Trucha se escribe con F

Permítanme que me ponga melancólico y eche de menos aquellos veranos en que uno llamaba a Elena, a las Lobeiras, para encargar truchas para la cena y por un precio muy, muy razonable, comíamos truchas de primero con cachelos y lechuga, y de segundo recuncabamos truchas. “No pongas más patatas, Elena, que aún sobran“.

Hablo, claro está, de truchas de río, autóctonas, menuditas y de carnes prietas, acostumbradas a luchar con las corrientes de los arroyos de montaña, que no necesitaban más que unas arenas de sal antes de darse el último baño en el aceite de la sartén, a lo mejor aromatizado con un tricito, poco, de unto. El jamón y todas esas mandangas que tan bien le van a las truchas de piscifactoría no le sientan nada a las del río, que tienen gusto propio y no necesitan adobos.

– No era eso lo que pensaba el Capellán de Viloalle.

– Amigo Petisuis, cuanto tiempo sin verlo por aquí! Aguardo que su viaje de negocios haya sido provechoso. Y veo que le dio tiempo de leer a Sueiro.

– Le es lo que tienen los aeropuertos. Tiempo, mucho tiempo libre.

Pues efectivamente, como dice Filomeno Petisuis, Jorge Víctor Sueiro habla de un mítico troiteiro mindoniense (por A Mariña los que van a las truchas no son pescadores, son troiteiros). El Capellán de Viloalle, que cita Sueiro y que se llamaba Benito Ares, a lo mejor era de mi familia, que en algún lugar entres mis ocho primeros apellidos llevo el de Ares y procede también de la mindoniense parroquia de Viloalle.

El Capellán presumía de buen troiteiro y parece que así era. Y también lo hacía de su receta de truchas con arroz: un arroz cocinado con pimiento verde, tomate y azafrán al que, cuando casi está en su punto, se le añaden las truchas adobadas con ajo, pimientón dulce y una pizca de picante, perejil, aceite y vinagre. “Le es un plato que sabe como la miel“, cuenta Sueiro que afirmaba el Capellán.

Hoy las truchas son solo para quien moja las bragas… o quizás para sus amigos. Hace muchos años que se prohibió su comercialización para evitar que desapareciesen irremediablemente de nuestros ríos. Sigo aplaudiendo la medida, aunque las lágrimas asoman a mis ojos cuando recuerdo aquellos bocados estivales. No es lo mismo, pero por A Mariña de Lugo se encuentran en los mercados unas pequenas troitas criadas en el río Eo, en el ayuntamiento de Ribeira de Piquín, que por la forma de mantenerlas y criarlas saben muy bien.

Tradicionalmente la calidad de las truchas dependía del número de “efes” que incorporaban, siendo las mejores las frescas, fritas, frías y fiadas.

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