Uno se siente cómo en el comedor de un viejo pazo gallego. Manteles de lino, copas antiguas grabadas, cuberterías rebuscadas, que parecen antiguas, platos poco comunes… una ambientación reto. Pero no estoy en un pazo sino en un viejo pajar reconvertido en el restaurante de la Casa de Suárez, perdida en la zona rural del ayuntamiento de Negreira, próximo a Santiago de Compostela.

Los detalles están todos cuidados al máximo hasta el punto de que no hay dos mesas iguales. Manteles, bajoplatos, vajillas, cristal, cuberterías… son todas diferentes. Y con el cambio de plato también cambiamos de cubertería. Solo tres mesas, de ocho, cinco y cuatro comensales y el comedor está lleno.

La carta tiene que ser a la fuerza, corta. La empanada de maíz y sardinitas sorprende por lo sabrosa y porque está hecha con sardinitas en conserva. Nos indican que las ponen unos días en aceite porque así mejora la empanada, que ciertamente está muy rica. Probamos también el wok de verduras, sabrosas y en su punto. Como primeros la carta también ofrece tortillas, ensaladas y tablas de quesos o embutidos. Antes un aperitivo de cortesía: un pimiento del piquillo relleno de bacalao.

Para segundo merluza y almejas por un lado, rabo de ternera y croca por el otro. Nos decantamos por la carne y traen a la mesa uno de los mejores rabos de terneras que comí, que son muchos. La croca en su punto y sabrosa.

Espléndido el helado de cítricos y verduras de la sobremesa. Y muy detallista la cesta de pan, con tres tipos diferentes de pan artesano gallego, así como galletas marineras.

Por 25-30 euros, en función del vino elegido, se come estupendamente. Por eso hay que reservar mesa con tiempo suficiente. En verano también se puede comer en el exterior, rodeados de los campos de Negreira.