Por las tierras de O Ribeiro

“… de viño / que auga non bebo…”. Ni chiqui-chiqui, ni patrias asturianas ni las especialidades de Asunción. En la última reunión de los blogastrónomos gallegos, desarrollada por tierras del Ribeiro con visitas a bodegas y viñas y bodegas y viñas, treixaduras, tostados, polifenoles, índices de maduración, grado probable, lías, levaduras, blancos, tintos… solo se cantó el miudiño con una voz de tenor y doce más de miedo (temor, mucho temor al ridículo), acompañados incluso por la conductora del microbús.

Yo llegué el último a la cita en Ribadavia y son también el último en escribir sobre la reunión, y después de todo lo que llevan largado Magago, Sole, el Goumert, Borralleira, Makeijan, Moraiminha y Foucellas casi no queda nada por descubrir sobre esa atípica xantanza que triunfó como ninguna por mucho que en el aspecto gastronómico fuera la menos destacada.

El vino, que no es agua, nos hizo descubrir nuevos aspectos del Ribeiro, como las otras tintas, las áreas de descanso en medio de las viñas o los monstruos y más monstruos que surgen detrás de cualquier cepa, cepas más altivas que los andaluces de Jaén a los que cantó el poeta, los vinos del futuro si la climatología lo permite, lo nuevo y lo viejo y cómo todos nos agarramos allí donde podemos, y poco a poco la cosa se va poniendo cuesta arriba, mientras desde una charca miles de ojos nos miran y el camino se retuerce y desaparece ante nosotros, y vimos el tostado escoltado por los treixaduras, parientes próximos, y mil prodigios más hasta que llegó el momento de la despedida y cierre. Todo lo que nosotros vimos en el Ribeiro puede verse en el álbum de fotos que colgué en Picassa.

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