Una cerveza, por favor

Se acercaba la una de la tarde y después de toda la mañana caminando estaba sediento y con ganas de una cerveza fresquita que no encontraba por ningún lado. Y además un delicioso olor a carne asada me tenía loco mientras de un lado y de otro me ofrecían probar este vino, esta sidra, este queso, este chorizo. ¡Quiero una cerveza! chillé dentro de mi cabeza.

Y de pronto se abrió el horizonte y llegué al rincón más concurrido del Salón del Club de Gourmets, la esquina donde Los Norteños promocionaba su carne ofreciendo degustaciones gratuitas y multitudinarias a esa hora de la mañana. Poco a poco fui haciéndome sitio hasta llegar a la barra donde acababan de poner un plato de ternera a la plancha (tierna, sabrosa, deliciosa…) al que le metí una buena entrada, lo mismo que todos los que me rodeaban, al tiempo que descubría el gran tesoro: dos grifos de Estrella Galicia que no paraban de echar cerveza para todos los comedores de carne que se amontonaban en aquella esquina. Solo unos pocos preferían el vino tinto. Cogí una caña y salí de la aglomeración satisfaciendo mi sed.

Resulta curioso como la única marca gallega va abriéndose sitio en un mercado muy consumidor de cerveza, como el madrileño, y además orgulloso de su propias marcas: Mahou y Aguila.

No me sorprendió que Los Norteños tuviera dos llaves de Estrella. En la tarde del lunes, acabado de llegar a Madrid, decidí tomar una caña en un bar cualquiera de la zona de Atocha. De los dos grifos que vi uno anunciaba “River”, la cerveza sin alcohol de Estrella, mientras que a la otra le habían quitado el rótulo. Supuse que sería Estrella porque los dos paisanos que estaban a mi lado tenían delante sendas botellas de cerveza gallega, “tercios” como se denominan en Madrid, “medias” como se llamaron en tiempos en Galicia.

Erré en la suposición. No caí en la cuenta de que mis vecinos de barra, claramente partidarios de Estrella, estarían tomando cañas si en el grifo hubiera cerveza gallega. Pienso que la cerveza de grifo era Aguila, justo la que menos me gusta de las dos marcas madrileñas, pero la caña estaba muy bien tirada, por mucho que el tabernero fuera mismamente el doble de Cachao en sus años mozos. ¡Compre un contrabajo y tiene trabajo seguro en la televisión!, le dije.

Pero volvamos al Salón del Club de Gourmets. Bebí mi Estrella y marché hacia el espacio de la Consellería de Pesca e Asuntos Marítimos, donde me invitaran a unas tapas elaboradas con conservas. Pero ese asunto queda para un próximo post.

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