Chorizo con leche

No. No se trata de una receta nueva creada por algún cocinero joven que intenta sorprender con sus nuevas creaciones. Ni se trata tampoco de una costumbre exótica procedente de lejanos países y traída hasta nosotors por la creciente onda de inmigración, que con la gente de lejos acaba trayéndonos también sus usos y costumbres culinarias y los productos propios de sus países, de manera que nuestros paladares se pueden abrir a nuevas preparaciones, para las que a veces son nuestras cabezas las que no están preparadas.

A mí siempre me gustó conocer nuevas culturas y nuevas cocinas, nuevos sabores y nuevas texturas, por lo que reconozco que cada día me gusta más encontrar en el mercado y en las estanterías de las tiendas especializadas productos que hoy consideramos exóticos y que en poco tiempo serán de uso cotidiano. Pasó en su tiempo con la chirimoya, el aguacate o el kiwi, que ya son de uso común. Está pasando desde hace un tiempo con la yuca o los plátanos machos, esos grandes plátanos que solo sirven para cocinar y que ofrecen resultados estupendos. Pero el chorizo con leche es otra cosa. Está entre nosotros sin que nos enteremos.

Basta con mirar las etiquetas de cuanto chorizo industrial encontramos en las estanterías del supermercado para descubrir que todos contienen leche, leche en polvo, suero de leche, sólidos lácteos o cualquier otro derivado del producto de ordeñar las vacas. También puede haber proteínas vegetales (procedentes de la soja) y otros elementos empleados como conservantes, colorantes, etc.

Uno, que estaba acostumbrado a que los chorizos se hacían con carne y tocino de cerdo, ajo, sal y pimentón, no puede menos que considerar extraños todos esos elementos que encuentra en la etiqueta del chorizo.Vale, en el chorizo, en el salchichón, en el salami, en el fuet, en el choped, en la mortadela, en el paté, en la sobrasada, en el jamón cocido, en la pechuga de pavo y pollo, en el muslo de los mismos… incluso en algunas marcas de lomo adobado y cocido hay leche en polvo, y no acierto a entender cómo demonios se la meten dentro, cuando parece una pieza de lomo entera y no materia picada.

Ante la constatación de esta realidad uno llega a la conclusión de que o renuncia a una parte de su vida (el bolsillo no de la para jamón de jabugo a diario) o renuncia a leer las etiquetas de los alimentos, aplicando aquello de que ojos que no ven…

El problema viene cuándo uno es padre de un niño alérgico a la proteína de la leche. Entonces no puede renunciar a leer las etiquetas. Yo llevo siete años haciéndolo y a veces noto las miradas de la clientela del supermercado en mi nuca, especialmente cuando estoy ante la estantería de los fiambre cagándome en la leche en voz alta. Ustedes disimulen.

2 comentarios sobre “Chorizo con leche

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