momento estaba en su poder. No olvidemos que los restaurantes están obligados a conservar las facturas de todo lo que compran y que dan fe de la procedencia de cada uno de los alimentos empleados. Desconozco cómo se resuelve esto en el caso de los alimentos producidos en la propia huerta del restaurante, por ejemplo.

La comercialización y consumo de mariscos furtivos supone dos problemas principales.

El furtivismo tiene una fuerte repercusión económica. Sobre la economía de los mariscadores legales y sobre la economía de las arcas públicas, ya que evidentemente aquí no hay IVA, IRPF, etc. En muchos casos el furtivo se lleva lo que otros previamente cultivaron. Por ejemplo las almejas o los berberechos, en cuyos parques de producción se realizan labores como la retirada de algas o la repoblación, cosa que en ambos casos cuesta trabajo y dinero.

El otro efecto del furtivismo es el potencial riesgo sanitario, especialmente en el caso de los moluscos (almejas, berberechos, ostras, vieiras, mejillones…) que deben pasar por la depuradora antes de su comercialización. Hay incluso zonas cuyos moluscos no pueden destinarse al consumo en fresco ni aún pasando por las depuradoras.

Resulta evidente que el marisco furtivo no pasó por la depuradora, con lo que los gastos se reducen aún más.

Sería, por lo tanto, lógico que una vez probado que tal o cual restaurante vende marisco furtivo, siempre después del correspondiente expediente sancionador, se diera conocimiento a la sociedad de la identidad de los mismos, que al fin y al cabo defraudan a Hacienda y hasta pueden poner en peligro nuestra salud. Entiendo que de momento no se ofrezca esa información porque mientras no se demuestre lo contrario se les supone inocentes. Pero cuando se demuestre lo contrario la mejor sanción es la publicidad, porque las multas está claro que no sirven para mucho.

Y mientras llega ese día hagamos todos un examen de conciencia para recordar cuándo fue la última vez que comimos aquel marisco buenísimo y baratísimo (imposible que se den las dos condiciones si no hay nada raro por medio), o cuando se lo compramos a fulano o mengano, que nos lo trae a casa de tapadillo.

Porque lo cierto es que lo que no se consume no se produce.

El monstruo de la foto no es tal, sino una inocente centolla

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