Chulas de calabaza y huesos de santo

Acabo de terminar la comida de hoy y no puedo menos que anunciar que, como sobremesa, voy a poner unas chulas de calabaza, o de calacú, como dicen en algunas zonas, que son una preparación típica de la provincia de Pontevedra. Empleé, claro, la calabaza que anoche pusieron los niños en la ventana, sustituyendo la vela por una linterna, de manera que no se queme y ahume su carne.

Se cuece la calabaza en agua y, cuando está blanda, se escurre y se aplasta con un tenedor. Se agrega huevo batido, azúcar y la cantidad de harina que sea precisa para que la masa esté en su punto, que no es ni muy líquido ni excesivamente espeso. También añado un poco de levadura químico (polvo Royal) que no necesita reposo, ya que reacciona con el calor.

En seguida se fríen las chulas en la sartén con algo de aceite (yo empleo el de girasol para no añadir sabor) y se sacan para un plato con papel de cocina. Se pueden espolvorear con azúcar o canela y a la mesa.

Supongo que hoy en muchas mesas habrá en el postre huesos de santo y panellets, que es lo que nos ofrecen en las pastelerías. Resulta evidente, ya por el nombre, que los panellets nada tienen que ver con la tradición culinaria gallega, ya que llegaron, y no hace mucho tiempo, de Cataluña, de donde son originarios.

Pero lo de los huesos de santo es otro cantar. Hace 102 años, en 1904, la confitería La Dulce Alianza (en la actualidad conocida como La Alianza) de Mondoñedo publicaba en La Voz de Mondoñedo el anuncio que reproducimos y en el que se habla de los postres de esta época del año: buñuelos de viento y huesos de santo. El anuncio aparecía en el periódico mindoniense el 29 de octubre de 1904.

Tenemos, pues, que los huesos de santo llevan entre nosotros más de 100 años, lo que les da carta de naturaleza como parte de nuestra cocina tradicional. Otras cosas de las que presumimos más no llevan tanto tiempo entre nosotros. Volviendo con las chulas, resulta que la misma preparación que hacemos en Galicia aparece también en un país tan alejado de nosotros, cultural y geográficamente, como Sudáfrica, como ya publiqué en su momento. Y puestos a repasar lo publicado, hace un año menos dos días contaba el uso que hice de la calabaza de 2005. Luego acabó en un delicioso caldo, como el que podrán degustar los neoyorquinos la próxima semana.

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