Parecía un cónclave en el que no se elegía nada. Relajados después de servir la comida, unos, y de comer, otros, en la cabecera de la mesa se juntaban Nacho Manzano, Pepe Solla, Xosé Cannas, Rafa Centeno, Juán Crujeiras y Javier Olleros. Solo faltaba Beatriz Sotelo, que después de cocinar había marchado a dar clase a futuros cocineros. El único que iba de blanco, con su chaquetilla de chef, era el homenajeado del día, Nacho Manzano, que acababa de recibir el premio Chef Millesime antes de la comida que tuvo lugar en A Estación.

Fue toda una cumbre astur-galaico, cosa que se ve con poca frecuencia a pesar de tratarse de comunidades vecinas, no solo en el geográfico sino en lo culinario porque, en definitiva, las cocinas gallega y asturiana comparten las mismas bases y tienen mucho más de común que de diferencia.

Una cumbre que debería repetirse con más frecuencia porque buscar sinergias con nuestros vecinos solo puede ser positivo para todos. Por el momento Manzano ya expresó su deseo de que la cosa se repita el año próximo, pero a la inversa: celebración en Asturias con un cocinero gallego cómo premiado. Solla ya tiene el premio desde 2012, tendrá que ser otro.