Hora de comer

Hora-de-comer2Hoy es el Día del Libro, así que a media mañana tengo cita en el ayuntamiento de Santiago para la presentación de “Hora de comer”, mi cuento infantil de temática gastronómica publicado por Sotelo Blanco en la colección Branco de Cores, en colaboración con el Consorcio de la ciudad

de Compostela, razón por la que la presentación se realiza en el ayuntamiento y con la asistencia del Alcalde.

Como regalo de este día tan especial, aquí os dejo las dos primeiras páginas del cuento:

Una campanada solitaria de la Berenguela, la campana principal de la Catedral, le indicó a Sara que era momento de volver a casa para la comida. Así que se despidió de los amigos con los que jugaba al escondite por los soportales de la Rúa do Vilar y, abrazando fuerte la coneja de trapo que su madre le había regalado al poco de nacer y a la que no dejaba por mucho que ya estuviera muy deteriorada, echó a andar hacia su hogar. Nos quedó sin decir que algunas de las primeras palabras que había pronunciado Sara cuando comenzó a hablar había sido el nombre de la coneja: Mimía.

En la Peaza das Praterías escuchó el borboteo del agua de la fuente y, cuando miró hacia ella, se dio cuenta de que Blanco de Cores estaba guiñándole un ojo, así que decidió acercarse hasta su amigo para saludarlo.

“¿Donde vas con tanta prisa?”, preguntó el caballo balanceando en el aire su cola de colores.

“¿Es que no escuchaste dar la una? Es hora de comer y además tengo un hambre feroz después de tanto correr y esconderme Vilar arriba y abajo”, contestó Sara.

“¿Quién pudiera comer?” dijo melancólico Blanco de Cores, consciente de que los caballos como él solo se alimentan de sueños, de los sueños de todos los niños que visitan Compostela admirando sus piedras. “Aguarda un momento -dijo- Sube a mi lomo que te voy a enseñar algo”.

Y allá va Sara a caballo de Blanco de Cores por encima de los tejados de la Catedral hacia Plaza del Obradorio, a la que abre sus puertas el Pazo de Xelmírez y, en un descuido del vigilante de la puerta, el caballo se metió hasta la gran sala del pazo. Sara notó de inmediato un aroma delicioso cuando el caballo le mostró la espléndida empanada que lleva en las manos uno de los personajes de piedra allí representados. “Nadie sabe de que está rellena, pero un escritor de Mondoñedo, capaz de soñar incluso las cosas reales y que se llamó Álvaro Cunqueiro, dijo que era de lamprea y que algunos pueden apreciar su olor por mucho que sea de piedra”, dijo el caballo, a lo que Sara contestó: “Huele muy bien, pero tengo hambre. Llevame a casa”.

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