Historias de caza

Yo soy nieto de cazador. Y aunque no conocí los grandes tiempos venatorios de Paco de Pisón, los aromas de un buen plato de caza actúan en mi cabeza como los de la magdalena de Proust y vuelvo a la niñez. A aquel día, por ejemplo, en que el abuelo cazó la última nutria que se comió por la comarca. No me pregunten por su sabor, que era tan niño que solo recuerdo que la nutria fue a la cazuela y nada más. A lo mejor igual lo soñé.

Este verano me contaron que en el mismo sitio del río donde fue muerta aquella nutria sigue una pareja, que se deja ver con frecuencia a pesar de que el lugar se encuentra en medio y medio del pueblo. La noche que me lo contaron miré mucho para el río, con la esperanza de ver las nutrias y, de reojo, las figuras del abuelo y Prudencio, esperando el momento preciso para un tiro imaginario. Imaginario porque, afortunadamente, la nutria ya no se puede cazar.

Pongo por adelantado que a mí me gustan los guisos tradicionales de caza. De conejo, de liebre o de perdiz, que algún día quisiera probar con esa curiosa receta que recoge Emilia Pardo Bazán: rellena de sardinas. Dice la Condesa que algunos aprecian más el relleno que la propia perdiz. Me gustan, y mucho, las costillas asadas del corzo, como aquellas que un día de invierno, no hace muchos años, pusieron de tapa en O Atallo, en Ferreira do Valadouro. ¡Y gratis!.

Así que no me importaría tener tiempo para visitar A Taberna do Valeco antes de que finalice el año. La verdad es que por el anuncio que reproduzco del periódico El Progreso merece la pena el viaje hasta Mondoñedo: entre 6 y 10 euros el plato de caza es un precio casi de cuando mi abuelo empleaba escopeta de avancarga

De la oferta lo más caro es la perdiz (a nuestro modo), que sale por 10 euros. El jabalí con castañas, el ciervo asado con champiñones y la liebre asada quedan en ocho euros. Los pimientos rellenos de codornices y el jabalí con habas de Mondoñedo por siete y el guiso de liebre por seis.

Si las cañas rellenas del postre son las tradicionales de Mondoñedo, de hojaldre y relleno de natillas, el final de la comida va a ser como una traca de fuegos de artificio.

Y después, para bajar la comida, un buen paseo por el barrio de Os Muíños, en el que se emplaza la Taberna, atravesado por el río Valiñadares y los canales hechos para el servicio del barrio, canales que llevaron a un exagerado Cunqueiro a bautizar Os Muíños como la Venecia mindoniense. ¿O también lo soñé?.

Imprescindible la visita al Puente de los Ruzos, nombre que no le dirá nada la quien no sepa que también es conocido como Ponte do Pasatempo, allí donde, según la historia o la leyenda, que se confunden en este caso, los enviados de la curia mindoniense entretuvieron a la mujer del Mariscal Pedro Pardo de Cela, portadora del indulto real, hasta que las campanas de la catedral tocaron a muerto.

3 comentarios sobre “Historias de caza

  • el 11 de octubre de 2009 a las 20:59 08Sun, 11 Oct 2009 20:59:27 +000027.
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    Non foi un soño. A lontra faoi a cazola.

    Apertas.

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  • el 12 de octubre de 2009 a las 10:26 10Mon, 12 Oct 2009 10:26:23 +000023.
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    Ya estoy haciéndome un hueco para ir a Mondoñedo!

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  • el 12 de octubre de 2009 a las 19:36 07Mon, 12 Oct 2009 19:36:55 +000055.
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    Eu que son o mais vello dos irmans, recordo perfectamente a nutria, pero non esa última, que foi cazada cando eu xa estaba po los “madriles”, se nón unha anterior, que cazou Prudencio, e lla deu ó abuelo para que a esfolara, xa que o esfolador oficial da cuadrilla de cazadores era el (recordo mais de otenta pieles de raposo colgadas no faio da casa da Lavandeira). O abuelo ó ver aquela carne tan blanca es tan boa aparentemente, dixolle a Prudencio si iba tirala, o que este lle repostou que si, entón o abuelo dixolle que logo se quedaba con ela pra probala. !Eu chupeime os dedos¡ e recordo que tiña un gusto entre o pito e o peixe. Lamentablemente a última como digo mais enrriba non puiden probala.

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