Pan de huevosHay que joderse con lo insolidario y jeta que es el ser humano. Y a mayores desagradecido.

Dicen que nuestro cuerpo está compuesto de agua en un porcentaje altísimo, igual son las tres cuartas partes, pero ahora no tengo ganas de mirarlo ni en gugle para confirmar. El caso es que somos agua en un porcentaje altísimo pero nos interesa más la ginebra. Para beber, digo. Y si, ya se que la ginebra también es agua en otro porcentaje altísimo, pero esa es precisamente la parte de la ginebra que nos trae al fresco.

Decía que además somos desagradecidos. De la parte que no somos agua yo calculo que un cacho muy grande somos pan, porque algo tiene que quedar en nosotros del mucho, mucho pan que comieron nuestros antepasados. Pues lo mismo que con el agua. Somos pan pero renunciamos al pan porque, dicen los que no saben más, sé nos pega a la cintura. ¡Lo que hay es mucho indocumentado suelto!.

Lo que decía, que los seres humanos somos unos desagradecidos. Y las humanas más (¡joder, que no se poner en femenino políticamente correcto lo de “seres humanos”!), que como pretenden cuidar más la cintura no solo renuncian al pan, sino que también lo hacen a la matequilla, que no es más que grasa, precisamente otra de las cosas que somos, y mucho, algunos.

Para acabar de rematar la cuestión también somos incongruentes. Como escribe mi amigo Cristino (Álvarez, of course) en Origen, el Padrenuestro que rezaba su abuela (la mía también, quiero decir que también lo rezaba, aunque fuese una abuela diferente a la de Cristino), decía “el pan nuestro de cada día dánosle (sic) hoy” mientras en el Génesis se puede leer “ganarás el pan con el sudor de tu frente“.

Yo, la verdad, prefiero el pan dado… y la miel regalada

La castaña se sumó hoy a la lista de productos gallegos que entran en la recta final para conseguir una indicación geográfica protegida (IGP) amparada por la Unión Europea (UE), según me comunica un lector y buen amigo de Colineta. El Diario Oficial de la Unión Europea del 28 de septiembre publica la solicitud de su registro, con la que se abre un período de seis meses durante el que los interesados podrán presentar su oposición al registro. Terminado ese plazo, previsiblemente sin oposición ninguna, la UE podrá proceder a la inscripción en el registro europeo de indicaciones geográficas protegidas y denominaciones de origen.

Septiembre está siendo propicio para los productos gallegos de calidad, ya que el mismo diario oficial publicaba los reglamentos de las IGP de los pimientos de Arnoia y Oimbra los días 15 y 16. También se encuentran en tramitación la IGP del pimiento de O Couto y la denominación de origen del de Herbón. Está claro que Galicia es tierra de pimientos.

Veo en la televisión que la asociación de empresarios de Mazaricos prepara un viaje de ganaderos a Asturias para comprobar el funcionamiento de las llamadas fuentes de leche y me echo a temblar. No me gusta nada, nadita, este asunto, al que le veo muchos puntos débiles.

Pues miren, yo no me fío para nada de la leche que puedo sacar de una máquina en la que cualquiera pode revolver, incluidos los gamberros. Ayer fui a usar un cajero automático de esos de pantalla táctil y no pude: algún gracioso lo dejó lleno de escupitajos. Así que la leche de la dichosa fuente no me convence nadita.

Cierto que para los ganaderos, en el momento en que se encuentra el sector, puede resultar interesante, pero creo que los más interesados en el asunto son los fabricantes de las máquinas, que al final sacan la tajada segura. Leo que cada máquina cuesta 25.000 euros, así que hay que vender muchos miles de litros de leche para amortizarla. Y además hay que disponer de la maquinaria precisa para pasteurizar la leche que se va a vender en la maquinita, pienso que invento italiano. Otros muchos miles de litros de leche para amortizar el sistema de pasteurización.

Como toda novedad, al principio puede que las máquinas vendan mucha leche, pero las modas pasan rápido. Y más si la leche de la fuente cuesta 1 euro el litro, como parece que se está vendiendo por España adelante.

Yo, que les voy a decir, compro leche gallega pasteurizada, igualita que la de la máquina pero envasada desde el momento mismo de la pasteurización, lo que evita posibles contaminaciones en su largo camino, a poco más de 80 céntimos el litro.

Lo dicho, que no me verán en la cola de una máquina que me vende el mismo producto pero más caro, para que gane su fabricante, que de los beneficios del ganadero no estoy seguro.

Augadomiño es el último aroma gallego salido al mercado, con una discreta presentación en vaporizador de pequeño tamaño que cualquiera puede llevar en el bolso o en el bolsillo de la chaqueta.

No huele a río, ni a truchas, que por el nombre bien podría ser. Huele a aguardiente.

Pasa la página para descubrir el secreto.

