Torrezno y caña

Sin intención ninguna de hacerle competencia a la insuperable De Pinchos, enseño hoy la caña con pincho de torrezno con que me hice un homenaje el otro día en Madrid.

El “Blázquez”, también conocido como “La casa de los torreznos” lleva décadas en la calle Goya, al lado mismo del Palacio de los Deportes madrileño, despachando toneladas de panceta frita, douradita, crujiente la piel, y haciendo las delicias de una clientela fiel. Hacía años que no pasaba por allí, pero en cuanto tuve el Blázquez a tiro no dejé pasar la oportunidad.

Caña y torrezno salieron por 2,70 euros. El pincho gratis fueron unas aceitunas.

La otra opción en la zona era el “Alarcia” en la misma plaza de Felipe II, es decir, casi a las puertas del citado Palacio de los Deportes. Allí la caña siempre se acompañó con gambas, espléndidas, o con una nécora. No cabía un alma en el local y seguí de largo. Miré el precio de las nécoras, siempre medianas tirando a pequeñas: 4,80 euros por pieza.

En el camino del Blázquez al Alarcia, mirando hacia el Palacio de los Deportes, recordé con emoción aquel concierto de homenaje a Celso Emilio Ferreiro, organizado poco después de su muerte en aquel estadio. Aquella noche, ante miles de gallegos y madrileños, triunfaron Miro Casabella y la rondalla de pulso y púa del hogar del jubilado de no sé que villa castellana, que comenzaron su intervención con la Internacional y terminaron con el Himno de Riego, o al revés, ya no recuerdo. Acabaron doliéndonos las manos de aplaudir.

Fuera del recinto esperaban los grises. Ese día se comportaron como seres humanos.

Anteayer en Madrid comprendí lo mayor que voy, pero no le di tregua al colesterol.

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