Vuelve el “Otoño gastronómico en Turismo Rural”, en el que este año participan 117 casas de turismo rural de toda Galicia, con menús especiales a un precio cerrado de 30 euros por persona, vinos y bebidas incluidos.

El año pasado expresaba mi extrañeza por el hecho de que una parte de las casas participantes incluyesen en su menú vinos “de la casa” o de “elaboración casera”, pero este año veo que esa cuestión se corrigió y todos, sin excepción, incluyen con el menú vinos con denominación de origen.

El otoño gastronómico es una actividad de desestacionalización turística que lanza al mercado Turgalicia y con el que, supongo, se pretende atraer turistas a Galicia en temporada baja y, por otra parte, atraer turistas gallegos a las casas de turismo rural. Para ello se emplea uno de los argumentos más potentes que tiene el país, la gastronomía.

Los turistas de fuera de Galicia, cuando vienen a nuestra tierra buscan fundamentalmente la cocina tradicional del país, esa que la generación actual recibió de las anteriores y está dispuesta a transmitir a las siguientes, que eso es la tradición, sin necesidad de remontarnos a los tiempos de Adán y Eva. Por eso no creo que acierten en su selección de menús algunas de esas casas de turismo rural gallegas que van a servir hummus, samosas, crema catalana y algunos otros platos que, de momento, no forman parte de nuestra tradición. Tal vez consigan atraer curiosos de su entorno, pero no creo que un turista madrileño o barcelonés, por ejemplo, venga a Galicia con el pretexto de comer cocina libanesa, italiana o maorí.

Desestacionalización turísitica son dos palabras que cada día se escuchan más en Galicia para referirse a actividades que en realidad habría que denominar como dinamización cultural, actividad no menos importante que la primera, pero si diferente.

Probablemente las primeras actividades de desestacionalización turística, con contenidos gastronómicos, que se desarrollaron en Galicia fueron este Outono gastronómico en turismo rural y las campañas Santiago repetirás, del ayuntamiento de Santiago de Compostela. Curiosamente, ambas nacieron en el mismo otoño de 2007.

Aquel año en Santiago, impulsado por Turismo de Santiago, se celebró la primera edición de Santiago repetirás, con show coking (con degustación) los sábados y domingos de cinco meses (de noviembre a marzo) por los que pasaron los mejores cocineros de Galicia y en los que se trabajó con mariscos, pulpo, setas, castañas, lamprea… Un amplio grupo de restaurantes de la ciudad ofrecían menús temáticos vinculados a dichos talleres. Al año siguiente los shows se substituyeron por catas con maridaje, por las que pasaron todos los vinos con D.O. de Galicia, las cervezas, los quesos, embutidos, conservas… y por un nuevo formato: “Merco e cociño”, en el que un grupo reducido de personas hace la compra en la plaza de abastos de Santiago en compañía de un cocinero de primera fila y después cocinan bajo su dirección. Podrán copiar la fórmula en cualquier otro lugar, pero solo Santiago dispone de una plaza como esta y nadie más puede ofrecer el privilegio de cocinar en el Hostal de los Reyes Católicos con chefs de la categoría de Marcelo Tejedor, Iago Castrillón, Pepe Solla, Beatriz Sotelo, Pedro Roca, Flavio Morganti… El éxito de las catas con maridaje y los “Merco e cociño” fue tal que se repitieron en el Forum Cidade, en el marco del Forum Gastronómico Santiago 2010.

Pero todo eso no deja de ser dinamización cultural si no va acompañado de ofertas por parte de los hoteles de la ciudad, paquetes turísticos y una comunicación eficaz que haga llegar esas ofertas a los turistas que se encuentran lejos de Galicia. Con todo eso cuentan los Otoños gastronómicos y Santiago repetirás, que están presentes en miles de agencias de viajes de toda España mientras otras actividades de dinamización cultural (por ejemplo muchos de los concursos de trapas que se celebran en Galicia) se quedan reducidas a su entorno más próximo.

De una u otra forma, campañas de dinamización cultural y de desestacionalización turística siempre son bienvenidas y, hechas con cabeza, siempre suman. Pero llamemos al pan pan y al vino, vino.