Gaviota

Foto (licencia CC): vonKinder

Leyendo “De santos y milagros“, la selección de artículos periodísticos de Álvaro Cunqueiro realizada por Xosé Antonio López Silva y que recomiendo a todos los interesados en el mindoniense, encuentro la referencia a un santo bretón (aunque irlandés de nacimiento), que, según Cunqueiro, se alimentaba de sidra y huevos de gaviota.

La pregunta inmediata es obvia: ¿se comen los huevos de gaviota?¿dónde?.

La respuesta es evidente: todo lo que es comestible, se come en algún lugar del mundo por mucho que en otras partes pueda provocar repulsión o asco, que no son más que efectos culturales. Recuerdo una comida en que mi compañero de mesa decía que él no comía bichos crudos y vivos ni gusanos ni arañas, así que sus ostras, percebes y nécoras las papé yo. Era catalán. Pero no más raro que cualquiera de la inmensa mayoría de gallegos que, en Cataluña, no le meterían el diente la unos caracoles a la llauna.

Pero volvamos con los huevos de gaviota. Como no podía ser de otra manera, su consumo es habitual en varios sitios, como Inglaterra, donde al parecer se consideran una delicadeza, o en Noruega, donde consideran a las gaviotas una plaga y no tienen reparos en comer sus huevos en compañía de una cerveza.

Incluso di con alguien que, sin haberlas probado nunca, ofrece recetas no de huevos, sino de gaviota, e incluso una peculiar manera de cazarlas con caña. No sé si alguien llegaría a cazar la gaviota y llevarla a la cazuela.