Asisto atónito estos días a la campaña de marketing que algunas marcas comerciales montan para este comienzo de septiembre alrededor de la reducción del empleo de bolsas de plástico, algo ya previsto por el Plan Nacional Integrado de Residuos. Me sorprende que la misma empresa donde hace solo unos pocos días querían meterme en una bolsa de plástico algo que ya venía envasado en plástico y con una cómoda asa para transportarlo, ahora anuncie que en breve va a dejar de dar bolsas.
Conste que me parece muy bien que se racionalice el uso de estas bolsas. Yo tengo una larga experiencia en meter dos o tres productos más en aquellas que la cajera de turno había dado por completas, las he escuchado mil veces decir que no las cargue más, que van a romper, o sugerir meter una bolsa dentro de otra para mejorar la resistencia. Como vivo en el rural y tengo que ir a hacer la compra con el coche, en mi maletero hay toda una colección de bolsa de tela, la última una que llegó en julio procedente de Estados Unidos y que resulta un portento por su capacidad y resistencia.
Ahora bien ¿dejar de dar bolsas en los supermercados va a repercutir positivamente sobre el medio ambiente?. Tengo mis dudas. Las bolsas de supermercado que llegan a mi casa siempre se reemplean para mandar al contenedor la basura inorgánica, asegurando al mismo tiempo el reciclado de tal bolsa. Si no tengo las del supermercado tendré que comprarlas, así que a la basura va a seguir yendo el mismo número de bolsas, y la facturación del supermercado se va a incrementar con todas las que me vendan a mí y a vosotros, que estaréis en las mismas. Además, parece que van a ahorrar cinco millones con la medida, así que todo va a ser mejorar la cuenta de resultados.
La cosa no es nueva. Hace ya años que algunos supermercados de bajo coste no dan bolsas gratis. Si las quieres las pagas. Hace menos tiempo, algunas cadenas lo hacen al revés: si no te llevas la bolsa abono en tu cuenta su coste. Los dos sistemas están bien, pero no son la solución, especialmente cuando se fabrican bolsas para supermercado biodegradables, empleando fécula de patata y otros tubérculos cómo materia prima. Estas sí que son reciclables, ya que al final de su vida útil pueden convertirse en fertilizante para abonar los tubérculos con los que fabricar otras nuevas. Y suponen puestos de trabajo.
El problema real no está en la bolsa (especialmente empleando estas biodegradables), sino en lo que va dentro de ella. Miren bien a su alrededor en el supermercado y comprobarán como las magdalenas, por poner un ejemplo, vienen envueltas una a una en un plástico, después muy colocaditas en una caja de cartón que, a su vez, se envuelve en otro plástico para que en caja nos la metan en una joven bolsa. Y así todo.
Hoy fui a mirar a Alcampo, que ya lleva tiempo con una campaña que propone al cliente meter más productos en cada bolsa para reducir el número de estas. Mal intencionado, me acerqué a la zona de las carnes, que cada vez más se venden precortadas y embaladas. Aquello era el reino de las “barquetas” de poliestireno, que también es un residuo que debemos reducir y que inevitablemente va a la bolsa de la basura. Lo que vi daba miedo: una barqueta contenía exactamente 112 gramos de carne de ternera para carpaccio. La barqueta y el plástico que la envolvían pesaba 14 gramos. Total 126 gramos. El envoltorio era más del 10 por ciento. Algún día harán una nueva campaña de marketing con ellos.