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José Martínez nació en las últimas décadas del siglo XIX, es de suponer que en Gondomar (Pontevedra), ya que acabó siendo conocido como O Gaiteiro de Gondomar. A comienzos del siglo XX era considerado el mejor gaiteiro de Cuba.

¡Que sí, hombre que, sí, en Cuba hubo y hay gaiteiros! Gallegos y asturianos, primero, y cubanos ahora. Primero tocaban muiñeiras y alboradas, después también tocaban danzones y ahora tocan guaracha a ritmo de gaita gallega.

O Gaiteiro de Gondomar fue conocido en Cuba por su música, pero también por su cocina, así que con frecuencia era contratado para las fiestas, jiras, organizadas por las sociedades gallegas en la isla, fiestas que no faltaban en el 25 de julio.

Justo ese día del año 1912 José Martínez cocinó el banquete de una de estas sociedades: Os larpeiros de Matanzas.

En el libro “A la Habana quiero ir. Los gallegos en la música de Cuba” de Ramóm Pinheiro, podemos leer el menú:

“Relación de lo que preparó el gaiteiro de Gondomar, hijo del viejo Martínez, para la primera paparota de los enxebres que componen la sociedád Os larpeiros: Vino con quinina, tortillas, salchichón de Landrove, mortadela de la Guardia, olivas de los olivares de Bouzas, caldo gallego alo pontevedrés, corderos de las tierras de las burgas, chivos asados, arrós con pollo al modo de la Coruña, vino blanco y tinto, sidra, cerveza, café y tabacos (…) después de la comida y los discursos toca la gaita al lado del atrio de la iglesia de monserrat. Todos bailan“.

Asisto atónito estos días a la campaña de marketing que algunas marcas comerciales montan para este comienzo de septiembre alrededor de la reducción del empleo de bolsas de plástico, algo ya previsto por el Plan Nacional Integrado de Residuos. Me sorprende que la misma empresa donde hace solo unos pocos días querían meterme en una bolsa de plástico algo que ya venía envasado en plástico y con una cómoda asa para transportarlo, ahora anuncie que en breve va a dejar de dar bolsas.

Conste que me parece muy bien que se racionalice el uso de estas bolsas. Yo tengo una larga experiencia en meter dos o tres productos más en aquellas que la cajera de turno había dado por completas, las he escuchado mil veces decir que no las cargue más, que van a romper, o sugerir meter una bolsa dentro de otra para mejorar la resistencia. Como vivo en el rural y tengo que ir a hacer la compra con el coche, en mi maletero hay toda una colección de bolsa de tela, la última una que llegó en julio procedente de Estados Unidos y que resulta un portento por su capacidad y resistencia.

Ahora bien ¿dejar de dar bolsas en los supermercados va a repercutir positivamente sobre el medio ambiente?. Tengo mis dudas. Las bolsas de supermercado que llegan a mi casa siempre se reemplean para mandar al contenedor la basura inorgánica, asegurando al mismo tiempo el reciclado de tal bolsa. Si no tengo las del supermercado tendré que comprarlas, así que a la basura va a seguir yendo el mismo número de bolsas, y la facturación del supermercado se va a incrementar con todas las que me vendan a mí y a vosotros, que estaréis en las mismas. Además, parece que van a ahorrar cinco millones con la medida, así que todo va a ser mejorar la cuenta de resultados.

La cosa no es nueva. Hace ya años que algunos supermercados de bajo coste no dan bolsas gratis. Si las quieres las pagas. Hace menos tiempo, algunas cadenas lo hacen al revés: si no te llevas la bolsa abono en tu cuenta su coste. Los dos sistemas están bien, pero no son la solución, especialmente cuando se fabrican bolsas para supermercado biodegradables, empleando fécula de patata y otros tubérculos cómo materia prima. Estas sí que son reciclables, ya que al final de su vida útil pueden convertirse en fertilizante para abonar los tubérculos con los que fabricar otras nuevas. Y suponen puestos de trabajo.

El problema real no está en la bolsa (especialmente empleando estas biodegradables), sino en lo que va dentro de ella. Miren bien a su alrededor en el supermercado y comprobarán como las magdalenas, por poner un ejemplo, vienen envueltas una a una en un plástico, después muy colocaditas en una caja de cartón que, a su vez, se envuelve en otro plástico para que en caja nos la metan en una joven bolsa. Y así todo.

Hoy fui a mirar a Alcampo, que ya lleva tiempo con una campaña que propone al cliente meter más productos en cada bolsa para reducir el número de estas. Mal intencionado, me acerqué a la zona de las carnes, que cada vez más se venden precortadas y embaladas. Aquello era el reino de las “barquetas” de poliestireno, que también es un residuo que debemos reducir y que inevitablemente va a la bolsa de la basura. Lo que vi daba miedo: una barqueta contenía exactamente 112 gramos de carne de ternera para carpaccio. La barqueta y el plástico que la envolvían pesaba 14 gramos. Total 126 gramos. El envoltorio era más del 10 por ciento. Algún día harán una nueva campaña de marketing con ellos.

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