Pasmar no Pepe Vieira Camiño da Serpe

Hablan las Cantigas de Alfonso X, el rey Sabio que escribió en gallego medieval, que Ero de Armenteira, fundador del convento del mismo nombre y su abad, pasmó durante trescientos años escuchando un pájaro en los jardines del convento y que murió cuando volvió en si y descubrió como había cambiado su mundo.

Si uno va de Compostela al Camiño da Serpe guiado por el GPS pasará inevitablemente por las cercanías del magnífico convento que hace algunos años decidieron ensuciar construyendo una moderna casa para el cura en la finca anexa. Sin duda Armenteira es visita obligada para quien se acerque a comer al Pepe Vieira Camiño da Serpe siempre, claro, que no imite a Ero y pasme durante una temporada en el nuevo establecimiento de los hermanos Cannas.

Ayer a la mañana anduve por Padrón, Pontecesures y Pontevedra, y aproveché las horas del mediodía para saludar a Pepe Solla y después ir a conocer el nuevo Pepe Vieira, que ya lleva unos días abierto aunque las obras no hayan terminado por completo (faltan algunos detalles prácticamente imperceptibles en el jardín, en el comedor de banquetes y en el reservado, pero la cocina y el comedor principal están ya a pleno rendimiento.

Sorprende el Pepe Vieira Camiño da Serpe. Sorprende el emplazamiento, tan cerca del mar, en la ribera norte de la ría de Pontevedra, pero en medio del monte, tanto por lo elevado del mismo cómo por la sensación de zona forestal que uno tiene llegue por donde llegue. Pero sorprende especialmente por la calidad y la calidez de las instalaciones, así como por la generosidad de espacio con la que agasajan a cada comensal. Enormes mesas para cuatro, en las que otros sentaría a ocho. Sillones, que no sillas, confortables tanto para comer como para charlar con los compañeros de mesa o, como fue ayer mi caso, con los Cannas, primero Xoán y después, terminado el trabajo en la cocina, con Xosé.

Las instalaciones de la cocina, por las que hice mi primera entrada en el restaurante, son un primor. Amplias, amplísimas, pero imprescindibles para un local que dispone de salón de banquetes para 400 personas. Una cocina en la que no hay nada que esconder y por eso se abre a los jardines y al comedor con dos enormes cristaleras, que además le proporcionan un torrente de luz natural que seguramente agradecerán los cocineros, que habitualmente trabajan en las zonas más interiores de los locales y con poco contacto con el exterior.

La madera del suelo y algunas paredes ofrece calidez, mientras los tonos grises y crema de la pintura dan sensación de sosiego y tranquilidad, mientras que los amplios jardines que rodean el restaurante invitan a pasear y entrever los paisajes de la ría entre los eucaliptos de la finca próxima que estropean un poco el paisaje.

La entrada, que se puede ver en la fotografía, espectacular, con una escalinata de cine (vayan avisando a alguna de esas empresas de localización de exteriores para el cine y la televisión, que el local está predestinado para salir en la pantalla). Una escalinata, decía, de madera rústica que nos lleva a la puerta de entrada, 400 kilos de madera y cristal que giran alrededor de un eje central. Al lado de la misma lo que Xoán definió como el “jardín del vino”, un espacio cubierto de enormes losas de pizarra entre las que brotan, como brotes de plantas gigantescas, botellas vacías de vino porque debajo está la bodega. En medio de todo dos tremendos helechos, casi tan grandes como un hombre, completan el singular rincón.

Después de la visita una larga charla con Xoán y Xosé, en la que este me dijo que estaba haciendo pruebas con sardinas de tabal, tan propias de la zona y ausentes del mundo de la restauración. Cualquier día de este las tendremos en el plato. Después insistieron en que me quedase a comer y no fui capaz de resistirme, aunque parte del trabajo que había que hacer por la tarde acabó quedando postergado para el día siguiente. Un menú espléndido, como corresponde a una cocina tan consolidada cómo la de Pepe Vieira: de entrante un “paisaje otoñal del Camiño da Serpe”, para seguir con la conocida vieira con unto, seguida de un extraordinario arroz con carabinero, pescado con ajos tiernos, la archiconocida y potente patata del cocido y un sorprendente postre: “ensalada de frutas con tocino ibérico a la vainilla”. No se asusten, que el tocino era testimonial y cortado en dados pequeñísimos, pero el conjunto resultó muy refrescante después de tan amplia comida. Mucha agua y una copa de Leirana, el albariño elaborado en Meaño por la bodega Forjas del Salnés. No pregunten por el precio, que fui invitado, pero Gourmet de Provincias habla del menú degustación a 45 euros.

La cocina del Pepe Vieira, y a Xosé Cannas cocinando la patata rellena de cocido y una merluza con hierbas aromáticas podéis verla en Coas nosas mans, la web realizada por estudiantes de periodismo bajo la dirección de Manolo Gago y presentada en el pasado Forum Gastronómico de Santiago.

NOTA: no resulta fácil llegar la primera vez, así que puedes mirar el sitio en el mapa o meter en tu GPS las siguientes coordenadas decimales: 42.409556 -8.754419

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