Cascarilla

“El P. Santisteban, S.J., sorbió un pellizco de rapé, estornudó tres veces, ¡Jesús, Jesús, Jesús!, se sonó con estruendo, saboreó el último traguito de cascarilla, se terció el manteo con muy sabio ademán y adoptó un aire solemne, tribunicio y senatorial.” Mazurca para dos muertos. Camilo José Cela.

Ando estos días repasando Marzuca para dos muertos, la espléndida novela de Camilo José Cela, para elaborar un artículo que me encargaron de la revista Extramundi, fundada por el propio nobel y editada por su fundación, cuando recuerdo que tengo por la cocina un paquete de cascarilla que compré en una feria y aun no había abierto.

Pongo a la lumbre una taza de leche fresca con dos cucharadas soperas de cascarilla y mientras cuece unos minutos remuevo sin parar con cuchara de boj, como seguro siempre se hizo. La leche va tomando color poco a poco, al mismo tiempo que un rico aroma llega hasta mi nariz.

Después de colar la infusión y agregarle azúcar, pruebo por primera vez la cascarilla y llevo una enorme sorpresa, porque aguardaba un producto pobre y encuentro una bebida deliciosa (cómo sucede con tantos otros producto pobres). Tengo que repetir, pero creo que me gusta más que el chocolate porque es más sutil y muy aromática.

Y después de probarla me pregunto porque A Coruña abandonó una bebida tan rica, que en otro tiempo era común en toda la ciudad (grand productora de chocolate) hasta el punto de que el apodo más común para los coruñeses es el de cascarilleiros.

A Coruña fue por mucho tiempo la capital de la cascarilla. Eran muchos los establecimientos en los que se despachaba este cocimiento como desayuno, normalmente acompañado de sopas de pan. El pan lo pondría el cliente si lo llevaba con él, o podía comprarlo en el mismo establecimiento, que se llamaba Cascarilla, como el producto servido.

Las mujeres coruñesas que atendían estos establecimientos eran las cascarilleiras y el apodo, como ya dije, les quedó por extensión a todos los coruñeses.

También es cascarilleiro todo aficionado al consumo de cascarilla. Yo mismo me voy a declarar cascarilleiro.

Nota: olvide decir que la cascarilla es la cáscara de la almendra de cacao tostada