Tomate Negro de Santiago

“La culpa es tuya”, me dijo ayer uno de los cuatro productores de tomate Negro de Santiago que hay actualmente en Galicia. Nunca ser culpable me supo tan bien.

Con su acusación, evidentemente exagerada, recordaba la conversación telefónica que mantuvimos cuando me llamó para preguntarme sobre esa variedad de tomate, cuya semilla habían ofrecido a la cooperativa O Val y que era completamente desconocido para ellos, tanto que me pidieron fotografías de los tomates para conocer por lo menos su aspecto.

Al parecer fui muy convincente en mis opiniones sobre el tomate que había probado a finales del verano de 2011. Y ellos muy confiados. Tanto que ahora el proceso que llevó el Negro de Santiago a las estanterías de los Gadis me parece un acto de fe por parte de la cooperativa y de la cadena de supermercados. Lanzarse a producir y comercializar algo que no se conoce es, sin duda, arriesgado, pero el futuro es de los que arriesgan con éxito.

Afortunadamente, parece que los consumidores están respondiendo muy satisfactoriamente, hasta el punto de que a día de hoy la cooperativa no tiene capacidad para suministrar todo el tomate que el mercado demanda y quizás por eso el supermercado incrementó el precio, en los últimos días, de 2,95 a 3,30 euros por envase de 650 gramos (poco más de cinco euros el kilo).

Como decía, este año solo cuatro agricultores están produciendo Negro de Santiago, en una superficie de aproximadamente 1.000 metros cuadrados de invernadero. Pero para el año que viene ya son muchos los asociados que quieren trabajar esta variedad, y el incremento de la producción no solo permitirá llegar con él a muchas partes de Galicia donde hoy no está sino que posiblemente también llegue a otros mercados españoles. Una gran cadena de distribución presente en toda España está interesada en el tomate, según representantes de la cooperativa.

En la presentación a los profesionales, que tuvo lugar en casa Pendás, solo escuché alabanzas a la calidad del producto. Pienso que los cocineros presentes en el acto van a incorporar el Negro de Santiago a su despensa de inmediato, aunque eché de menos a muchos cocineros que deberían estar allí y no comparecieron a pesar de estar invitados.

En cualquiera caso, lo mejor de la presentación fue a ver como un niño, hijo de cocineros, comía tomate sin parar sin más añadido que unas arenas de sal. Su padre era el primer sorprendido por aquella pasión infantil. El chaval marchó contento con su bolsita conteniendo dos paquetes de tomates y uno de pimientos de O Couto y el aviso al progenitor de que tendría que comprar más cuando terminase aquellos tomates. Yo marché encantado de ver como la cooperativa ponía un grano de arena más en la recuperación de la mejor calidad para nuestros productos de huerta. Y feliz con mis dos envases de tomates y uno de pimientos de O Couto, que es todo lo que saqué, y pienso sacar, de este asunto.