A mediados de agosto publicaba el anuncio de una pretendida guía de ocio online que buscaba redactores que escribiesen desde casa sobre restaurantes.

Me gustaría ahora darles noticias sobre el asunto y descubrirles de que guía o negocio se trataba, pero aunque mandé un curriculum, eso sí algo arreglado, no les debí gustar y no me llamaron, por lo que me quedé con las ganas.

Pero les voy a contar el último chisme que me llega sobre una iniciativa parecida. Y como lo escucho por ambos oídos la cosa tiene visos de realidad.

Parece que se está organizando un negocio consistente en posicionar restaurantes en internet por medio de críticas, crónicas o comentarios en blogs gastronómicos. Los organizadores del asunto, a los que supongo ánimo de lucro, tiran muy alto (seguro que por eso no me llamaron a mí) y ofrecen billetes de avión, hotel y gastos pagados a quien acepte la propuesta. Se trata, como ya imaginan, de visitar ciertos restaurantes y escribir sobre ellos, es de suponer que bien. También hay que supoñer que los restaurantes pagan el trabajo. En definitiva, nada que no hagan ya docenas de empresas, ferias, congresos y agencias de relaciones públicas con los profesionales.

Estoy seguro de que van a recibir muchas negativas, pero también es seguro que siempre encontrarán bloggers dispuestos a cualquier cosa. Como ya dije otras veces, en el mundo de los blogs gastronómicos cada vez es más tenue la línea que separa el amateurismo de la profesionalización. Al final ni este es un mundo tan virginal como algunos se empeñan en creer ni todos los profesionales tienen cuernos y rabo y huelen a azufre.

Y como siempre yo sigo a medio camino entre el blogger y el profesional, doctor Jekyl de día y mister Hyde de noche. La mejor posición para llevar todas las hostias y que, finalmente, acabará costándome algún amigo y muchos conocidos