Piedra, la otra gastronomía de Compostela

Vuelvo de visitar por segunda vez el Pórtico de la Gloria desde los andamios instalados para su conservación preventiva y restauración, andamios que permiten mirar cara a cara, y en algún caso a poco más de medio metro de distancia, a los principales personajes allí representados.

Y vuelvo con la conciencia de que las cosas del comer están muy presentes en la piedra compostelana. Esta vez tenía especial interés en mirar detenidamente a los condenados al infierno por gula y embriaguez, representados en el arco derecho, según se mira, del Pórtico.

Allí está el goloso, intentando comer una empanada que nunca podrá tragar porque algo se le enrosca alrededor de la garganta y le impide deglutir cualquier cosa. Tremendo castigo para quien guste de la empanada. Serafín Moralejo, estudioso del Pórtico, pensó que la empanada de la condena sería, además de sarinas con espinas. Va a ser que tenía razón mi abuelo y hay que procurar ir al cielo. Moralejo dice que es una serpiente lo que oprime la garganta del eterno comedor de empanada, pero no estoy yo muy de acuerdo con esta teoría, porque en la estupenda fotografía que viene en el pequeño folleto explicativo que entregan después de la visita (no en la de este post) lo que para Moralejo es una serpiente para mí es un pulpo: tiene dos filas de ventosas y en la foto aprecio por lo menos dos extremos del animal que parecen las puntas de los raxos de un pulpo que estaría escondido detrás de los personajes, asomando solo sus tentáculos. Sin embargo, la cabeza de la supuesta serpiente no aparece por ningún lado.

Lástima que la visita no permite acercarse mucho a estas figuras para intentar confirmar la teoría. Desde luego es más cruel, más propio del infierno, que sea un pulpo, perfecto animal de compañía para el gallego (en la mesa) lo que impide al condenado comer su empanada, que con el tiempo pasado además estará fría y resesa.

El mismo pulpo coge por los pies al condenado por borrachuzas, que intenta beber de una bota sin conseguirlo porque está colgado cabeza abajo y, naturalmente, la gravedad lleva el vino en dirección contraria a la boca del condenado. En un primer momento la condena fue despiadada, pero hoy casi será una bendición para el individuo, que el vino estará ya definitivamente avinagrado. Imposible explicar como en más de 800 años la bota aun no se vació.

Más fama que estos dos personajes tienen los representadas en el Pazo de Xelmírez anexo a la catedral. Allí se representa una boda y su convite, en que no falta sopa (sopa de fiesta, que entonces el caldo gallego aun no era ni un proyecto), queso, vino y empanada según todos los que nunca vieron de cerca un timbal de lamprea como los que prepara Chef Rivera. Dicen que Álvaro Cunqueiro imaginó que la empanada era justo de lamprea y que el gastrónomo atento es capaz de percibir sus aromas, pero yo afirmo definitivamente que en realidad se trata de un timbal.

Y dándole vueltas al asunto recordé el reportaje publicado en la revista En Compostela que se puede descargar de la web de Turismo de Santiago, en la que se da cuenta de la cantidad de vieiras estampadas en piedra por toda la ciudad, del banquete esculpido por Franciso Asorey en un capitel del Hotel Compostela, de las frutas de la Casa de la Parra, la Torre del Reloj de la Catedral, del baldaquino del altar mayor de la misma Catedral y de la Casa de las Pomas, del as de copas en lo alto de la iglesia de San Fructuoso, del hombre que lleva un barril de vino en una de las ménsulas del Patio de San Marcos del Hostal de los Reis Católicos, del pescado grabado en la piedra de la Plaza de Mazarelos, o en la propia Plaza de Abastos, la catedral gastronómica de Compostela.

Por último yo añado una nueva: ¿no son repollos los que aparecen representados en los nervios de piedra del techo encima del Pórtico de la Gloria?. Son, y bien cerraditos, por cierto.

2 comentarios sobre “Piedra, la otra gastronomía de Compostela

  • el 18 de mayo de 2009 a las 10:09 10Mon, 18 May 2009 10:09:06 +000006.
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    Lo de los repollos del Pórtico nos lo decía ya nuestro profesor de historia del arte (Javier Bescansa) en el colegio, lo que no se es si era cosa suya o venía de alguna fuente anterior.

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  • Pingback: Repollo. Laberinto. – Sin Objetivo

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