Guisantes y sus vainas con jamón y huevo mullido

Recuerdo como de chaval se aprovechaban las vainas de los guisantes y no solo los granos. De hecho, yo sigo haciéndolo, ya que resultan muy ricas mezcladas con los propios guisantes. Y no soy el único que lo recuerda, porque en los comentarios de un post de La cocina de Lechuza hay una referencia a esta práctica.

El único problema es el trabajo que da quitarles una piel dura y fibrosa que los recubre por la parte interior, pero no es disculpa suficiente para no aprovechar una parte.

Para poder aprovechar las vainas, es necesario que sean tiernas y estén limpias. Como lo que se va a aprovechar es la parte exterior de las mismas conviene lavarlas después de peladas.

El proceso de pelado es sencillo, pero trabajoso. Una vez extraídos los guisantes, se rompe la punta de la vaina hacia el interior y, con cuidado, se va tirando de la lámina interior hasta quitarla toda. Si tenemos paciencia en la mayor parte de los casos la lámina va a salir prácticamente entera, pero siempre las hay que se resisten. En esos casos lo mejor es olvidarse de esa vaina y comenzar con otra, ya que vamos a tener más de las que emplearemos, aunque para las sobrantes siempre podremos encontrar un buen uso.

En el video muestro el sistema para pelarlas. Con un kilo de chícharos salieron 350 gramos de granos y otros tantos de vainas peladas.

En la foto se ven los guisantes con jamón y sus vainas, con huevos mullidos, de un post anterior.